05/07/2019

Thom Yorke sueña con ovejas eléctricas en “ANIMA”

El futuro distópico llegó hace rato.

Thom Yorke
7.8 10 26

XL / S-Music

Thom Yorke sueña con ovejas eléctricas en “ANIMA”

XL / S-Music
Puntaje de los lectores: (25 votos)

Si se hace un sobrevuelo por la obra de Thom Yorke, su obsesionario parece tener dos grandes protagonistas: el mundo de los sueños y un futuro color gris plomizo en el que diversos enemigos (el capitalismo, la tecnodependencia y la lista sigue) celebran una eterna racha ganadora. En ANIMA, el líder de Radiohead no sólo no esquiva esas fijaciones, sino que las convierte en el centro de un álbum que él mismo define como distópico, pero que se asemeja bastante al mundo real.

“No puedo respirar, no hay agua” repite Yorke con la voz ahogada en “Traffic”, sobre una superposición de sintetizadores analógicos y una caja de ritmos antediluviana donde todo está levemente corrido del cuadro general, como si la androide de Metrópolis dirigiese una orquesta de robots cuyos integrantes comienzan a fallar de a uno por vez, a tono con el paisaje trágico que evoca. El retrofuturismo se acentúa en “Last I Heard (…He Was Circling the Drain)”, edificada sobre un loop de su voz con una frase repetida como un mantra (“Me desperté con un sentimiento que simplemente no puedo tolerar”), y se crea un canon de voces que reformula la frase al reordenar sus palabras. 

En esa misma canción, Thom Yorke pone en palabras dos pesadillas que asegura haber sufrido víctima del jet lag, en la que hombres y ratas intercambian de lugares en el mundo animal, y otra en la que la línea del horizonte de Londres era tapada por rascacielos (“Nadando por el canal, deglutido por la ciudad / Humanos del tamaño de ratas”).  La siguiente postal toma forma en “Twist”: la hierba crece, un niño huye en su bicicleta hacia ninguna parte, mientras que cerca de un bosque hay un auto abandonado con el motor en marcha. Yorke repite la palabra del tìtulo hasta que su sampler la corta en rodajas sonoras que se superponen entre sí como un ornamento rítmico, hasta que desaparece todo indicio melódico y la canción se reconstruye como una pieza electrónica abstracta en la que mandan los graves.

Thom Yorke
Alex Lake / Gentileza

ANIMA está más emparentado sonoramente al Radiohead de la última década y media que a la electrónica claustrofóbica, y parte de su fórmula secreta se esconde detrás de “Dawn Chorus”. Al igual que como hizo la propia banda con algunas canciones de A Moon Shaped Pool, Yorke rescató del olvido un boceto que el grupo llegó a ensayar en alguna prueba de sonido. El resultado es de una belleza gélida, una lista de asuntos pendientes antes de que llegue la muerte que tiene tanto del preciosismo del Sigur Rós más melódico como de ingeniería electrónica, la banda de sonido acorde al monólogo final de Blade Runner de haberse filmado hoy y no en 1982. Como en un juego pasivo agresivo, Yorke luego aprieta los dientes en “I Am a Very Rude Person”: el mismo tipo que se jactaba de colarse en una fiesta en “Karma Police, ahora tiene otras intenciones menos felices, pero que no puede evitar (“Tengo que destruir para crear, no quiero ser grosero con tu cara / Voy a romper tus tocadiscos, ahora voy a mirar tu fiesta morir”). 

De a poco, todo parece una sucesión de hechos de causa y consecuencia. “Not the News” es puro beats y bits, una pieza en la que teclados y programaciones parecen haberse robado el protagonismo contra la propia voluntad de su creador, lo que justifica la paranoia ante la rebelión informática de “The Axe”, o el miedo a Skynet aplicado a la música. “Maquinaria de mierda, ¿por qué no me hablás? / Un dìa te voy a entrar con un hacha”, esboza antes de reclamarle amor no correspondido a sus gadgets, y la asfixia del telón musical de fondo crece a medida que su angustia también aumenta de tamaño. 

Ya desde el título, “Impossible Knots” parece una declaración de principios a lo que Thom Yorke dedicó gran parte de su carrera: atar (o desatar, según el caso) nudos imposibles, con una base de bajo que suena como un reggae reproducido a 20x. Como si se tratara de una ironía, la última canción de ANIMA es la primera en la que una guitarra eléctrica tiene su (breve) momento de protagonismo, con un riff pantanoso en afinación abierta. Una vez más, es la lucha del hombre contra la máquina, en donde lo orgánico pierde la batalla mientras una voz procesada reitera “Somos para siempre, y ahí es cuando vos no”. Cuando un cello aparece en escena como batallón de apoyo, el discurso vira a “Ahora es cuando sabés quiénes son tus verdaderos amigos”. Después de 45 minutos de tensión, la frase se perfila como un armisticio necesario: el enemigo no está ahí, sino en otra parte.

7.8 10 26

XL / S-Music

Thom Yorke sueña con ovejas eléctricas en “ANIMA”

XL / S-Music
Puntaje de los lectores: (25 votos)