13/05/2018

Bad Bunny en el Luna Park: sex and drugs and reggaetón

El conejo malo le canta a todas las generaciones.

Mono Gómez / Gentileza
Bad Bunny

Faltan cinco minutos para que Bad Bunny haga su presentación ante un Luna Park repleto, o al menos eso parece indicar la cuenta regresiva que aparece en la pantalla que cubre el escenario a lo largo y a lo ancho. Pero no, una vez llega a cero, arranca una nueva, de 10 segundos. Y a su término, cuando todos los celulares vuelven a transmitir en vivo por Instagram y los gritos llegan a su pico de ansiedad, un video en blanco y negro muestra imágenes de shows pasados en todas partes del mundo mientras una voz en off habla de él como “la nueva sensación del trap latino”. Recién ahí, con el relato consumado y la épica establecida, la nueva sensación del trap latino (sí, la voz en off no miente ni exagera) aparece en escena con bata violeta y cinturón de campeón de boxeo en el hombro.

“Tu no mete cabra”, el tema elegido como primer golpe, mostró lo mejor de su repertorio: beats fragmentados, algún viento ocasional (todo disparado por el DJ que lo acompaña) y su registro medioso, cargado de autotune pero no tanto como para que se pierdan sus inflexiones humanas ni su afectación de hombre malo con el corazón partío. Para “Me acostumbré” y “Diles”, la puesta ya se había completado con el MC que lo respalda, una corte de seis bailarinas, máquinas de humo y visuales que iban desde figuras de colores saturados hasta una volcada de Michael Jordan para acompañar los versos “Ya me acostumbré, ya me acostumbré / A siempre ganar como el 23“.

Entre la omnipotencia y el desamor, Bad Bunny encarna una nueva versión de divo pop, ya no se ven los pectorales perfectos de Ricky Martin ni la mirada libidinosa de Christian Castro, sino una idea DIY del macho latino, capaz de interpelar a hombres y mujeres de cualquier edad en tanto objeto devocional pero también a jóvenes que ven en él la concreción del sueño del pibe. Y por eso, cuando al escenario subió a un chico a cantar y éste no aguantó la presión, lo abrazó, pidió un aplauso y subió a otro que sí (Lucho SSJ), rapeó, cantó a la par y se despidió pidiendo “un ruido fuerte con el Conejo Malo”. Claro que no todo es tan ubicuo: para “Dura” invitó a una chica del público (difícilmente mayor de edad) a bailar con él en una secuencia incómoda que probó que ATR y ATP no son siempre combinables.

 Para que todos puedan adorarlo a distancia de selfie, Bad Bunny cantó un miniset en la tarima del súper pullman. En ese segmento, “Dime si te acuerdas”, “Solita” y “Escápate conmigo” mostraron repetición de recursos y falta de matices que fueron salvados por el carisma de Bad Bunny y el mega hit “Sensualidad”. Para el final, después de la combinación de erotismo de amplio espectro con “Mayores” (una mujer dice que le gustan los hombres más grandes) y “Madura” (un hombre dice que le gustan las mujeres más grandes), probó sus virtudes como cantante en “Amorfoda”, una balada a voz y piano (siempre disparado) que arranca con un verso desolador: “No quiero que más nadie me hable de amor“.

Antes del cierre, Duki y Cazzu, presentados como referentes del trap local y latino por el propio Bad Bunny, se sumaron a “Loka” primero y luego Duki se despachó con “Si te sentís sola”, de su propia cosecha. Más cerca del flow rapero, “Krippy Kush” fue la referencia cannábica más directa (aparecen mencionados Snoop Dogg y Wiz Khalifa) que retomó en “Chambea”, el único bis, aunque con el agregado de la imaginaria gangsta (“Jala, cabrón, ya no te quedan balas / Yo siempre picheo, enrolo otra vez”). Entre medio de ambos, hubo lugar para otra melodía descorazonada (“Si antes era un hijo de puta / ahora soy peor” le canta a una ex en “Soy peor”).

Apilando gestos de agradecimiento, la afirmación de que la nueva religión es la familia y pedidos de gritos para “Las solteras”, Bad Bunny dio el primero de tres shows a sala llena en el Luna Park. En su imaginario, las descripciones de sexo predatorio, el consumo de sustancias y la exaltación del macho parecen enmascarar penas por amores truncos y la melancolía de un pasado difícil. Nada que no haya cantado AC/DC. Si en los 70 la fórmula escapista era “Sex and drugs and rock and roll”, ahora parece ser “Sex and drugs and reggaetón”. Y los jóvenes (y no tanto) de hoy, claro, no pueden más que darle like a esa trilogía.

Bad Bunny