16/06/2017

Richard Coleman - "¡Simpático!"

Qué delicia excepcional.

Cecilia Salas

Con Incandescente, Richard Coleman logró finalmente que su calidad como compositor e intérprete cuajara en un formato apto para (casi) todo público. Y tras un disco en vivo, finalmente el ex Fricción y Los 7 Delfines tiene listo F-A-C-I-L, su nuevo trabajo de estudio, que aparecerá el 27 de agosto. En el álbum tocó su banda de los últimos años, la producción estuvo a cargo de Juan Blas Caballero y la mezcla la hizo el venezolano Héctor Castillo. "¡Simpático!" es el primer adelanto disponible, que nosotros escuchamos con los parlantes al mango, como aconsejaba Ziggy Stardust:

Sebastián Chaves: Aunque Richard Coleman alguna vez le afirmó a Silencio que sólo es oscuro cuando tiene que serlo, cuesta escucharlo cantar "Todo el mundo es tan simpático" y no pensar que está siendo irónico. Entre la voz bañada de reverb y las guitarras tajantes, el tema se eleva entre el space rock y el glam con detalles de armónicos y sintetizadores para ampliar la paleta de colores. Pero es el redoblante -y no el bombo- el que marca el pulso casi de manera obsesiva, para que el ex Fricción se baje del Transiberiano y encare la ruta a toda velocidad.

Roque Casciero: En poco más de tres minutos, el ritmo trepidante y las guitarras ominipresentes con el aura de Mick Ronson le dejan espacio a la voz de Richard Coleman para que, a través de un filtro, destile ironía de alto octanaje en una descripción con mucho de random. "Todo el mundo es tan simpático / qué delicia excepcional", canta sobre unos coros que remiten al glam de Bowie, Bolan y Roxy Music, y uno imagina al ex Fricción caminando por la calle con una mueca torcida. Es que a veces sólo queda eso o andar bateando cosas a lo Beyoncé...

Joaquín Vismara: Entre el minuto 2.06 y el 2.18 hay dos cortes que conectan el pasado y el presente de Richard Coleman. Primero, una serie de armónicos de guitarra bañados en flanger (un recurso que exuda ochentismo) llenan el espacio vacío; después, una nube de estática de un sintetizador cumple la misma función. Antes y después, el ex Fricción en su mejor forma, con las seis cuerdas en diálogo constante con las de Gonzalo Córdoba en el centro de un rock espacial tocado con espíritu de garage. Y en el medio, una letra que ironiza sobre la hipocresía humana, en la que capitalistas y hippies la ligan por igual, y que desemboca en una carcajada que mete miedo en serio. Como él mismo dice en el estribillo, qué delicia excepcional.