04/10/2019

La Renga aprieta los dientes en épocas de crisis

Llego la hora de ponerle fin.

Daniela Amdan
La Renga

La ecuación es sencilla: cuánto más grande la crisis social, más recrudece el sonido de La Renga. El universo del trío de Mataderos se explica siempre a a partir de la regla de tres simple.

Así es como se escuchan “Llegó la hora” (teléfono, Mauricio) y “Parece un caso perdido" (palabra clave: parece), los dos singles que La Renga compartió ayer como adelanto de su próximo disco. No sólo desde la letra sino también desde la música, con ese proto-metal-con-mucho-de-los-70-pero-también-con-doble-bombo-, Chizzo&Tete&Tanque recuperan su versión in your face post crisis de 2001 (¿acaso Macri no fue otro detonador de sueños?). Sin vientos que morigeren la situación, el power trío no saca el pie del acelerador ni otorga concesión alguna. Se trata, acá, de cantar con rabia desde un subsuelo en sepia.

Los versos de "Llegó la hora" son elocuentes. "La vida que ahorraste igual para morir / Es la que robaste para tu gran festín / Todo en la ruina y vos con el botín / llegó la hora de ponerle fin”, cantan con sabor a revancha por partida doble. El gobierno que más ajustó desde De La Rúa, también fue el que más los censuró: 10 años sin tocar en Capital Federal por motivos que nunca fueron del todo explícitos. Incluso el motivo inicial de guitarra tambalea, como si Chizzo le hiciera vivir al riff (¿de "Oscuro diamante"?) su propia crisis estructural. La reconstrucción, de todos modos, no tarda en llegar, porque La Renga no vino aquí a poner en jaque a las cristalizaciones rockeras sino a reafirmarse en ellas. Por eso enseguida arremeten a puro machaque para poner a andar la nave. Golpeada, sí, pero igual de fortalecida.

"Parece un caso perdido" continúa en la misma línea, pero Chizzo afianza su costado esperanzador ("Y cada vez que respiro me ves / Estoy diciendo que sigo de pie / Otra vez"). A veces, sólo se trata de contar cuatro y arrancar de nuevo. En la sala de ensayo, en la vida. No mirar mucho hacia adelante, pero menos hacia atrás. La Renga aprieta (más) los dientes en tiempos de crisis. Si el final de los 90 y los primeros 2000 vinieron con el disco de la estrella y Detonador de sueños (con La esquina del infinito como primavera post menemismo), estos dos nuevos singles vienen a funcionar como aguafuertes de época. Sin lugar para viajes galácticos (Algún Rayo) ni travesías stoner por la ruta 40 (Truenotierra), hay una urgencia por estamparle una trompada a la crisis, sea del rock, social, o de las dos. En última instancia para La Renga siempre se trató un poco de lo mismo.

Mientras el debate sobre la vida y la muerte del rock se sostiene como lugar común desde ya no se sabe cuando, La Renga sigue construyendo su caminito al costado del mundo. No a modo de escapismo -los tres tienen sus propios derroteros con zapatillas gastadas o motos de alta cilindrada-, sino como alternativa posible para esa gente que habita la misma vida y las mismas calles. Bien lejos de la resignación, así lo canta Chizzo en "Parece un caso perdido": "Yo no vivo en un mundo concreto / Estoy siempre a punto de nacer"