26/11/2017

Bruno Mars en el Estadio Único: tirate un paso

Si no le creés, miralo.

Florent Dechard / Archivo
Bruno Mars

Bruno Mars se aleja del micrófono. Mirá a sus costados y con una sonrisa y un ceño a medio fruncir tira: "What the fuck?". No se lo escucha, pero las pantallas en mega HD lo enfocan en primer plano. El gesto híper calculado tiene como objetivo arengar al público a que grite y baile aún más, si es que eso fuera posible. Entonces, los músicos se van silenciando uno a uno y "Runaway Baby" suena bien chiquita, con un bajo apenas manteniendo el groove, las luces apagadas y con el cantante bailando y chasqueando los dedos. "Si ustedes se quedan quietos, nosotros también", dice antes de que el tema recupere su plenitud sonora, el escenario su plenitud lumínica y el público su plenitud de goce.

La única mala palabra que dijo en sus 80 minutos de show, la dijo fuera de micrófono. Hasta ese punto es un frontman capaz de entretener con música y visuales ATP. Si Shakira es la estrella multicultural perfecta (una cantante latina de genes y movimientos egipcios capaz de hacer hits en inglés), Mars es el artista multipop por excelencia. Como una suerte de Michael Jackson ni malo ni peligroso (ni Bad ni Dangerous), puede sonar naturalmente blanco en "Locked Out Of Heaven" (The Police meets EDM) y también recordar a la parada de Prince cuando se cuelga la guitarra en "Calling All My Lovelies", que terminó cantando en español: "Te quiero, mi chica, mi chica".

"Hemos recorrido un largo camino hasta acá y sólo queremos que se diviertan", comentó Mars en una suerte de blanqueo de intenciones después de mostrar todos sus talentos en "Treasure", entre el disco y el estribillo radial. A los costados del escenario, los fuegos artificiales, que se repitieron en varios pasajes del show, no hacían más que potenciar el disfrute para todos los sentidos. Antes, "Finesse" y "24K Magic" habían dado comienzo al show. "Esta noche quiero elevarte / levantá las manos al cielo / Empecemos ya con esta fiesta", canta con la voz procesada en el inicio del tema que da nombre al disco que se encuentra presentando. De ahí en adelante, todos los trucos fueron pensados en pos de esa fiesta.

De pantalones cortos, camisa de beisbol con la inscripción "Hooligans" y el número 24, gorra negra y colgantes dorados, Bruno Mars se movió sobre el escenario como el líder de una pandilla de bonachones. Detrás y a sus costados, cada uno de los músicos se movió en perfecta coreografía sin perder el beat en ningún momento. Sea en grupo, con todos sentados en las tarimas durante "Chunky", o haciéndose cargo del protagonismo en "That's What I Like", el músico nacido en Hawaii sacó a relucir todas sus destrezas vocales y hasta probó cómo el público respondió pavlovianamente a su movimiento de pelvis: cuando más vertiginoso el golpe de caderas, más fuerte el alarido debajo del escenario.

Como toda fiesta tiene sus lentos, la balada de piano "When I Was Your Man" lo tuvo casi en soledad mientras los paneles, ahora con luces azules, formaban un techo abovedado sobre su figura. "Just The Way You Are" continuó la tónica, aunque levantando de a poco la velocidad para el gran final. Mars se acomodó la gorra como quien se prepara para dar el gran golpe, miró a sus compañeros y juntos encararon el frente del escenario para una versión explosiva de "Uptown Funk", su colaboración con Mark Ronson que suena a tema del año aún cuando fue editado en 2014.

A Charly García, el mismo que acusó a Mars de plagiar "Fanky", se le suele atribuir la frase "El que roba a uno es un pelotudo, el que le roba a todo el mundo es un genio". Y Bruno Mars parece estar forjando una carrera sin techo a partir de ese lema.