08/03/2019

Estelares nada entre “Ríos de lava” en su nuevo single

Otra temporada en el amor.

Gentileza
Estelares

A tres años de su último trabajo, Estelares estrenó el primer adelanto de su octavo disco de estudio, aun sin nombre. “Ríos de lava” es la primera muestra del sucesor de Las antenas, que llegará a las bateas a mediados de año, con producción de Germán Wiedemer. Al escuchar la canción, el equipo de Silencio se puso genio brillante lampara mediante y dijo lo siguiente:

Joaquín Vismara: Si algo se encargó de dejar en claro Manuel Moretti es que el derrotero de Estelares es su propio recorrido hacia su visión personal de la canción romántica popular. Las hubo de todas las formas: homogéneas en versiones anteriores, o híbridas como esta, una estrofa asfixiada en tonos menores y cargada de imágenes trágicas (los ríos de lava del título, universos de voces mudas, poblaciones sordas de amor) que desemboca en un estribillo diáfano que anula todo lo anterior y lo reconfigura. En tiempos en los que el cinismo es moneda corriente (je), cantarle sin rodeos al amor califica como acto de gallardía.

Roque Casciero: Es cierto que la pluma de Manuel Moretti brilla particularmente cuando se interna por los costados más dolientes del ser o las trabas infranqueables en las relaciones humanas, pero no le va nada mal cuando el sol sale y las cosas mejoran. Aquí, con una producción que carga de teclados la música de Estelares, pasa de la descripción de una búsqueda constante y algo penosa a la satisfacción de la materialización de ese deseo. “Hoy estás tan hermosa / divina y orgullosa / que ya no pido nada más”, canta el juninense en un desborde de éxtasis. Claro que quizás esa sensación dure menos que el tiempo de una bella y pegadiza canción pop…

Ignacio Guebara: “Ríos de lava” son tres canciones en una. Los primeros 40 segundos son sombríos, con un sintetizador ochentoso y un bombo sencillo como única compañía rítmica; luego, la oscuridad da paso a un sonido clásico de Estelares, con guitarras y Manuel Moretti en el centro de la escena. La segunda mitad de la canción combina lo mejor de los dos mundos, y ahí es donde llega lo bueno: voz y letra del frontman se unen a la potencia instrumental de la banda, y generan una melodía de esas que pueden sonar una y otra vez en la radio sin volverse un chicle.