30/06/2017

St. Vincent - "New York"

En tu cara, Sinatra.

Cecilia Salas
St Vincent

No te guíes por la foto de arriba: en su retorno, St. Vincent parece haber colgado la guitarra en el ropero y dejado que sea el piano la estrella de "New York", la primera canción que publica desde 2015. Todavía no hay anuncio oficial de nuevo disco, pero todo indicaría que Annie Clark tiene algo entre manos, porque también está a punto de iniciar una gira a la que denominó "Fear the Future" ("Miedo al futuro"). Mientras tanto, el staff de Silencio se imaginó paseando en el Central Park junto a ella y analizó la canción para dar su veredicto.

Sebastián Chaves: Si alguien ha de escribir una canción de amor que diga "Sos la única hija de puta que puede soportarme", esa es St. Vincent. Siempre desde el margen, Annie Clark da con una balada de piano que tiene a Nueva York como escenario de sus reflexiones. Y para agregar su cuota disfuncional al asunto, un beat digital amaga con construir al tema en un himno EDM, sólo que, en lugar de explotar, los susurros de la cantante vuelven todo más introspectivo.

Ilan Kazez. Se espera que “New York” sea el primer adelanto del disco nuevo de St. Vincent, tras su homónimo (y excelente) álbum de 2014. De ser así, es una canción desconcertante, no por la singularidad a la que Annie Clark acostumbró a sus oyentes, sino por su ortodoxia. La estadounidense ofrece un tema melancólico que roza la balada, más cercano a Lana Del Rey que a David Byrne. Si bien su interpretación y algunas líneas son emotivas (“Sos el único hijo de puta que me soporta”), hace extrañar a la guitar hero que conquistó los corazones con sus riffs y melodías retorcidas.

Roque Casciero: La desazón se percibe en los susurros de Annie Clark, entre la sensación de pérdida y la certeza de que volvería a hacerlo todo de nuevo por la dama en cuestión. "New York" no es la misma ciudad sin su presencia, le dice de entrada, y luego admite que ella es "la única hija de puta" que puede soportarla y perdonarla. Tanta honestidad brutal no se traslada a la música, porque lo que aparenta ser una simple balada al piano es intervenida por una base electrónica -que nunca termina de salir de abajo de las frazadas-, cuerdas y coro. Nadie como St. Vincent para saber que el corazón puede estar en carne viva, pero la canción no tiene por qué caer en la obviedad.