16/10/2017

BA Rock 2017, día 2: mucho por hacer

Una jornada entre la corrección y la incertidumbre.

Cecilia Salas

El panorama de la música y el negocio que la rodea no podría ser más diferente del de 1982, cuando se hizo la tercera edición de BA Rock, y el solo hecho de que pasaron 35 años de historia (de la música, del país, del mundo) exime de largas peroratas para marcar los cambios. En un contexto de visitas internacionales frecuentes, en el que los discos casi perdieron su soporte físico, y en el que las marcas (y el marketing) son cruciales a la hora de sostener un festival e incluso algunos shows individuales, la reaparición del festival dejaba a priori algunas dudas respecto al impacto que podía tener. Transcurridas dos de las tres jornadas, las primeras conclusiones confirman varios de esos temores previos y tiñen de claroscuros una propuesta que no logró definir su identidad.

La organización exhibió varias fallas y la más grave está en la incertidumbre permanente sobre la grilla: las bajas de artistas por diferentes situaciones signaron la previa del BA Rock 2017. Iorio fue sacado de la lista por su reunión con un dirigente neonazi y contó con la solidaridad del Tano Marciello y Horcas; Héctor Starc y Raúl Porchetto denunciaron incumplimiento de contrato; Salta la Banca decidió no participar después del escrache en redes sociales a su cantante por acosos y abusos; y encima León Gieco, que había apoyado al festival como ningún otro músico, se bajó de la grilla por razones no aclaradas un día antes de su show. Pero, en este sentido, ningún caso fue tan paradigmático como el de Los Twist, que dieron a conocer que no iban a tocar, después regresaron a la grilla y ayer, un par de horas antes de que tuvieran que pisar el escenario, no se sabía si se presentarían o no. Y al final no fueron.

En busca de la nueva forma del BA Rock, los artistas tampoco aportaron nada nuevo: cada cual hizo su show igual que si hubiera estado en cualquier otro lado, con los sets más breves como única diferencia. El único cruce (esperado, por otra parte) fue entre Vitico y Boff, dos ex Riff, para recordar cuánto se extraña a Pappo con "Ruedas de metal". Pero fue el estribillo de otra canción de aquella banda el que marcó la realidad del festival: "Mucho por hacer". Al menos, si la idea es repetir la experiencia sin necesidad de esperar otros 35 años.

Tan freak y tan natural

"Es casi la despedida de esto, ya estoy en lo nuevo". Con esas palabras, Adrián Dárgelos anunció que en un futuro próximo habrá novedades de Babasónicos. Para la presentación en el BA Rock, la banda mantuvo el formato semi-acústico con el que se viene presentando desde hace más de un año desde la salida de Impuesto de fe. De este modo, para aquellos que ya los vieron en sus presentaciones en los teatros Ópera, Colón o Gran Rex prácticamente no hubo novedades (más allá de que fue la primera vez que se lo vio al aire libre), pero los que se enfrentaron por primera vez tuvieron la oportunidad de sorprenderse con la atractiva reconfiguración de clásicos que llevaron adelante los de Lanús.

"No me preocupa el tiempo / porque soy natural", reza Dárgelos en "Natural", una gema de Pasto, el álbum debut de la banda, y tema que abrió su set. La estrofa es representativa de un grupo que tiene espalda suficiente como para construir su propio mundo en cada escenario que se presenta, sin importar las condiciones. Con una puesta minimalista (juego de luces intimo, una pantalla detrás de ellos apenas mostraba figuras geométricas), desplegaron con soberbia un espectáculo narcótico sostenido, por un lado, por el swing de su frontman (que a esta altura no esconde las canas pero su seducción escénica sigue intacta), y por el otro, por una banda de profesionales de la versatilidad, capaz de trabajar con una variedad de instrumentos que van desde el xilofón, hasta el saxo, pasando por el Theremin y la percusión.

El resultado fue un set de canciones en su mayoría reconocidas por la audiencia de FM típica del ambiente festivalero, pero que dejaron espacio a lo incierto. Los ejemplos más claros fueron los medleys "Zumba-Yoli-¡Viva Satana!-La Roncha",  "Coralcaraza-Muñeco-Deléctrico" y "Vampi-El Loco". Un clásico de la distorsión como "Soy rock" se convirtió en un twist revolucionado. Por su parte, "Los burócratas del amor" y "Los calientes" levantaron el rítmo con un groove mínimo. En otros casos, la instrumentación potenció los rasgos de las canciones: "Sin mi diablo" sonó más luciferina gracias a la percusión pagana, "Yegua" pareció salida de una película soft porno a fuerza del saxofón en boca de Diego Rodríguez, y "Rubí" se abrió de modo ensoñador, como si realmente se estuviera ebrio de tantas maravillas. Para los bises, con una gran parte del público fuera del predio, "Su ciervo" se convirtió en un bolero diabólico y "Gratis" en un folk bailable. "Nos vemos en marzo", lanzó Dárgelos al final. Habrá que esperar.

Sabemos quiénes somos

"Ya fue, yo me bajo de este tren", se escuchó desde el escenario Signos. ¿Otra baja en el festival? No, tranquilos, solo era Fabiana Cantilo que estaba ofreciendo su show. La excorista de Charly García y Fito Páez se tomó revancha de la deserción de Los Twist y entregó un set de hits de puro rock nacional. De buen humor, aunque algo mareada (se equivocó dos veces de canción y tenía un machete con letras), interpretó clásicos como "Payaso", "Cleopatra" (con baile twist incluído), "Mery Poppins y el desollinador" (coreografiada con paraguas), "Ya fue", "Fue amor" y el cierre con "Nada es para siempre". En el medio, una versión de "Eiti Leda" con "Meteoritos".

La bienvenida mezcla de estilos marcó que Guasones saliera a la cancha justo después de que Boom Boom Kid dejara pasmados a varios con la energía desbordante de su set hardcore. Facundo Soto y los suyos tenían hinchada propia (que se fue al final del show), con ritual de (cuatro) banderas incluido, y le dieron lo que habían ido a buscar: un set contundente, con hits radiales como "Reyes de la noche", "Como un lobo", "Gracias" y "Dame" para que todos corearan. "Sabemos quiénes somos, / qué queremos, dónde vamos, / nada nos puede parar", cantó Soto en "Espejo roto", la canción que abrió su set, y demostró que no era una frase más: sin demasiado vuelo pero con mucha entrega, los platenses aportaron un rock que divide su influencia entre la raigambre rolinga y, más acá, las melodías de Andrés Calamaro.

Cuando arrancó Boom Boom Kid en el escenario Signos, el público venía de escuchar un show hitero de Los Pericos (ver más abajo), por lo que su propuesta hardcore punk quedó algo desencajada, a lo que se sumaba que el público no tenía otra opción para ver. A Nekro no le quitó el sueño y dio un set adrenalínico, en buena medida sostenido por su actitud apabullante arriba del escenario. El agite de "El cateto sobre la hipotenusa" abrió el show, con el ex Fun People de sombrero y anteojos. Él es un animal endemoniado, una bestia inquieta que se mueve como si el piso le quemara. En la media hora, no pudo mantenerse parado ni un segundo: se sacó la camisa, se la volvió a poner, saltó, corrió, tiró el sombrero, volvió a buscarlo, centrifugó sus dreads al aire y revoleó el micrófono como si fuera Roger Daltrey. En la thrash "Bad Influence" sacó al salvaje que hay adentro de él y se rompió la remera como si fuera el Increíble Hulk; en "Dejame ser" agarró una tira de luces navideñas y se enredó en ellas, y en "I Do" se bajó del escenario para hacer pogo y mosh entre el público. Divertido para el que lo conoce, shockeante para el que no.

Mucha experiencia

"Entramos por la ventana del baño del quincho, pero entramos", dijo Juanchi Baleirón al comienzo del show de Los Pericos, dándole un toque de humor al hecho de que la banda se sumó a último momento, en reemplazo de León Gieco. Más allá de la cuestión organizativa, la banda fue, tocó y venció. Aprovechando que está en una etapa de revisión de su propia historia con la salida de su primer DVD 3.000 vivos, se despachó con un show sin fisuras, asentado en una catarata de hits ya ligados a la memoria popular. "30 años tiene este tema, qué chiquitos que éramos", dijo el cantante en medio de "Nada que perder". Pegado sonó "Waitin". Así de efectivo, durante durante una hora: por ahí pasaron "Runaway", "Home Sweet Home", "Pupilas lejanas", "Sin cadenas" y "Mucha experiencia". Juanchi estaba animado y manija (en sus propias palabras), y trabajó para contagiar al público con movimientos clásicos. En el final con "Casi nunca lo ves" hizo agachar a la gente para luego levantar el ritmo y que explotara. El resultado fue rendidor para todos, banda, organizadores y público.

"Gracias por venir a ver a los Massacre y no a Los Twist, que son putos", dijo Walas cuando terminaba el show de su banda. Y enseguida cerró la humorada: "Mentira, Los Twist y los Massacre son igual de putos". Además de la mención a los últimos ausentes (sin aviso) del BA Rock, otro gesto de buena memoria del grupo fue tocar "Ana no duerme", de Almendra, en pleno escenario Artaud. Y también la presentación del tema: "Presos políticos, desaparecidos en democracia, tsunamis, México derrumbándose... menos mal que entramos al Mundial, porque sino en la Argentina iba a haber suicidios masivos. El único que nos puede salvar es Luis Alberto Spinetta".

Que Massacre se plantara en el escenario con "Diferentes maneras" también tuvo que ver con la memoria, aunque más íntima, ese caso. "Queremos agradecer a las autoridades por irse bien a la puta que las parió", volvió a bromear Walas antes de mencionar que, sí, estaban contentos de que los hubieran invitado a un festival como el BA Rock. Entre los orígenes skate rock y la entrada al puro rock nacional "oficial" pasó mucha agua por el tubo del quinteto, que lo reflejó con "Querida Eugenia", "Te leo al revés", "Mi amiga Soledad" y "Plan B (anhelo de satisfacción)", pero también con "La niña Dios", "Tengo captura y "La octava maravilla".

Pasado y presente

A pesar de haber ingresado en la música nacional dentro de la camada del rock barrial, El Bordo siempre fue algo más que eso y una vez más se encargó de demostrarlo. Su show va en busca de la solidez arrolladora más que del aguante y su propuesta musical se asemeja más a Foo Fighters que a los Rolling Stones. Así, la tarde del escenario La Balsa se vio electrizada con clásicos de su cancionero como "Instinto", "La patada", "En la vereda" o "La banda" que mantuvieron el vúmetro en alto, con riffs directos y golpes fuertes. En "Humano", de su último disco El refugio, se animo al groove bailable, lo que reveló una mayor amplitud en su información musical. Pero a pesar de que no se maneja con estereotipos, el grupo mantiene algunos de los yeites clásicos: Ale Kurz es un frontman activo, que arenga, se arrodilla y a veces la juega de guitar hero, mientras que el público propio y fiel responde con cánticos, banderas y agite.

Mientras en el escenario cerrado se respiraba rock y el blues clásico con Viticus y Willy Quiroga, al aire libre todo se olía más dulce. Primero, en el escenario La Balsa, tocó El Kuelgue, cuya propuesta de mixtura reggae simpática y humorística encastró perfecto con el sol de mitad de la tarde. Todo indicaba que Sig Ragga iba a funcionar como continuidad a través de su lectura progresiva del género, pero algo salió mal: mientras tocaban "Severino di Giovanni", un problema de sonido obligó a los músicos a  interrumpir. Abandonaron el escenario y a los minutos volvieron. Tocaron dos canciones más, pero el problema persistió. "Pedimos disculpas pero las condiciones no están dadas, es muy desprolijo, no podemos tocar así", dijo el cantante Gustavo Cortés, y la banda terminó abruptamente el set. Parecía una embarrada más en la lista que acumuló este festival. Luego aclararon que el problema no fue de la producción sino de ellos.

Quizá para los asistentes más jóvenes al festival haya sido necesario que les recordaran que Willy Quiroga fue "uno de los primeros artistas en haber tocado en BA Rock", pero los pergaminos del ex Vox Dei hablan por sí solos. Su set buscó mostrar vigencia con novedades como "El misil", pero encontró identificación en el (escaso) público con "Jeremías pies de plomo", "Es una nube, no hay duda", "Génesis", "Libros sapienciales" y "Azúcar amargo", de su vieja banda. "Ahora viene una vivienda leyente", se había equivocado y luego corregido en el anticipo Vitico, a quien se le podría poner un rótulo similar. Y al que le sucedió algo parecido: lo más festejado del set de Viticus fueron los recuerdos de Riff, la banda con la que su líder había tocado en el BA Rock de 1982.

Pasado y presente del rock argentino se conjugan en el BA Rock, a veces con fórceps, aunque sin la intolerancia de antaño. A nadie se le ocurriría hoy tirarle frutas a un artista por "moderno" como le sucedió a Los Encargados en la edición anterior, pero el riesgo artístico no sobra por estos días y la imaginación para plantear el encuentro menos. La simple acumulación de nombres no garantiza el éxito, como se vio en la jornada de ayer: varias de las bandas llevan más público por sí solas que las que convocó el festival. Y, entre otras cuestiones, el culebrón de idas y vueltas con la grilla seguramente debe haber influido a la hora decidir pagar o no la entrada.