13/02/2020

Tame Impala - "The Slow Rush"

El AOR después del amor.

Tame Impala
7.5 10 26

Universal

Tame Impala - "The Slow Rush"

Universal
Puntaje de los lectores: (25 votos)

Después de dos discos en modo de ensayo y error, Kevin Parker encontró como llevar a Tame Impala, su proyecto unipersonal, del nicho de culto a las grandes ligas. Donde antes había psicodelia analógica y valvular, el australiano sumó electrónica vintage, pulso r&b y sensibilidad pop para dar forma a Currents, un disco que lo llevó a ser headliner de Coachella, escribir para Lady Gaga y ver cómo Rihanna versionaba un tema suyo. El precio a pagar no fue leve: cada una de las canciones del álbum que lo lanzó a la fama estaba atravesada por su separación de la artista francesa Melody Prochet. Sin que ese fuera su plan original, Parker tuvo que sanar heridas y recomponer su vida personal en público.

The Slow Rush es el desenlace de ese proceso, una recapitulación de los últimos cinco años en la vida de Parker, con el paso del tiempo convertido en obsesión e hilo conductor a la vez, con baldazos de AOR. Entre vocoders tremolados y un clima de discoteca suave, en “One More Year” la mente creativa de Tame Impala revisa junto a su nueva compañera su último año y le propone pasar al menos otros 365 días juntos para que todo recupere el vértigo que su relación tenía al principio (“Ahora me preocupa que nuestro horizonte no tiene nada nuevo / Y tengo esta sensación, y quizá vos también / De que estamos en una montaña rusa atascada en uno de sus bucles / Porque lo que hicimos un día por capricho/ De a poco se convertirá en todo lo que hicimos”).

“Instant Destiny” es la celebración del impulso, un funk lento y lleno de falsetes con una lista de actos a realizar sin pensar demasiado (casarse de prepo, irse a Miami, tatuarse el nombre del otre). Y como a cada calma la antecede una tormenta, “Borderline” vuelve sobre el pasado para pensar en los últimos estertores de su relación anterior, y los proyectos y miedos a futuro que aparecieron luego del fin, con un aura de pop sesentoso psicodélico convertido en filtro de Instagram. Acto seguido, “Posthumous Forgiveness” representa un segundo duelo, en este caso el de su padre, con quien tuvo una relación tirante. Pensada como dos canciones en una, su primer tramo se reparte entre pases de factura y lamentos, hasta que una vuelta de sintetizador hace aterrizar a Tame Impala en la cantina de Mos Eisley de Star Wars mientras las heridas finalmente cierran (“Quiero contarte sobre mi vida / Quiero tocarte todas mis canciones / Aprendete la letra, cantá a la par”).

Tame Impala
(Neil Krug / Gentileza)

Esa necesidad de dejar el pasado y mirar hacia el futuro cobra fuerza en “Breathe Deeper”, una pieza bailable con pianos house, teclados heredados de MGMT y ninguna guitarra a la vista. A continuación, “Tomorrow’s Dust” redobla la idea entre un bombo en negras y un arpegio en guitarra acústica mientras Parker parece hablar de cómo su viejo yo artístico quedó atrás (“No sirve de nada tratar de relacionarse con esa vieja canción / Y no sirve de nada tratar de debatir que se equivocaron”). Con un piano eléctrico en primer plano, “On Track” es soft rock setentoso de fórmula sobre una leve pátina psicodélica, como si los integrantes de Bread se pasaran la noche en pleno viaje de peyote y filosofasen sobre enmendar los errores cometidos. La distancia con la historia propia se hace aun más profunda en “Lost in Yesterday”, un funk pop cristalino y de métrica amorfa. Sobre compases que se entrecruzan como piezas de un Jenga rítmico en constante riesgo de derrumbe, Parker vuelve sobre la idea de no aferrarse a la nostalgia, algo impensado al comienzo de su carrera.

Sobre el último tramo del disco, “Is It True” acerca el escenario hipotético de cómo sonaría una colaboración entre Tame Impala y Daft Punk, algo con lo que la banda amaga desde 2011, pero que nunca llegó a tomar forma concreta. El tema promete un giro hacia un funk espacial, pero “It Might Be Time” vuelve sobre la senda AOR, esta vez en su encarnación más lindera al rock sinfónico. Acompañado por un piano que parece tocado por Roger Hodgson en un espacio con gravedad cero, Parker reflexiona sobre la madurez que siente que el status quo demanda de él (“Finalmente tengo algo entre manos / Y de repente mis amigos están todos madurando / Me debo estar perdiendo de algo / Debe ser hora de afrontarlo”).

“¿Sabés cómo hago que los bajos suenen mejor? Subo los graves ¿Sabés cómo hago que el bombo suene mejor? Subo los graves”. El diálogo entre Parker y una persona anónima anteceden la euforia fugaz de “Glimmer”, un chispazo microscópico de techno que ilusiona con un cierrre eufórico para el disco, pero se disuelve en el aire tras alcanzar los dos minutos de duración. A tono con el comienzo, “One More Hour” juega con el concepto temporal del inicio: la última hora de ese año extra negociado al principio. En la forma de una balada cercana al prog que suma cimbronazos de guitarras y arreglos de teclados que miran de cerca a ELP, el creador de Tame Impala hace un blanqueo de situación: “Lo hice por amor / Lo hice por diversión / No fue suficiente / Lo hice por la fama, pero nunca por dinero / No por las casas, no por ella / No por mis futuros hijos, hasta ahora”. Para el tango 20 años serán nada, pero para Kevin Parker fueron un montón de tiempo.

7.5 10 26

Universal

Tame Impala - "The Slow Rush"

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