15/10/2017

BA Rock 2017, día 1: suerte o destino

El histórico festival volvió en busca de una nueva identidad.

Cecilia Salas

"¡Aguante el rock argentino!", gritó Germán Daffunchio cerca del final del show de Las Pelotas en el BA Rock. Con algunas variaciones, la frase se repitió como leit motiv en el estadio Malvinas Argentinas durante todo el sábado; su presencia funcionó como banca a un festival que sigue sufriendo bajas en su programación, pero también dejando ver un costado chauvinista por el que Bono, de U2, se convirtió en un enemigo público inesperado.

¿Cuál es el lugar del BA Rock hoy en el mapa actual de festivales que se suceden en todo el país? Difícil saberlo. A 35 años de su última edición, los cambios en la producción y la recepción de la música son tantos que pensarse a sí mismo en los mismos términos parece un error. Por más discurso de independencia y contracultura que se esgriman desde la organización, lo cierto es que la grilla poco difiere de los ya establecidos Cosquín Rock o Nuestro. Si el BA Rock de los 70 sobresalía por su unicidad, el BA Rock siglo XXI deberá reconstruir su identidad paso a paso. Porque ayer, en la primera de tres jornadas de la edición 2017, la mística sólo apareció en cuentagotas.

Provincias Unidas del Río de la Plata

Aquella defensa a ultranza de “lo argentino” por sobre la invasión extranjera guardaba un detalle imposible de soslayar: el cierre del primer día quedó a cargo de La Vela Puerca, la banda de mayor convocatoria de la grilla… pero nacida, criada y residente del otro lado del charco. La paradoja podrá haber afectado a los observadores externos, pero no al público, que encontró en el tándem Los Gardelitos - Las Pelotas - LVP una continuidad en la que sentirse cómodos.

A su manera, los uruguayos hicieron lo propio. Sin invitados, sin declaraciones grandilocuentes, la troupe liderada por el Enano Teysera buscó ofrecer un show aséptico y prolijo, capitalizando en escena la experiencia acumulada a lo largo de dos décadas. La lista (idéntica a la de su presentación en el Antelfest de Piriápolis, a principios del mes) se centró en lo reciente -los discos Piel y hueso (2011) y Érase (2014), último editado en estudio-, usando lo clásico -A contraluz (2004) y De bichos y flores (2001), epicentro de la “etapa Santaolalla”-, como válvulas de escape de adrenalina.

El efecto funciona: de “Zafar” hasta el cierre con “José sabía”, el rugido del campo se convirtió en voz cantante, dejando a la banda como mero acompañamiento. Cuando Teysera y Cebolla Cebreiro retomaron el control, la presencia constante de temas de medio tiempo (“¿Ves?”, “Canción para uno”) luchaba para generar una sensación intimista entre tanto rock de estadios. Las banderas con el logo del puerco fumón que flamearon durante toda la noche se encargaron de desmentir esa intención con hechos.

Nos protegimos mucho y seguro

"¡Santiago!". El grito de Germán Daffunchio no necesitó demasiadas explicaciones, ni siquiera de apellido. Las Pelotas estaba promediando "Desaparecido", el rock trepidante que nació como crítica post 2001 a Fernando de la Rúa ahora resignificado como homenaje a Santiago Maldonado. Al otro extremo del predio, sobre la pantalla del escenario Signos, una imagen congelada pedía por la aparición con vida del joven. Pasada la reflexión coyuntural, el grupo de las sierras completó su repertorio en versión festivalera, sin fisuras pero sin demasiadas novedades.

Después de que Daffunchio cargara contra el líder de U2 con un "Bono estás, bono estás, bono estás", Las Pelotas se dedicó a lo que mejor sabe hacer: canciones de melodías simples (no fáciles). Y así, la seguidilla que pasó por la confesional "Personalmente", el himno de estadios "Será", la balada reggae "Si supieras" y el post punk rural "Era" aportó el momento intimista más logrado de la jornada. Para el final, Fernando Ruiz Díaz se sumó en "Si quisiste ver" primero y "El ojo blindado" después. En el medio, "Capitán América", "Orugas" y "Bombachitas rosas" recordaron los años en los que la distorsión no era un problema a la hora de componer clásicos.

"Gracias a los que nos trajeron, a los que se les ocurrió esto", dijo Daffunchio como mensaje alentador para los organizadores del festival que unas horas antes anunciaba la baja de León Gieco, tal vez su cara más representativa. El título del tema que le siguió, sonó desolador: "Esperando el milagro".

Plegarias, grito a voces

A Fernando Ruiz Díaz nunca le molestó, más bien todo lo contrario, convertirse en el vocero de cuanta causa lo involucre de manera más o menos indirecta. Por eso no sorprendió que mientras caía la tarde sobre el escenario Artaud saliera en defensa del festival: "Pido perdón en nombre de los organizadores por el que pagó la entrada para ver a su banda que tal vez hoy no pudo estar". Y en su incontinencia verbal fue contra las bandas internacionales y los productores que las traen ("Organizar Depeche Mode es fácil, U2 con The Joshua Tree y Bono que viene a chorear"), y luego contra las bandas locales que no son parte de la grilla ("Hay bandas que se bajaron porque no tienen un sponsor del world tour de la concha de tu madre").

Entre todo ese discurso, Catupecu Machu aportó la cuota de modernidad fatto in casa de la fecha. Sólo con el bombo en negras de "La piel del camino" y "Confusión", ambos con Fernando en el bajo, el grupo mostró una sonoridad distinta a la de cualquier otro artista. De allí hasta el final, la lista se sucedió como un carrusel repleto de citas e invitados. El primer homenajeado fue Lisandro Aristimuño, con versos de "Es todo lo que tengo y es todo lo que hay" en "Perfectos cromosomas", y luego presente en carne y hueso en "Para vestirte hoy". Sick Porky se subió para "El mezcal y la cobra", y hasta los Ramones tuvieron su segmento con Macabre cantando Blitzkrieg Bop" en medio de "Dale". Sobre el final, el homenaje a Gabriel Ruiz Díaz tuvo su momento entre citas a "La Balsa" y "Bombachitas rosas".

"¿La podés bajar? Para eso hay otras bandas", pidió Fernando al público que había levantado una bandera. El volantazo llegó enseguida con la aclaración de la amistad que los une a bandas como Las Pelotas y La Vela Puerca. En el predio cerrado de Malvinas Argentinas, Los Gardelitos contemplaban el paisaje repleto de trapos con una sonrisa.

A rodar mi banda

Lejos de cualquier discurso desmedido, el set de Litto Nebbia + Pez pareció responder al lema “Dejá que la música hable”. Con un repertorio enfocado en el flamante Rodar, el combo repasó clásicos fundacionales del rock argentino con aquellos compuestos especialmente para la ocasión. En ese juego, quedaron expuestas las mayores virtudes de este encuentro.

Por un lado, Nebbia vio finalmente cómo esas canciones se adaptan al pulso de estos tiempos sin la necesidad de reformularse demasiado; se trató de una actualización sonora respetando su carácter de clásicos. De ese grupo se destacaron "Soy de cualquier lugar", con Litto en guitarra, "La balsa" por su status innegable, y "Pato trabaja en una carnicería", de Moris.

Por el lado de las novedades, "Palabras mágicas" y el final con la machacante "Hogar" dejaron en claro que, en un eterna mutabilidad, Pez puede adaptarse a hacer de backing band de uno de los héroes máximos del rock local. Mientras la presentación llegaba a su final, Ariel Sanzo, con su cabeceo constante y la inagotable cantidad de ideas que salen de su guitarra-biblioteca, parecía disfrutar como un niño de su autorrelegación a un segundo plano.

Desde el barrio

“¡Que esto sea un precalentamiento para Obras!”, pidieron los Nagual promediando su show en el escenario Artaud. A nivel convocatoria, su paso por el BA Rock puede ser un buen augurio: los retrasos en los horarios asignados originalmente los obligaron a comenzar a tocar casi sin público. Media hora después, el microestadio techado del Malvinas ya contaba con una masa compacta de gente, capaz de vocear canciones como “La estación”, “El primo” o “Apache”, o de sumarse al “yo, nagualero / es un sentimiento, no puedo parar”, impulsado por los fans acérrimos.

Para el arranque de Los Gardelitos en ese mismo escenario, un rato más tarde, propios y ajenos se plantaban en igualdad de condiciones. Los flyers con la letra de “Sortilegio de arrabal”, el tema estreno que abrió el show, habían logrado una cobertura casi absoluta. Gracias a esa acción de marketing, la canción (un racconto de historias de mujeres abusadas en el sur de Buenos Aires) tuvo un debut a la altura de otras con más trayectoria, como “Cobarde para amar” o “Lo que vendrá”.

El potente desarrollo de la puesta -con parejas de tango en escena, muñecos gigantes y un cuarteto de cuerdas- tuvo su correlato en la verborragia de Eli Suárez, que despotricó contra los críticos al Indio Solari, pidió por la eximición de prisión de Patricio Santos Fontanet y felicitó a los fans de La Renga por su comportamiento durante las fechas en Huracán, “a pesar de que los medios de comunicación hinchaban las pelotas”. "No pasemos a la historia por tibios", había pedido más temprano, al reclamar por la aparición de Santiago Maldonado.

(Re)sentir el presente

Si bien la estrategia de enfrentar dos escenarios tiene como propósito que el público no tenga que desplazarse demasiado para disfrutar de ambos, lo cierto es que el resultado sólo se logra si la distribución de artistas en uno y otro es pareja en cuanto al nivel de convocatoria. Y por eso quienes fueron programados en el escenario Signos quedaron relegados a una audiencia menor. "Le están haciendo pogo a los plomos", dijo Ricardo Soulé a propósito del público que prefirió buscar una mejor ubicación para La Vela Puerca que darse vuelta a ver su show. Y entonces "Génesis" pareció una declaración de principios: "Mirame si quieres verte, porque imagen mía sos".

Un rato antes, Alejandro Medina decidió hacer caso omiso a la competencia entre bandas y jugar su propio juego, apelando a la fidelidad de los mayores de 40 y a la curiosidad de los más jóvenes. Su set bluesero recorrió su obra solista ("Paraíso perdido", "La maldita máquina de matar"), dejando para el final la mención a Aeroblus, la banda que formó junto a Pappo y Rolando Castello Jr. que tendrá un show homenaje en noviembre. Emilio del Guercio, otro de los "viejos lobos de mar" que integró la grilla, basó su táctica de seducción en una lista llena de clásicos incombustibles de su carrera. De "Violencia en el parque" (Aquelarre) a "Fermín" (Almendra), el bajista tuvo como gran aliado a su voz, que se mantiene idéntica a la de las grabaciones de hace cuatro décadas.

Celeste Carballo tampoco la tuvo fácil con su lugar (en el predio y en la grilla) pero se las arregló para sacar a relucir su rock and roll a la vieja escuela. Alistados en el escenario a la espera de que Catupecu Machu terminé su show, el sexteto que lidera se bancó el desajuste de horarios y arremetió con "Me vuelvo cada día más loca" y "Blues del veraneo". En una fecha que le dio la espalda a las artistas femeninas, la presencia de Carballo fue un grito necesario mientras en Chaco se celebra el 32º Encuentro Nacional de Mujeres.