19/05/2019

5 cosas que marcaron al Festival Nuestro 2019

Ir más lejos para estar acá.

Nuestro

Con unas 15 mil personas en el predio de Tecnópolis, el Festival Nuestro fue mucho más que una suma de shows convocantes como los de Nathy Peluso y Las Pastillas del Abuelo. La fecha del sábado fue, principalmente, el primer intento serio de un evento mainstream por alcanzar la paridad de género en su grilla, cruzando géneros y estilos opuestos pero al mismo tiempo complementarios.

Con una apuesta ecléctica que también buscó alejarse de esa argentinidad al palo ostentada en ediciones anteriores, el Festival Nuestro dio un paso más en la consolidación de una identidad más abierta. Sin más, aquí un resumen de la jornada en 5 momentos clave.

Hacia el 50%

El Nuestro fue la demostración empírica de que buscar la paridad de género en la propuesta artística de un festival no tiene por qué ir en contra de un objetivo comercial: Nathy Peluso y Miss Bolivia -pero también Juana Molina y Monsieur Periné- llenaron de público en horario central el escenario Afuera, a pesar de competir con otras propuestas igualmente atractivas al mismo tiempo.

La presencia de “mujeres fuertes” trajo consigo lecturas de la realidad que fueron más allá de lo estrictamente musical (en el caso de Miss Bolivia, pasando del tema “Paren de matarnos” al “Hablando de cagones, más de uno tiene miedo ahora con las noticias, ¿no?” en referencia al anuncio de la fórmula Fernández-Fernández) y apuntalaron la necesidad de construir referentes sobre el escenario bien alejados del canon rockero.

“Escribí esta canción porque me siento orgullosa de ser mujer y porque cada una de las mujeres que pasaron por mi vida me dejaron una enseñanza”, remarcó Catalina García, de Monsieur Periné, antes de “Mi libertad”; un grupito de adolescentes sonreía en el campo al escucharla, y eso no es poca cosa.

La lluvia

Durante la tarde, los pronósticos meteorológicos y las nubes oscuras que se cernían sobre el predio de Tecnópolis hacían prever un desenlace similar al del Festival BUE de 2017, cuando la tormenta obligó a modificar la grilla y cerrar el escenario principal.

Con el diario del ̶l̶u̶n̶e̶s̶ domingo, casi que todo fue una falsa alarma: en las primeras horas, apenas Monsieur Periné sufrió de algunos chaparrones al inicio de su show y algunos sets del espacio Adentro debieron reducir su extensión ante una eventual reprogramación general. Las pocas gotas que cayeron durante la noche se convirtieron en un diluvio para El Kuelgue, haciendo la vuelta a casa posterior un tanto más incómoda. “A la lluvia ni cabida”, se rió Paz Ferreyra sobre el escenario, poniéndole el pecho a lo inevitable.

Cruce de estilos

¿Pueden convivir en armonía el sonido barrial de Las Pastillas del Abuelo con la mixtura de géneros de Nathy Peluso o el cruce de folklore y electrónica de Pino Europeo? Sí, claro que pueden.

En la media tarde, el show de Estelares funcionó como ejemplo de cómo plantear “consensos básicos” para el público festivalero: una lista basada en hits (usando a Sistema nervioso central como punto de partida) con invitados cuidadosamente seleccionados (Edu Schmidt en violín, para “Ella dijo”).

Siguiendo esa línea, todos los sets servían de buenas válvulas de escape para lo que sucedía en los otros escenarios: la introspección de “Cosoco”, de Juana Molina, cortaba con las banderas flameando en “¿Qué es Dios?”, de la banda de Piti Fernández; el reggae-ska instrumental de Dancing Mood (“Confucious”, “Exodus”) rompía con el sonido urbano de “Se quema”, de Miss Bolivia, que ayer tuvo su estreno en vivo.

Adiós al chauvinismo

El Festival Nuestro fue, históricamente, una “celebración de lo propio”, con escenarios que llevaban nombres como “mate” o “churro” y contadísimos invitados internacionales (los españoles La Maruja y Maikel Delacalle en 2018, los costarricenses Akasha en 2017).

De la mano de Eli Amic, Francisca Valenzuela y Monsieur Periné, el Nuestro sigue dando pasos para sacarse de encima la rémora del chauvinismo, presentando artistas capaces de aportar miradas que combinan con el resto de la artística y ayudan a alejarse de la comodidad de lo ya conocido.

On/off

Si en ediciones anteriores las propuestas alternativas quedaban relegadas a escenarios secundarios (Emanero y XXL Irione en el espacio Otras Formas, el año pasado) o a horarios alejados de las atracciones principales, la versión 2019 del Nuestro se animó a abrir el juego en el prime time.

Juana Molina y la unión artística de Chango Spasiuk y Chancha Vía Circuito fueron la punta de lanza de esa intención: el chamamecero, de frente a un campo ya repleto de fans de Las Pastillas, ensayó disculpas públicas por el corrimiento de horarios que había ubicado su show en un lugar incluso más prime time de lo planeado originalmente. El aplauso recibido, que se mantuvo durante todo el set, demostró que la experimentación puede ser bien recibida.