26/11/2018

Babasónicos en el Movistar Fri Music Mendoza: canción, llévame lejos

Dárgelos y compañía repasaron su historia en tierras cuyanas.

Alejandro Ibáñez / Movistar / Gentileza
Movistar Fri Music Mendoza

Frente a unas 45 mil personas, Babasónicos cerró el Movistar Fri Music Mendoza con un set que paseó por los distintos rincones de su discografía, con mayor énfasis en la cosecha de la última década y media.

Tras los shows de Massacre, El Kuelgue, Mi Amigo Invencible, Lucy Patané y Nathy Cabrera, que se sucedieron desde el atardecer del viernes en el Parque San Vicente de la capital mendocina, Adrián Dárgelos subió al escenario escondido detrás de una túnica con vivos que simulaban una telaraña, pelo largo y barba.

Así, convertido en una versión traída al presente de Obi Wan Kenobi, el cantante esbozó los primeros versos de “Risa”; casi en continuado, “Fan de Scorpions” confirmó que su rescate del olvido en Obras a principios de año no fue un hecho aislado, y ahora se convirtió en una pieza estable de sus shows.

“Cretino” fue el primer guiño hacia el presente, aunque enseguida “La lanza” y una versión electrificada de “El maestro” fueron un poco más atrás en el tiempo, justo antes de que “Exámenes” estrenase su nueva ornamentación a modo de balada de rock sureño gracias al piano de Diego Tuñón y las volutas en lap steel de Carca.

Ese costado humano fue borrado de plano con una versión de “Patinador sagrado” de tinte retrofurista, con batería electrónica y Diego Uma paseándose el escenario jugando a ser la sombra de Dárgelos. El coqueteo con la pista de baile siguió en “Tormento” y “Suturno”, hasta que “Los burócratas del amor” se encargó de volver a poner al pop en el centro de escena, para que luego “Soy Rock” y “Ciegos por el diezmo” inocularan una necesaria cuota de guitarras.

“La pregunta” fue el comienzo de un segmento dedicado a Discutible, que continuó con “Bestia pequeña” y “Trans-Algo”. Ese bloque dedicado al presente babasónico fue seguido por “Desfachatados”, “Cuello rojo” y “Pendejo”, tocadas con la misma urgencia, como si fueran tres movimientos dentro de un mismo todo. El mismo espíritu sí fue adrede en el tándem de “Carismático” y “Yegua”, en el que el que una canción construye a la otra, la antesala del cierre con “Putita”.

Sin mediar palabra, Dárgelos guió a la banda de regreso al escenario en una tanda de bises que comenzó con los aires tremolados de “Flora y Fauno”, y culminó con “El colmo” y su estribillo de anonimato aspiracional (“Canción, llévame lejos, donde nadie se acuerde de mí / Quiero ser el murmullo de una ciudad que no sepa quién soy”). “Chau, muchas gracias”, dijo sonriente para despedirse; el público mendocino -y el que siguió la transmisión por streaming- se mantuvo firme, dejando en claro que la popularidad de los de Lanús en tierras cuyanas está lejos de ser un tema Discutible.