05/12/2016

Solange – "A Seat at the Table"

Manifiesto soul en la era millennial.

Solange
8.5 10 5

Sony Music

Solange – "A Seat at the Table"

Puntaje de los lectores: (4 votos)

Puede entenderse por qué pide un lugar en la mesa: tiene la hermana más famosa del mundo (o una de las más). Mejor dicho: su hermana es una de las mujeres más famosas del mundo, la artista formalmente conocida como Beyoncé. Encima, este año—este mismo año— la hermana famosa editó Lemonade, para muchos, aquí y allá, el mejor disco de 2016. Como para agregar algunas ramitas al fuego, la madre de ambas, Tina, es una respetable emprendedora de la comunidad afroamericana, diseñadora de moda y creadora de varias exitosas marcas de indumentaria femenina. En este contexto, Solange, la menor de las Knowles, reclama su lugar. Y el brillante A Seat at the Table avala su intención.

El disco es una compleja pero atrapante suite de R&B y ritmos colaterales que refleja un estado de las cosas para la mujer negra de la segunda década del siglo XXI. Un álbum de 21 tracks con sus intermedios en donde siempre hay algo para escuchar, un notable ejercicio de estilo que combina soul vintage (alma) y guiños de rock indie contemporáneo (cuerpo). Un manifiesto de orgullo de género en tiempos de Donald Trump y, antes, contra el gatillo fácil policial en cualquier calle de los Estados Unidos. Nada menos. Esta es la versión femenina de potentes retratos de época como los de Kendrick Lamar y D'Angelo, por citar los dos ejemplos más contundentes al respecto. En todos ellos resuenan los ecos de What's Going On de Marvin Gaye, Innervisions de Stevie Wonder, Hot Buttered Soul de Isaac Hayes y, más acá en el tiempo, The Chronic de Dr. Dre, There´s a Riot Goin’ On de Sly & The Family Stone o It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back de Public Enemy. Tampoco es que A Seat at the Table ya se haya ganado un lugar en ese Olimpo de música negra, aunque quizás el tiempo termine por confirmarlo.

Por cierto, de Solange poco se sabía y mucho menos en este lado del mundo, más allá de una única visita a la Argentina en 2013. Viralidades mediante, sí que llegó un magnífico video captado por la cámara de seguridad de un ascensor, en el Standard Hotel de Nueva York luego de la paqueta gala anual de beneficencia del Metropolitan Museum of Art, en 2014. Gentileza de TMZ, claro. Ahí se veía como la joven iracunda emprendía a patadas contra su cuñado cool Jay Z, situación por la que debió intervenir el inevitable guardaespaldas de la estrella. El video tuvo (tiene) cientos de miles de vistas porque, sean celebrities o no, la pelea asegura espectadores desde los tiempos inmemoriales de cualquier patio de escuela. Pero si se agrega el morbo de la fama, el efecto se ve potenciado. Recién ahora la chica habló del incidente y no brindó mayores precisiones al respecto. Apenas mencionó el “bien de la familia”. Ergo, la teoría sobre un ajuste de cuentas por supuestas infidelidades del marido de su hermana (aquello de lo que se sirvió Beyoncé para concebir lo que muchos denominan su obra maestra, Lemonade) cobra sentido y gana veracidad.

Solange

A Seat at the Table es el cuarto disco de Solange, pero no resulta muy aventurado afirmar que es el primero realmente importante. En 2002, cuando todavía era una adolescente, publicó Solo Star; luego siguieron el más expansivo Sol-Angel and the Hadley Street Dreams en 2008 y el elogiado EP True, un adelanto de lo que vendría con el hit "Losing You" en primer plano. Ahora llegó el tiempo de la confirmación. Sobre ritmos ensoñados, nunca del todo cadenciosos, la menor de las Knowles pide permiso para ingresar al club de las estrellas del neo soul. Colaboran en la aventura sonora Kelly Rowland, Q-Tip, Master P, Lil Wayne y… sus padres (en entrevistas que les hizo la cantante). Todos ellos, las estrellas hip hop y los familiares, aportan sus voces en tramos decisivos del disco, interludios tomados como declaraciones de principios. En el centro de este intrincado juego de roles entre las voces y los ritmos, la propia Solange canta como un ángel (negro) y revela sus temores, obsesiones, gustos y adicciones.

Hay canciones que rozan la perfección pop, como "Cranes in the Sky" y "F.U.B.U." (sigla con graciosa decodificación política, “For Us By Us”, para nosotros por nosotros). Otras se adhieren al ritmo y blues de todos los tiempos, caso "Mad" y el picante rapeo del no menos picante Lil´Wayne,"Borderline (an Ode to Self Care)", producida por el gran Q-Tip. También van por ese rumbo la explícita "Don't Touch my Hair"—ah, la devoción de la comunidad afroamericana por su aspecto capilar...— y la bellísima "Jenie". Algunas, en cambio, se sumergen en atmósferas brumosas que se asemejan a las del trip hop, como "Weary", con sus delicados arreglos vocales, y "Don't Wish Me Well". Cada una a su manera, hitazos de playlist de música negra.

Los temas centrales que sobrevuelan el disco –codicia, rabia, culpa, poder— son universales, claro, pero aquí les sirven para hablarse a sí misma, y también a la mujer afroamericana y la dura realidad que soporta cada día. En ese sentido, el eje conceptual del disco pasa por su familia y una búsqueda de identidad en las raíces, una forma de viaje al pasado que conduce a reafirmar el presente. "Creo que para saber hacia dónde vamos, primero debemos saber de dónde venimos", dice ella. "Cuando miro hacia atrás, veo que mi pueblo no vivió igualdad en la medida en la que yo siento que debería haber sido. Crecer en mi familia me ayudó a ver e indignarme con las desigualdades”. En ese balance nada fácil entre pasado y presente, cita cool a un sonido clásico y boleto hacia el espacio exterior (esa ambición negra del “viaje” que subliman Parliament Funkadelic y Sun Ra Arkestra, por ejemplo) potenciado con letras de palpitante actualidad (diría un presentador de noticias), se construye un disco pleno de forma y fondo, que sintoniza justo con un tiempo y un lugar.

Éste es un manifiesto de orgullo femenino que explora en las profundidades del alma y comunica las conclusiones en el mejor paquete posible. Detrás de la arquitectura sonora, la mano maestra de Raphael Saadiq como mentor, co-productor, bajista y consultor permanente brinda una explicación certera sobre el producto final. Primera espada del neo soul, el músico que patentó un nuevo sonido negro en los 90—a partir de una exploración en las raíces del sonido Motown de los 60—, otorga una garantía de calidad que la protagonista enaltece con su propio, potente, discurso. Es posible que los reflectores apunten sobre Lemonade y su brillante creadora. A su lado no debería descartarse ubicar esta pequeña obra maestra de la hermanita (a la que se creía) perdida.

8.5 10 5

Sony Music

Solange – "A Seat at the Table"

Puntaje de los lectores: (4 votos)