24/02/2019

Buenos Aires Trap: la unión hace la escena

Perreo, flow y baladas de la mano de Bad Bunny, Duki y Cazzu.

Mono Gómez / Lauría Dale Play / Gentileza
Buenos Aires Trap

“Todos somos uno”, grita Duki, emocionado, en el enésimo agradecimiento que los artistas le manifestaron a las cerca de 15 mil personas que se acercaron a la primera edición del Buenos Aires Trap. Casi como aquella verdad mosquetera, el máximo referente del trap argentino definía la dualidad camaradería-narcisismo sobre la cual la escena local construyó exponentes que le hablan al corazón de adolescentes y preadolescentes que hacen estallar los algoritmos de Spotify y YouTube. Neo Pistea, Cazzu, Dak1llah, Khea, Ecko, Lit KillahMalajunta… (todos presentes ayer sábado en el Hipódromo de Palermo) potenciaron sus individualidades tanto solos como bien acompañados.

Pero el Buenos Aires Trap, impulsado por Brahma (signo de los tiempos: las cervezas ya no sponsorean festivales de rock), tuvo como plato fuerte a Bad Bunny, el gran responsable de que la lectura latina del género se haya convertido en un fenómeno global. A menos de un año de su última presentación en Buenos Aires, el nacido en Puerto Rico inició su set centrado en el melodismo de su disco debut, X100PRE, y terminó con raptos de flow en “Kripy Kush”, “Chambea” y hasta sus versos en “I Like It”, el tema que lo tuvo colaborando con Cardi B.

Con la voz a un volumen un tanto bajo, el Conejo Malo fue de menos a más. De movimientos lentos, estuvo bien lejos de la explosividad y el desmadre escénico que había propuesto Duki minutos antes. De hecho, el comienzo del show con su voz en off tirando el verso inicial de “RLNDT” para dar paso a “Ni bien ni mal” sentaron el clima cancionero de gran parte de su repertorio. “Amorfoda”, la balada trap perfecta, puso a todos los celulares en el aire para registrar ese verso que tiene al latin lover a punto de abandonar cualquier intento de romance para hundirse en un lamento de lágrimas y autotune: “No quiero que más nadie me hable de amor, ya me cansé“. Para encarar el final upbeat, “De mi” funcionó como transición perfecta. La primera parte hizo de cierre a tanto penar y la coda con base de reggaetón puso el ánimo festivo que se extendió en “Más perreo”, pirotecnia sin explosión mediante.

El año pasado fue para Bad Bunny uno de desarrollo meteórico. Y eso se nota en su forma de caminar el escenario. Ahora tiene más oficio y mejores canciones, aunque ni el cinturón de campeón de boxeo en el aire, ni la vincha con orejas de conejo para despedirse hayan disimulado cierta pérdida de frescura y urgencia. Tal vez un indicio más de que se encuentra atravesando una transición artística en busca convertirse en una figura hasta ahora inexistente: el trap crooner.

En el extremo opuesto, el show de Duki fue pura pulsión. Visuales de colores plateado y dorado, bases trap bien ásperas, sintetizadores y voces procesadas hasta la saturación: todo fue parte de un combo explosivo en el que la intensidad se volvió factor estético determinante. Ya fuera en solitario para comenzar con “Rockstar” y “Lebron” (una con carácter de clásico, la otra aún como novedad) o en el cierre con Ysy A, Neo Pistea y C.R.O, el trapero de La Paternal apostó a dejar todo en cada verso, como si se hubiese propuesto desgarrar el autotune. “She Don’t Give a FO” y “Si te sentís sola” funcionaron como ejemplo claro: si su temática y hasta su consistencia es de balada, en vivo ganaron nervio emo-rap. Casi no hubo contraste con “Hijo de la noche”, el tema que tuvo a los #ModoDiablo haciendo del escenario un derroche de energía primal.

Lejos de cortarse solo amparado en los clicks y la popularidad, Duki eligió pararse como portavoz de una escena que, al mismo tiempo, lo excede y lo contiene. Estar en el momento justo en el lugar indicado, pero saberse parte de un contexto y entonces disparar una frase básica, pero que que mira hacia atrás y adelante: “Aguante el trap argentino”.

Y el trap argentino no sólo aguanta, también se proyecta. Sobre el escenario del Buenos Aires Trap, cada cual atendió su juego. Cazzu se vistió de lolita emo para armar su propia fiesta bajo la lluvia, con el pedido constante de que los hombres no tuvieran vergüenza de bailar sus temas. “N.A.V.E.” funcionó como prueba irrefutable de la versatilidad de su voz, que va del falsete al flow y de ahí al susurro sensual. “Si alguien se siente identificado con este tema, lo siento”, dijo antes de “C14orce II”, un tema para los san valentines solitarios cuya interpretación fue una de las más logradas de la noche. Para el final, sin embargo, la nacida en Jujuy dejó todo indicio de vulnerabilidad y arremetió con “Chapiadora”. “Forreando con un flow tremendo hasta cuando tengo el corazón roto“, escupió como descripción perfecta del fenotipo del trap latino.

El ala femenina del festival también estuvo representada por Dak1llah, que no había sido anunciada en la grilla. Cargada de glitter, dejó notar cómo el r&b se cuela como elemento distintivo de su sonido. “Act1tud” y “Oro negro” fueron los puntos más altos de su propuesta trap & soul. Sin brillantina pero con mucho colgante dorado y trenzas multicolor, Khea fue la mezcla perfecta entre bling y cumbia villera. Casi de la misma escuela gansta trap, y presentado por C.R.O. como “el primero de los nuestros en hacer esta mierda”, Neo Pistea peló flow callejero en “Messi” y arengó a “tumbar Buenos Aires” antes de cerrar con “Tumbando el club”.

“Ahora me tiro, ya saben”, bromeó el español Kidd Keo en medio de su presentación. Para ese momento ya se había sacado el pasamontañas y tenía el torso desnudo. Con un eructo como introducción, cerró con “Dracuckeo” una performance de alto impacto, lo más cercano a la propuesta del soundcloud rap que tuvo el festival. El chileno Drefquila y el venezolano Big Soto (que dedicó buena parte de su show a insultar a Maduro), completaron el cupo extranjero.

Pero el lema del festival fue “El junte de trap más grande de la Argentina”. Y la premisa quedó expuesta a las claras. Parte de un proceso que viene de años y que tuvo en las batallas de gallos de El Quinto Escalón su semillero definitivo, el hip hop en general y el trap en particular parece tener un futuro radiante en el país. Algo que queda demostrado no sólo en la cantidad y calidad de artistas sino en los miles de niños y niñas que cantan de principio a fin las rimas más veloces de sus ídolos, tal vez soñando con subirse al escenario a cantar las suyas algún día. De una u otra manera, todos ya son parte de un fenómeno generacional innegable. Otra vez, Duki lo dijo mejor: “Ustedes también son el trap argentino”.