21/10/2015

Belle and Sebastian en el Gran Rex: reunión de amigos

Algarabía indie en la calle Corrientes.

“¿Qué hicieron en estos cinco años?”, le pregunta Stuart Murdoch a un Gran Rex colmado. “¿Alguno de ustedes se casó? ¿Alguien tuvo hijos?”. Diseminadas por la platea, las manos empiezan a levantarse. “¿Alguien consiguió el trabajo de sus sueños? ¿En dónde? Sí, vos, el de allá arriba. ¿En una radio? ¡Qué bueno!”, le responde a un treintañero barbudo que sonríe desde el pullman. El gesto parece llamativo por surgir del cantante de Belle and Sebastian, pero no fue muy diferente a la postal que se veía una hora antes sobre la calle Corrientes: unos y otros saludándose, después de vaya a saber cuánto tiempo, poniéndose al día y compartiendo la expectativa sobre lo que estaba por venir.

Las condiciones para el reencuentro eran inmejorables. La elección de un teatro como el Rex anticipaba una intimidad y una calidad acústica que el Luna Park, la locación elegida en 2010, no hubiera podido ofrecer. Claro que, ya fuera por la ansiedad de revivir aquella noche o por la evolución sonora del último disco de la banda, Girls in Peacetime Want to Dance, nadie parecía interesado en quedarse quieto para apreciar la sensibilidad que atraviesa las letras de Murdoch. La idea, aquí, era bailar. Y así fue: las butacas, enemigas naturales del movimiento, fueron ignoradas desde el inicio -“I’m A Cuckoo”, “The Party Line”, entre tantas- y reconvertidas en aliadas solo cuando era estrictamente necesario. “Este es un show de Belle and Sebastian, pueden hacer lo que quieran”, se rió Stuart al ver que el público se mantenía de pie para “We Rule The School”, uno de los lentos de la noche.

El contexto de algarabía general permitió amalgamar lo nuevo con lo viejo, los vientos con el sintetizador y el violonchelo, en una banda de sonido redonda, compacta, efectiva. Así, “Seeing Other People” (de If You’re Feeling Sinister, de 1996) podía unirse con “Allie”, primer corte del último álbum, sin ningún sobresalto. Con esa victoria a cuestas, los B&S fueron fluctuando el repertorio, haciendo lugar para que la impronta dulce de canciones como “The Stars of Track and Field” o “Nobody’s Empire” tuvieran un espacio digno ante tanto impulso por bailar. Tras el momento cúlmine de la sensación de fiesta continua (“The Boy with the Arab Strap” y “Legal Man”, con el ya tradicional rito de invitación al público al escenario, pedido de Murdoch para que algún hombre se anime a mezclarse entre el coro de chicas incluido), un sorpresivo último golpe antes de los bises, “The State I Am In” -primer track de Tigermilk, el disco debut- daba el broche de oro para ese mensaje oculto: agitemos, sí, pero no abandonemos el mandato de la emoción.

“Esto no es una declaración, tan solo creía que tenía que hacerte saber que esto es un adiós”, canta Murdoch en “Get Me Away From Here, I’m Dying”, la pieza final de la noche. Más de una hora y media después del inicio, las caras de ambos lados del escenario se muestran felices. “Hay miles de personas acá, pero siento que hoy tuvimos una conexión”, comenta el escocés. La percepción general que invade la noche parece darle la razón.

Playlist con las canciones de la noche: