23/12/2016

Airbag en Obras Sanitarias: presente continuo

Volvió el templo del rock (millennial)

Por un lado, la reapertura de Obras como lugar para ver shows en vivo; por otro, Airbag presentando Mentira la verdad, su disco más reciente. Lo que se celebra primero no es sólo el recuerdo romántico del estadio donde Riff, Los Redondos y Los Ramones marcaron gran parte de su historia (para bien o para mal), es la puesta en mapa de un lugar que siempre estuvo a la altura de sus huéspedes. Hay mística pero también funcionalidad. Del lado del trío de los hermanos Sardelli, lo que acontece sobre el escenario es la propuesta de un grupo que vende de todo menos nostalgia. Porque si bien es cierto que hay un rescate de formas y contenidos del hard rock, que el grunge se encargó de convertir en un chiste, acá se le habla a un público joven que no vivió -ni añora haber vivido- la época dorada del género de pelos batidos y cueros cuidados.

En vivo, Airbag apuesta a una suerte de maximalismo glam. Ya desde el comienzo, Guido Sardelli salta desde una plataforma hacia el centro del escenario entonando versos de combustión espontánea que dicen "Solo quiero mostraste las cosas como son". Porque si algo hace el grupo es mostrar: pectorales, peinados, carisma, solos de guitarra, riffs, técnica depurada. No hay nada que esconder ni lugar a especulaciones en dos horas de show, todo es expuesto en una performance en la que rock y sexualidad se muestran en abundancia.

Así, lo que en un principio se insinúa como una escena perdida de Spinal Tap encuentra su lógica interna en un despilfarro de poses sustentado por un virtuosismo de factura impecable. Patricio y Guido alternan protagonismo con naturalidad sin que la intensidad (a ambos lados del escenario) decaiga, incluso cuando Patricio se sienta al piano de cola para las power ballads "Culpable" y "Otoño del 82". Pero el pacto entre músicos y espectadores va más allá. Airbag plantea un verosímil que sólo es posible en ese momento (vestuario, gestos, movimientos) y el público participa aceptando esa ficción. En lugar de la cercanía del rock barrial -el "ellos son como yo"-, acá el premio es la fantasía, lo inalcanzable. Lo que está sucediendo ahí arriba sólo puede suceder allí y sólo Airbag puede hacerlo.

La comunión y el compromiso son tan grandes que los baches de desconcentración llegan cuando el grupo se pasea por repertorio ajeno. Con los miembros de Místicos (banda telonera) de invitados, el dueto "El Rey / Piñas van, piñas vienen" se mostraron en versión desfachatada e informal, todo eso que no son cuando el repertorio es propio. Más adelante, "Mi bandera", en honor a Luca Prodan en el día del aniversario de su muerte, y "Me gusta ese tajo" (Pescado Rabioso) fueron un intento de filiación innecesario para un grupo que logra, aún cuando no se lo propongan de modo explícito, una suerte de fin de la historia: nada antes de Airbag, nada después de Airbag.

En el cierre, "Solo aquí" se vuelve ineludible pero "Un día diferente" y "Mi sensación" retoman los riffs y los contoneos de Patricio sobre su guitarra para que la imagen final se proyecte en cada retin como un gif rockero. Entonces agradece, reafirma reciprocidad, hace explícita su felicidad por pertenercer a la primera banda en tocar en Obras después de mucho tiempo y baja línea para cuidar a los suyos: "Si chupan, no manejen. Si cogen, usen forro". El mensaje, aunque válido para cualquiera, evidencia el receptor. Un público joven que prefiere solos de guitarra distorsionados y melodías oxigenadas, pero no reclama potestades ni extraña a ningùn precursor (sea Guns N' Roses o sea Bon Jovi). Porque todo lo que necesitan está ahí y nació para ellos.