11/08/2018

Acorazado Potemkin en Niceto: otro porvenir

Catarsis para esos pañuelos verdes.

“Dedicamos esta canción a algunos senadores y senadoras”, dice el cantante y guitarrista Juan Pablo Fernández cerca del final del show de Acorazado Potemkin en Niceto. La canción es “El pan del facho”, ese tema rabioso que pide a gritos la llegada de otro porvenir. Durante la canción, una buena parte del público levanta de forma espontánea sus pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito (CNASG). En el medio de la canción, la guitarra deja de sonar, Luciano “Lulo” Esain y Federico Ghazarossian, mantienen en alto el ritmo y mientras los asistentes tratan de resolver el problema técnico, el público empieza a corear con fuerza “Aborto legal / en el hospital”.

La música de Acorazado Potemkin está cargada de tensiones sociales, políticas y personales. En su sonido mugroso y en su poética arrabalera hay bronca acumulada de personas que ya vivieron demasiadas cosas pero que, lejos de abrumarse por la resignación, sueñan y luchan. Y ese espíritu sobrevoló el show del trío en Niceto: con el enojo cargado y fresco por el rechazo del Senado al proyecto de legalización del aborto, la banda ofreció repertorio intenso (y algo accidentado) que impactó en el público de forma catártica y militante.

Así, la cuestión alrededor del aborto legal fue transversal a las más de dos horas de recital. Los pañuelos verdes invadieron el campo, referentes de la CNASG como Celeste McDougall estuvieron en el público y las consignas fueron constantes entre canción y canción o cuando algo fallaba en el escenario. Desde arriba, Ghazarossian lució una remera verde, las músicas invitadas (Mariana Päraway en voz para “Flying Saucers”, Flopa Lestani en “La mitad”, la flautista Juliana Moreno, la violinista Christine Brebes) o bien lucieron algún detalle del mismo color o directamente cargaron el simbólico pañuelo de la campaña. En “Mundo Lego”, una canción cuya letra está tomada de un libro de poemas sobre la violencia de género, Fernández cambió la letra original que dice “sandalias verdes” por “pañuelos verdes”.

Con una puesta en escena que por primera vez incluyó visuales -abstractos, latentes y nerviosos-, la lista de temas hizo un repaso por sus tres álbumes, con el énfasis puesto en su último trabajo, Labios del Río. A casi un año de su salida, varias de sus canciones lograron encontrar su personalidad en vivo y hacer que las tensiones puedan darse rienda sin que por eso Acorazado pierda el control de la situación. En “Las cajas”, una de las más dolorosas de su discografía, la banda se vio desbordada de intensidad, especialmente gracias la voz desgarradora de Fernández y a los golpes de batería que sonaron como si se machacara el corazón. “Hablar de vos” estalló de emoción: en ese momento, Esain, Ghazarossian y la violinista Brebes mantuvieron una distancia espacial con Fernández y lo sostuvieron musicalmente para que pueda descargar la angustia por la pérdida de su hermano.

También hubo tiempo para volver a tocar en vivo de algunas canciones de sus predecesores. Tales fueron los casos de “Miserere” (con Beto Siless en los coros) y “Pintura interior”, ambas de Remolino (2014) o cuando cerca del final despuntaron un segmento punk con “El rosarino”, “Caracol” y “Quiero”, estas dos últimas de Mugre (2011). A ello se sumó “Perrito” y “Smiley ghost”, otras canciones de su debut que hace tiempo no incluían en las listas. Para el cierre, el trío eligió “Los muertos”, una canción que, sostenida por un redoblante marcial, ironiza sobre la paz de quedarse quieto sin hacer nada. Todo lo contrario al imaginario de Acorazado Potemkin, donde la paz no existe ni tampoco la posibilidad de quedarse quieto sin hacer hacer nada.