18/08/2017

Richard Coleman - "F - A - C - I - L"

Un viaje al pasado para redefinir el presente sin necesidad de nostalgia.

Coleman
8.1 10 48

Pop Art

Richard Coleman - "F - A - C - I - L"

Puntaje de los lectores: (47 votos)

Durante muchos años, Richard Coleman hizo de la oscuridad su propio estandarte. Los dos discos de Fricción y los seis que registró junto a Los 7 Delfines daban cuenta de un mundo privado opresivo y enrevesado, en los que los picos de emoción encontraban en una media sonrisa su expresión más benévola. No fue hasta que se cortó por su lado que Coleman pudo hacer las paces consigo mismo y también con su propio legado, con una carrera solista que se erigió sin mirar hacia atrás salvo que fuera necesario, y que le permitió algo que durante años le resultó esquivo: dar un paso al frente y sacarse de encima el rótulo de príncipe de las tinieblas.

Tras hacer una puesta al día de su propia trayectoria con un box set ambicioso grabado en vivo, Coleman delineó (je) su siguiente paso con cautela. Grabado con la banda que lo acompaña hace años (y con el aporte de compañeros que estuvieron presentes en los 80 y sobrevivieron a su timoneo), F - A - C - I - L se formula como una cinta de Moebius en la que, para entender su presente, es necesario desandar el camino y volver hacia el pasado. El resultado final no busca ser un ejercicio de nostalgia, pero eso no quita que tome a una veta ya transitada y la refresque y la revitalice.

Lejos de los ribetes lúgubres que abundan en su discografía, su tercer álbum solista abre el juego con el tema homónimo y sienta las bases para lo que sucederá en los cuarenta minutos que le siguen. Una guitarra funkeada y un bajo intrépido dominan el plano mientras Coleman arroja pequeñas máximas de auto superación (“Fácil es amar, lo difícil es durar”, “Fácil es pensar, no es lo mismo realizar”), mientras un coro fantasmal deletrea el nombre del tema, en una atmósfera que va de la pompa fúnebre al fervor disco. Ese mismo clima se reactiva en “El agua no se puede beber”, con su estribillo que parece anticipar un desastre inminente por miedo a no saber qué contiene el vaso que le pusieron enfrente vaya uno a saber cuándo (“No tengo sed, y lo que hemos tomado no sé con qué lo han preparado”).

Richard Coleman

Foto: Pop Art / Gentileza

Aunque por momentos el álbum tenga sus chispazos guitarreros (como se podía evidenciar en ¡"Simpático!", su primer single), el resultado final busca abrirse su merecido lugar en el mainstream y, de paso, mojarle la oreja. De la mano de Juan Blas Caballero, un productor con varios pergaminos en el mundo del pop, Coleman balancea la fórmula al revivir el post punk funkeado de Fricción con el eje puesto en el presente. Esa búsqueda es la que le permite salir airosas a “El ritmo cuando rima” y “Para sufrir de verdad”, y también a la claustrofóbica “Sin un plan”, en la que la frontera entre los instrumentos orgánicos y emulados se desdibuja con una cuota de oscuridad apenas reglamentaria (“Nos llevará toda la vida sellar el pacto suicida”).

Y si el grueso del disco está grabado junto a la banda que lo acompaña hace ya largo rato, F - A - C - I - L tiene también su cuota de reencuentro. A los aportes de Roly Ureta (integrante de la segunda formación de Fricción) en guitarras, se suma el agregado de Andrés Calamaro en “Días futuros”. Más de treinta años después de que ambos compartieran sesiones en Vida cruel, segundo álbum solista del Salmón, el tiempo parece no haber pasado, o al menos eso sugiere una letra opresiva cantada a dúo (“La espera es eterna, la emoción es violenta / En días futuros, más adelante ya se verá”). Casi como un contrapunto, “Tu mejor momento” equilibra la balanza en forma de una balada que crece a partir de los zigzagueos entre las seis cuerdas de Ureta y las de Gonzalo Córdoba.

Después de “Cuarto secreto”, un rock que deviene sin preavisos en una jam session con tintes jazzeros, el disco encuentra en “Desechos cósmicos” su punto más alto, y también la declaración de principios más clara de su creador. En poco más de cinco minutos, Coleman y su banda recrean un clima épico y casi cinematográfico que evoca un aire sci-fi de levitación controlada. Poco antes de que el tema se diluya en una coda espacial, Richard sentencia: “Apelo a mi conciencia y elijo ignorar / a convertirme en una estatua de sal”. Vista al azar, la frase puede pasar inadvertida, pero puesta en contexto dice más que lo que parece sugerir. Después de tres décadas de carrera, Coleman reivindica su presente sin necesidad de enrostrar pergaminos del pasado, y tiene con qué hacerlo.

8.1 10 48

Pop Art

Richard Coleman - "F - A - C - I - L"

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