11/09/2017

Acorazado Potemkin - "Sopa de alambre"

No, de caracol no quedó...

Victoria Schwindt / Gentileza
Acorazado Potemkin

Labios de río, el tercer disco de Acorazado Potemkin, aparecerá a fines de septiembre en formato digital, y en octubre en físico. El trío conformado por Juan Pablo Fernández (voz y guitarra), Federico Ghazarossian (bajo) y Luciano Esaín (batería y voz) llegará por primera vez a Niceto para presentar el álbum (el 3 de noviembre), que tiene su primer anticipo: "Sopa de alambre". El equipo de Silencio se limpió la mugre que dejó el remolino de los dos trabajos anteriores de la banda y se dispuso a opinar.

Roque Casciero: Cada día es más infrecuente que haya bandas de rock que conjuguen una poética imaginativa y expansiva, un sonido personal basado en influencias que otros sólo repiten, y una energía en tensión permanente, incluso si se trata de una canción de (des)amor. Acorazado Potemkin logra todo eso con la formación más básica del género, el power trío, que en "Sopa de alambre" suena como una mezcla entre Invisible y Pappo's Blues, pero haciendo post punk. "No será una noche más", repite Juan Pablo Fernández ante lo que parece ser el inicio de una relación de las que dejan huella, aunque en esté en estado de "olla a presión a punto de explotar".

Joaquín Vismara: Con un título que evoca una imagen tan surrealista como perturbadora, “Sopa de alambre” condensa en tres minutos varias de las aristas que componen a Acorazado Potemkin. De un lado están Lulo Esaín y Federico Ghazarossian, con una base rítmica que engrosa su musculatura a medida que pasan los compases; del otro, Juan Pablo Fernández con una prosa críptica y melancólica cargada de simbolismos, como un tango compuesto por el dadaísta Max Ernst. Con un riff que dialoga con el violín de Christine Brebes, Fernández toca su guitarra como si estuviera conteniendo un animal que termina soltándose de su correa en el estribillo, o la olla a presión a punto de explotar que él mismo menciona en uno de los últimos versos.

Ilan Kazez: “Un tejido, una capa / unos guantes al sacar esta olla a presión a punto de explotar”, canta Juan Pablo Fernández cerca del final de “Sopa de alambre”, una canción tiene todo lo que uno puede esperar de Acorazado Potemkin: el riff mugroso, el fraseo rioplatense y la poética tensa de Fernández; los golpes fuertes y los coros a tracción a sangre de Lulo Esaín; y el bajo serpenteante de Federico Ghazarossian. En su conjunto, dan cuenta de que con apenas dos discos, el trío logró crear una identidad sonora inconfundible que, en lugar de repetirse, siempre encuentra nuevas formas de calar en las profundidades personales. Sin llegar a tener el poder catártico de sus himnos, pero lejos de ser una de sus baladas corrosivas, la canción funciona perfecto como adelanto del tercer disco: es esa olla a presión que deja a todos ansiosos de que finalmente explote.