05/12/2021

Babasónicos en el Movistar Arena: impostores conocidos

Otra noche con sabor artificial.

Babasónicos

Babasónicos en vivo es, como muchas, una banda imperfecta. Sus integrantes tienen pifies, tienen olvidos, tienen lapsus. Pero, como pocas bandas, ellos suben al escenario seguros de su victoria. Son generales que leyeron a Sun Tzu: su triunfo se define antes de la batalla. Y el sábado por la noche, ante un Movistar Arena agotado, se llevaron otra cucarda.

Dice Sun Tzu en El arte de la guerra que un buen general es aquel que crea las propias condiciones para la batalla. Y así, un poco guerreros, un poco seductores, un poco manipuladores, un poco cínicos, los Babasónicos planean de antemano, no desde el concepto sino más bien desde una narrativa sonora, un swing continuo que te lleva de la mano pero flexiona los brazos para acortar y alargar distancias. Todo parece reducirse a esa sugerencia de disfrutar "mientras dure" que tiró Dárgelos sobre el final, cuando ya habían pasado dos horas y 29 canciones de show. Mientras dure la post pandemia, mientras dure el show, mientras dure una canción, mientras dure la sonrisa perversa del propio Dárgelos cuando pifió versos en "El colmo" y levantó los hombros como diciendo: "¿Y qué?"

Al comienzo con "Bestia pequeña", le siguió esa primera manipulación, que no es nueva pero mantiene su efecto: a "Carismático" y "Yegua" no le pegan "Un flash" para completar la trifecta de Anoche sino que se eyectan hacia tierras lejanas y poco habitadas. Esta vez fue "Escamas", una de Mucho que no tocaban desde hacía cinco años.

Pero desorden no es confusión.

Los temas de Discutible estructuraron el show a la manera de pivots desde los cuales saltar a distintos puntos de su discografía. Y acá un listado que lo certifica: "Cretino", "Sin mi diablo", "Ingrediente", "La lanza", "La pregunta", "Los calientes", "Teóricos de rock". De esa seguidilla bien vale centrarse en el par "La pregunta" - "Los calientes". El primero, una rapsodia tecno con clímax fragmentado que Babasónicos convirtió, como pocos artistas podrían haber hecho, en una suerte de hit espurio, y que en vivo es un storytelling fatal, denso y sobrecogedor con las luces blancas recorriendo el escenario buscando... ¿a los músicos?, ¿una respuesta? Y entonces lo que le sigue es el hit impoluto. Ese innegable que sonó en todos lados y marcó el comienzo del crossover. A esa altura del show y con esa comprobación empírica de que un hit puede tener formas infinitas, Dárgelos, con look de gacucho-chamán, tomaba en el centro de la escena como un impostor conocido creando un cuadro de ilusiones.

El contoneo de Dárgelos en vivo merece este párrafo aparte. No hay coreografía, hay carga libidinal pasada por el filtro de la sensualidad y una torpeza tierna. Le da la espalda al público y mueve el culo, se arrastra en el escenario, sonríe y esquiva la mirada. Todo parece acompañar el fraseo elástico de sus melodías, ese bálsamo que sirve de máscara para pedir que la canción lo lleve a un lugar donde nadie sepa quién es pero que también le sirve para sincerarse en la imposibilidad de ser ajeno a al telaraña del enamoramiento: "¿De qué sirve ser inmortal si no se puede morir de amor?".

Después de "Los burócratas del amor" y "Putita", dos clásicos para el cierre, los bises coquetearon con lo impredecible. "Como eran las cosas" tuvo connotación de despedida metatextual ("Creo que es momento para otra bomba de humo / Y batirme en retirada"), "Oportunidad" (una de el EP Suficiente) sorprendió en ese lugar de la lista y "Once" subió el voltaje con la demanda de traer a casa el rock and roll. Agradecimientos y promesas de nuevos encuentros mediante, Dárgelos, como portavoz de Babasónicos, anunció el final y se abrieron las puertas para desembocar en el extremo sur de la avenida Corrientes, donde también la noche tiene un sabor artificial.