08/03/2020

Backstreet Boys en el Campo de Polo: pasado y porvenir

La boyband de los 90 se libera de las ataduras de la nostalgia.

Trigo Geradi / Gentileza
Backstreet Boys

El término es paradójico: retrofuturista. Para definir el regreso de los Backstreet Boys a la Argentina, después de 22 años de su primera visita, y a 27 de sus inicios como la boyband más exitosa de la historia, es inevitable hablar de pasado pero también del porvenir. Primero, porque éste, el momento en el que se están presentando en el Campo Argentino de Polo es clave y los libera -aunque sea parcialmente- de las ataduras de la nostalgia; difiere de la última vez en la que llegaron al país (al Luna Park, en junio de 2015) e implica un nuevo punto de inflexión: gracias al lanzamiento de su último disco de estudio, DNA, editado durante el año pasado, los BSB volvieron a ocupar el primer puesto de los rankings musicales después de 20 años. Y segundo, porque el concepto de este show plantea, desde su estética y su mensaje, una mirada hacia adelante, sin nunca dejar de lado la conciencia de que si no hubieran existido los 90, esto no podría estar sucediendo.

A las 22:40, ante la aparición de Nick Carter, Kevin Richardson, Howie Dorough, AJ McLean y Brian Litrell sobre el escenario, vestidos de negro con detalles en rojo, el público hizo en simultáneo lo que haría durante dos horas: enloquecer, gritar, cantar, bailar, darlo todo. Un paneo rápido hacia las plateas daba cuenta de que los fanáticos que crecieron escuchando los hits de los primeros discos de los Backstreet Boys estaban presentes, pero también -y aquí se vuelve a poner en evidencia aquella dualidad complementaria entre lo que fue y será- por pibes y pibas que entonces no habían nacido pero que lo viven de la misma manera, con entrega total hacia los irresistibles encantos del pop, el pop para divertirse. "I Wanna Be with You", del disco debut de 1996, marcó el inicio junto con “The Call”, de Black & Blue (2000), la historia de una llamada seguramente realizada desde un Startac.

Las imágenes que proyectaban las tres enormes pantallas del escenario -que fue parte de Flow Music Experience- contribuían a delinear los dos estados del show: por momentos mostraban paisajes computarizados, fractales hipnóticos y de colores vívidos; por otros, recurrían a las imágenes de archivo, de cuando los cinco eran apenas adolescentes pero ya firmaban autógrafos y recorrían el mundo entero, o más recientes, de sus vidas con las familias que construyeron en el camino.

Al igual que en todas sus visitas, los roles estuvieron bien delineados en un juego de personalidades que entretiene y también permite la ajustada combinación vocal que pareció no haber sufrido el paso del tiempo. Nick es el tierno baby face eterno (tiene 40, increíblemente), AJ es el recio “rapero” (con aportes necesarios en temas como “Get Down”, por ejemplo), Howie es el descendiente de latinos que intenta empatizar con el español (y no le sale, pero causa simpatía), Brian el predicador bonachón de sonrisa compradora y Kevin, el chongo musculoso.

A lo largo del show, todos tuvieron sus momentos en los que quedaron solos para hablarle al público y demostrar sus diversos talentos vocales; excepto por AJ y Kevin, que además llevaron adelante una suerte de sketch humorístico basado en el lanzamiento de calzones al público, en “retribución por todas las bombachas y corpiños” recibidos en dos décadas. Acaso el único segmento que de actualizado no tuvo nada.

Con coreografías perfectas, los grandes éxitos de los Backstreet Boys se sucedieron: baladas como “I´ll Never Break Your Heart” (con parte de su versión en español, “Nunca te haré llorar”) o "Quit Playing Games (With my Heart)". “As Long as You Love Me”y los esperados “Everybody” (versión uptempo, sobre una base EDM) o el primer single “We´ve Got It Goin´on”. Pero las piezas de ADN recibieron -casi- la misma aceptación: el fragmento del funky irresistible de “Passionate” o “Breathe”, tema a capella y demostración infalible de que la maquinaria vocal funciona y bien aceitada.

El final, como en 2015, fue con “Larger Than Life”, un manifiesto que honra la incondicionalidad de sus seguidores, pero que le da F5 a su significado: esta vez, el agradecimiento fue por haberles permitido demostrar que no es necesario seguir viviendo en y de un pasado dorado. Por más increíble que haya sido, mañana también puede ser mejor.