13/05/2017

Beach Fossils en Niceto: acortando distancias

Palermo fue el punto de encuentro entre Brooklyn y La Plata.

Patricio Colombo / Gentileza

Si Beach Fossils fueran argentinos, seguramente serían parte del sello Laptra. Tranquilamente se los podría ver en un Festipulenta, tocando muy cerca del público. Es que, a pesar de la distancia que separa Brooklyn de La Plata, estos veinteañeros son parte de una nueva camada de grupos estadounidenses (DIIV, Wild Nothing, Real Estate, Sunflower Bean) que comparte los mismos genes con bandas como Bestia Bebé y Las Ligas Menores: melodías suaves, pocos sobresaltos y arpegios limpios, puestos en primer plano, y superpuestos para crear un éter de pura cepa indie.

Para que estos genes sean efectivos, es menester la prolijidad. Y en ese punto, el show de Beach Fossils en Niceto cumplió. Ya habían tocado antes en el país, en el festival Music Wins de 2014, al aire libre y por la tarde; eb ese entonces se habían despachado con un show sucio y acelerado, marcando una clara diferencia con el sonido de sus discos, pulcros y apacibles. En su nueva visita, continuaron el camino marcado por el estudio, poniendo énfasis en la propuesta atmosférica. Con un despliegue de luces oscuro, en el que el cuartero quedaba afuera de los reflectores, el protagonismo estuvo del lado de un sonido que simulaba ser lo-fi, pero que en realidad se sostenía a partir de un calibrado encastre entre las dos guitarras y el bajo que le permitía al grupo moverse con sutileza por los senderos del indie: algo de surf rock (“Vacation”, “Daydream”), noise (“Careless”), post-punk (“Generational Synthetic”, “Twelve Roses”, “Sometimes”) y dream pop (“Sleep Apnea”).

Pasados los primeros 45 minutos de un set esmerado que repasó sus primeros dos álbumes (Beach Fossils, de 2010, y Clash the Truth, de 2013), más algún estreno de su próximo trabajo Somersault, la banda se retiró del escenario. A los pocos minutos volvió, con Dustin Payseur, líder y vocalista, sin remera, mostrando su torso delgado y blandito. Como buen millennial, se sacó una selfie y se quedó haciendo chistes desde el micrófono. “Vamos a hacer un cover de los Nasty Beats”, dijo en referencia a la banda ficticia de la cancelada serie Vinyl, en la que ellos actuaron. Tocaron “Daydream”, una suerte de hit de su primer disco. El show todavía no había alcanzado la hora de duración y los cuatro se quedaron arriba del escenario haciendo payasadas, amagando con tocar una canción más que nunca llegó. Así estuvieron unos diez minutos, dando un final vergonzoso para lo que pudo haber sido un gran recital. Cosas que suceden cuando la distancia entre artista y público es demasiado corta.