06/07/2017

Ariana Grande en DirecTV Arena: girl power

Pop para curar las heridas.

Ariana Grande

"Empoderada", "fuerte", "femenina", "firme". Esos adjetivos, entre otros tantos, aparecieron en la pantalla gigante del DirecTV Arena durante uno de los varios intervalos del show de Ariana Grande. Esa especie de declaración de principios, que se repite con distintos matices en la obra de la cantante ("No necesito permiso, tomé la decisión de probar los límites", canta en "Dangerous Woman", el tema que da nombre a su último álbum), es un rasgo que la distingue de la media de las estrellas pop. Unir esa reivindicación del rol activo de la mujer en la sociedad con el atentado de hace un mes y medio en el Manchester Arena, que se cobró la vida de 22 personas, no es excesivamente antojadizo: Estado Islámico, la organización que se atribuyó la explosión, no podría estar más en desacuerdo con los postulados de la estadounidense.

Tanto fuera como dentro del estadio, el recuerdo de la masacre se mantuvo fresco. El operativo de seguridad había delineado un único acceso, obligando desde temprano a los fanáticos a caminar no menos de diez cuadras en el barro para formar fila. Ese proceso, demostración cabal de que los alrededores del predio no están preparados para una afluencia de público semejante, finalizaba en dos tandas de cacheos policiales poco exhaustivos; una vez en el interior, la presencia de las fuerzas de seguridad superaba al promedio habitual.

Durante el recital, la referencia a Manchester se limitó a un hito preciso cerca del final. Un crespón negro, con las orejas de conejo representativas de la cantante, vistió el fondo del escenario durante un cover prolijo del clásico "Over the Rainbow". Ese fue el único momento en el que Grande buscó tomar protagonismo: tanto antes como después, la puesta de luces y el cuerpo de bailarines que la acompaña convirtieron al espectáculo en una unidad compacta, en la que ninguna figura destaca sobre el colectivo.

Liberada de ese homenaje necesario, la chica se mantuvo firme en la intención de ofrecer un show pop "normal", que -amén de las diferencias técnicas y de cantidad de espectadores- mantuvo una continuidad con su debut en la Argentina, hace dos años. Así, al batido de hits esperable ("Side to Side", "Bang Bang", "One Last Time") se suma una puesta de luces atractiva, pequeños guiños de parafernalia -una suelta de falsos dólares con la cara de la estrella, en "Greedy"-, cambios de vestuario constantes, y un uso de las pantallas fragmentado y con filtros, al estilo Instagram.

La banda de sesionistas que la acompaña, en la que se destacan el bajista Eric Ingram y el baterista Aaron Spears, aporta breves momentos instrumentales que suman color a la propuesta general. La potencia vocal de Grande se pone de manifiesto en contadas ocasiones ("Leave Me Lonely", "Moonlight"), aunque suficientes para dejar en claro que está allí latente. El cierre, que se limitó a un agradecimiento después de "Dangerous Woman", siguió la misma intención de respetar la estructura tradicional del show. "La música está pensada para curarnos, para acercarnos, para hacernos felices. Así que eso es lo que quiero que siga siendo", había escrito en una carta días después del atentado; a lo largo de casi dos horas, en un reducto a la vera de la Panamericana, la muchacha se aseguró de mantener firme su postura.