17/10/2017

BA Rock 2017, día 3: ¿Cuánto tiempo más llevará?

Un cierre en puntos suspensivos.

Cecilia Salas

Al igual que pasó con sus dos primeras jornadas, el cierre del BA Rock mostró su desorganización en la grilla. La ausencia de Horcas dejó a Carajo casi como único sostén del heavy nacional y la baja de Salta la Banca junto a la reformulación de Utopians con Lula Bertoldi en guitarra pusieron en evidencia el revuelo que vive el rock argentino puertas adentro. Más allá de esto, los problemas en la organización también se hicieron visibles en los horarios desfasados, reincorporaciones de último momento (Turf volvió a la grilla en los últimos días) y la falta de información.

Hermano de mis amigos y amigo de mis hermanos

Pasaban unos minutos de las 22 cuando llegó la prueba de fuego: el cierre de la fecha y del festival. La respuesta de por qué Las Pastillas del Abuelo concluían el ciclo -y no Fito Páez o David Lebón- se explica en el mar de remeras y banderas que su público se encargó de llevar para la ocasión. Paso de antorcha para una nueva generación y una banda que logró canalizar un sentimiento popular y de hermandad: el cantarle retruco a la vida en cada verso.

En su juego y ante su gente, la banda de Piti Fernández aprovechó la ocasión para repasar hitos a su tiempo y ritmo. “Tocar en el mismo escenario en que estuvo Fito es un gran placer”, comentó el vocalista. La reflexiva “Cerveza” y el cuelgue sentimental de “Rompecabezas de amor” se llevaron los primeros aplausos, y “Ojos de dragón” probó estar hecha a medida de estadio. Dispuestos a probar que viven de lo que dicen y dicen de lo que viven, invitaron al escenario primero a Edu Schmidt (ex Árbol) para que desde su violín ayudara a potenciar “¿Qué hago yo esperando un puto as?”; y luego a Miguel, de El Bordo (presentado como “un gran amigo, ya de años”) que se sentó en la batería para “Inercia”. Las Pastillas llevaban la batuta de su propia fiesta, y estaban todos invitados.

La última sorpresa de la noche fue al momento de los bises. “Desde la postura” y “El ratón” funcionaron como epílogos de un show que se extendió a pedido del público. No hubo discurso grandilocuente, ni reflexión sobre la vuelta del festival, tan sólo una invitación “a festejar” por parte de la banda. Y cientos de voces cantando a la par como respuesta.

Sacate el diablo de tu corazón

"No te asustes Argentina, no te asustes América de mi corazón", suplicó Fito Páez en el cambio de letra que le proporcionó a "El diablo de tu corazón", canción que en su momento encontraba a un país al borde del colapso que llegó en 2001, y que ahora funcionó como bandera ante los cambios políticos que se viven en el continente. Con pocos (pero certeros) comentarios sobre la actualidad, el rosarino pidió por Santiago Maldonado ("Vamos a cantar por la gente que está desaparecida", exclamó antes de "Brillante sobre el mic"), le cantó al "Ni una menos" en "Aleluya al sol", y al presentar a uno de sus músicos, oriundo de Avellaneda dijo: "Parece que hoy se armó un quilombo bárbaro allá". La referencia era al cierre de campaña de Cristina Kirchner en el estadio de Racing.

Por otro lado, su show, lejos de hacer alguna referencia musical al primer BA Rock -algo esperable de un artista que suele hacer foco en sus ídolos del pasado-, se centró en un recorrido por algunos de los tantos hits de toda su carrera. Con el piano en segundo plano, la potencia guitarrera fue la clave de un set tan ajustado como eficaz, con Páez haciendo las veces de frontman sin instrumento. Ejemplos: la versión "Circo Beat", que incluyó hasta la introducción circense, la participación de Fabiana Cantilo en "Brillante sobre el mic", y "Ciudad de pobres corazones" con cita distorsionada al intermezzo de "A Day in the Life", de los Beatles, guiaron a los presentes por su cancionero, con más rock que acting. "11 y 6", "Tumbas de la gloria", "La rueda mágica" y "Dar es dar", se sumaron como infaltables en el repertorio. "Es una inversión muy grande el rock argentino. La música americana y mundial no volvió a ser lo mismo después de la aparición de ese fenómeno. Y hoy estamos celebrando eso”, sentenció el músico, previo al cierre con "Mariposa tecknicolor", otro de sus clásicos.

A los jóvenes de hoy

"Tengo muchas ganas de que me digan feliz cumpleaños... ¡65!", reclamó en tono inocente David Lebón previo al comienzo de su show, en donde aprovechó cada silencio entre canciones para recordar su edad, su cansancio corporal, decir "Feisbiuk", e incluso hablar de sus nietos (aclaró que, luego de pasar por el escenario La Balsa, su próxima parada del día sería ver una película de terror "muy sangrienta" con ellos). Pero, ante lo que podría haber sido una alarma del paso del tiempo, con tantos héroes del pasado ya caídos, el ex Serú Girán logró balancear sus dichos con una actuación impoluta, demostrando que no hay edad para tocar la guitarra.

El recorrido por su amplia trayectoria, anclado principalmente en su etapa junto a la banda que formó a finales de los setenta con Charly García, Pedro Aznar y Oscar Moro, también puso en evidencia al público presente: con un porcentaje pequeño de +40, la totalidad coreó con emoción canciones como "Seminare", aunque otra fue la suerte para temas de su carrera solista, como "En una hora" o "Ultimo viaje". De todas formas, su virtuosismo guitarrero pasó de recordar a Eric Clapton en "Esperando nacer" a mimetizarse con David Gilmour sobre el final de "Noche de perros". Fueron momentos que marcaron el diálogo con los presentes y que demostraron también el buen estado de la voz del "Ruso".

Para las almas bailables

A las seis de la tarde, Turf se subió al escenario para darle su pila de vida al festival. De la mano de un Joaquín Levinton que arengó de entrada con un “¿Los de atrás se durmieron? ¡Son del BA Rock de la primera época!”, el repaso de la banda se daba en clave greatest hits: desde “Magia blanca” al twist ganchero de “No se llama amor”.

Entre las más coreadas, “Loco un poco” fue un golpe de optimismo de poco más de tres minutos con trompetas y guitarras estilo surf al final incluidos. Al rato, más de uno se llevó una sorpresa cuando Levington, desde el suelo, exclamó “¡creo que me rompí el hueso!”, antes de descubrir el brazo derecho, oculto hasta entonces, enyesado. El mismo aire juguetón y alegre le imprimió a la despedida del grupo: “¡Viva el rock nacional!”, repitió para mimetizarse con el festival.

Dancing Mood se encargó de poner el momento ska a la fecha, conjugando presente (“Ska Boss”, “Shot in the Knee”, de su placa de este año On the Good Road) y pasado ("Non Stop") en un show en el que bailar, o al menos mover la patita, fue requisito imprescindible. La hora verde del festival estuvo a cargo de Zona Ganjah, presentes en el escenario Signos mientras Eruca hacían lo propio en el estadio cubierto. La vibra reggae se hizo presente a través de “Fumando vamos a casa” y “Dicen y dicen”. ¿La consigna? “Ten paciencia”.

Amparado por un público que comenzó a encontrar sus espacios a la espera del show de Bersuit Vergarabat en ese mismo escenario, Militantes del Climax combinó distintas influencias con el rap como artillería principal, entendiendo también lo osado de su propuesta dentro de un festival de rock: "Tenemos media hora para demostrarnos a nosotros mismos que tenemos que estar en la cima de la pirámide alimenticia", explicaron.

"La canción que viene se la queremos dedicar a Santiago Maldonado, seguimos preguntándonos dónde está. Nadie se hace cargo, pero él no aparece", se escuchó desde el escenario, en la mitad del show de Bersuit Vergarabat, justo antes de "Vuelos". En un concierto en el que aunque la crítica política no fue necesariamente buscada, la lucha terminó marcándose a vivas voces sobre el final: "Si esto no es una dictadura, ¿qué es?", sentenciaron en carne viva las miles de personas que corearon, una y otra vez, la estrofa de "Se viene".

Vestigios pesados

Al igual que Dancing Mood con el ska y Zona Ganjah con el reggae, a Carajo les tocó el desafío de ponerse la camiseta de representantes de todo un género: el metal. Es que lo que en principio iba a ser un festival inclusivo con el más pesado de todos los estilos, se vio diluir entre polémicas: a la baja de Iorio le siguió la solidarización de Claudio Marciello y de Horcas.

“De eso se trata este festival: de que convivamos todos”, afirmó Marcelo “Corvata” Corvalán. Es que el precio de jugársela por el eclecticismo puede tener eso: la duda sobre el qué elegir. Más de uno decantó por el show de Lebón, coincidente en horario, pero quienes se quedaron a ver a Carajo se encontraron con la potencia de costumbre: “Chico granada”, “Ácido” y “Sacate la mierda” fueron algunas de las razones que dieron a aquellos que optaron por el metal.

Tras un pedido por todos los que son víctimas de “una justicia que es muy lenta” (la banda perdió un conocido en estas últimas semanas a raíz de un conductor en estado de ebriedad), el cierre trajo el infañtable medley de Pantera que el trío suele incluir en sus recitales.

"No hay nada más importante que decir las cosas que uno piensa, arriba de un escenario o abajo. Por eso repudiamos la censura a un artista, y agradecemos por la hermosa libertad de que nos estén escuchando", reclamó Lula Bertoldi, líder de Eruca Sativa, al hacer referencia a la polémica por la baja del show de Iorio en el festival. De inmediato, el trío se encargó de distorsionar el escenario Artaud repasando temas como "Para que sigamos siendo", "Magoo" o "Somos polvo", además de invitar a Adrián Bar, guitarrista de Orions -y para "Toda la noche hasta que salga el sol". "Son una banda impresionante. Tengo 40 años de rock y nunca vi nada igual", exclamó Bar. Y eso que había tocado en el BA Rock del 82...

Y todo lo demás también

“Hasta que la policía no deje de matar pibes y la política no sea corrupta, no va a haber una buena democracia”, reclamaron los Pampa Yakuza desde el escenario La Balsa, antes de pasar a un positivismo contrastante con “Brillante sol”, de su placa Pampa Cadabra (2013). La consigna por la aparición con vida de Santiago Maldonado se mantenía así como una de las (pocas) constantes de la última fecha del renovado BA Rock. Para finalizar, “Carnaval para tu desconsuelo” vino a demostrar que a todas las desavenencias se les podía hacer frente charango en mano.

La presentación de Carca en el escenario Signos duró apenas media hora, pero fue uno de los secretos mejor guardados de la tercera fecha del festival. El cantante y guitarrista subió al escenario con su habitual impronta rockera de vieja escuela, sombrero cowboy y anteojos negros incluidos para desparramar su stober-blues de La Paternal. A fuerza de riffs monumentales (“Qué locura esta preciosura”), baladas (“Nubes negras”) y rockabillys para malas compañías (“Algo raro en el trago”), el colaborador de Babasónicos dio una impecable muestra de destreza con las seis cuerdas.

Tal vez en el momento más difícil de su carrera, los Utopians arribaron al BA Rock envueltos en las incógnitas sobre su futuro a partir de los escraches por redes sociales por abuso contra su ahora exguitarrista Gustavo Fiocchi. Mientras que en el caso de Salta La Banca las denuncias contra Santiago Aysine se volvieron un punto de no retorno (la banda se bajó del festival a pocos días de que trascendiera la noticia), la banda de Barbi Recanati se reforzó nada menos que con Lula Bertoldi, guitarra y voz de Eruca Sativa. “Nos encanta que haya mujeres en el rock argentino”, dijo la líder de Utopians como bienvenida luego de hacer una versión de "Dancing Barefoot", de Patti Smith.

Pero los rumores sobre la posible separación del grupo (“la melancolía por esta gran banda que dice 'hasta luego'", reza un posteo en la cuenta de Instagram de Barbi), no mermaron en la energía habitual del grupo, y “Allá voy” y “Trastornados” sonaron con la potencia de siempre. Sobre el cierre, la referencia de Barbi a las nominaciones obtenidas en los Grammy latinos sólo pueden leerse como muestra de que el grupo sólo tiene como destino ir para adelante.