10/05/2016

Radiohead – “A Moon Shaped Pool”

Poné canciones tristes para sentirte mejor.

8.3 10 44

XL Recordings

Radiohead – “A Moon Shaped Pool”

Puntaje de los lectores: (43 votos)

Una pileta con forma de Luna. La Luna tiene forma de limón. Radiohead no tiene forma.

Tómese el punto icónico de la obra de Radiohead. No es un disco, ni un tema, ni un estribillo, ni una melodía. Ese serrucho de guitarra (ch-ch ch-ch) antes del estribillo de “Creep”. Porque antes de eso, “Creep” es una balada feliz de acordes mayores. Después, una balada triste de acordes mayores.

A partir de ahí, de la destrucción de su contexto, el segundo punto icónico de la obra de Radiohead fue la destrucción de la canción. Y de sí mismos. A la canción la destruyeron por implosión. Como si ese serrucho en “Creep” hubiese provocado la escisión necesaria para habitar la canción desde adentro y, a partir de allí, derruir sus partes con perfeccionismo paciente. A sí mismos, en cambio, se destruyeron por negación: cada disco se volvió antítesis del anterior y nunca volvieron sobre sus pasos. Desde Kid A (2000) en adelante, Radiohead se movió por ímpetu dialéctico.

En A Moon Shaped Pool, y por primera vez en su historia, lo último de Radiohead no es lo nuevo de Radiohead. De las 11 canciones que integran el disco, ocho ya existían -de forma más o menos acabada- previamente. Una recuperación de esquirlas del pasado, restauradas para que oficialmente pertenezcan al repertorio. “A True Love Waits”, que cierra el disco, por ejemplo, ha sido tocada en vivo por el grupo desde hace más de 20 años. El punto final de Radiohead esta vez no es mirando hacia delante sino hacia atrás, aunque con el padecimiento de la libertad que mostraron siempre: “No estoy viviendo / sólo estoy matando el tiempo“, canta Yorke mientras un piano tenebroso se derrumba por detrás.

Al otro extremo de la lista de temas (el disco sigue un orden alfabético), “Burn the Witch” responde a la lógica autodestructiva del grupo. Sobre unas cuerdas chispeantes y dramáticas, Radiohead suena grandilocuente y uptempo, en contraposición al minimalismo atormentado de The King Of Limbs (2011). Pero lejos de establecer el tono del disco, “Daydreaming” enseguida se planta como un vals sombrío y perturbador. A partir de un arpegio de piano que se vuelve enrevesado y onírico (“Los soñadores no aprenden más”, canta Yorke), aparecen los primeros ruidos manipulados hasta que el laberinto parece terminar a los pies de una bestia que dormida exhala sus graznidos.

Radiohead

“Decks Dark”, la primera estrictamente nueva, es un trip hop etéreo que tiene todo lo que se espera de Radiohead desde que se convirtieron en una banda de post rock. Yorke disuelve la melodía mediante el proceso inverso al hip hop. Si el flow enfatiza el carácter rítmico de las palabras mediante la exageración de las sílabas percusivas, acá, mientras Jonny Greenwood hace estallar sus distorsiones en slow motion, el cantante suaviza las consonantes hasta deshacer los versos y lograr que la voz se licue entre un motivo de piano de cuatro notas descendentes.

Pero Greenwood también prueba que tiene uñas de guitarrero. “Desert Island Disk” (recupera aires de pastoral), “The Numbers” (un psycho folk denso) y “Present Tense” (el coqueteo latino a través de la bossa nova) son el tridente de guitarras acústicas con el que Radiohead demuestra que, también, es una banda de mundo. “Full Stop”, por el contrario, es claustrofobia de laboratorio. Primero una batería entra en fade in (o zoom in) y revela sus irregularidades a medida que se enfoca, y luego Yorke parte el tema en dos con su planteo devastador de la realidad. Radiohead vuelve aquí a la alienación desesperante de In Rainbows (2007). A la bíblica “La verdad los hará libres” (Juan 8:32) , el vocalista contrapone, con un falsete susurrado, “La verdad los hará mierda“.

Las cuerdas, ya parte de Radiohead no como aditamento sino como ingrediente principal, reaparecen casi en plan sinfónico en “Glass Eyes” (otra 100% nueva) y se retiran en “Identikit” para que el grupo suene lo más parecido posible a una banda de rock. En la introducción, el nombre del disco alcanza a divisarse entre un overdub de voces y, una vez que la canción se establece, por fin llega el clímax (“Corazones rotos hacen llover”, repite Yorke al límite de la locura y el kraut rock). Sobre el final, Greenwood pervierte su propio arreglo hasta transformarlo en un solo espiralado que se precipita y se interrumpe.

La tercera y última novedad del disco, “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief” (título tomado de una canción de cuna del siglo XVII), llega antes de que “True Love Waits” oficie de despedida. “Cariño, vení conmigo antes de que sea demasiado tarde” suplica y se lamenta Yorke casi sin esperanzas, sobre una percusión de ruido blanco suavizado que decanta en una coda oscura.

El domingo pasado, cerca de las 15 (hora argentina), la BBC Radio 6 trasmitió el lanzamiento de A Moon Shaped Pool como si del Apolo 11 se tratara. Así de relevante es Radiohead hoy, aunque sea imposible determinar su forma. Tal vez porque Radiohead tiene forma de Radiohead.

8.3 10 44

XL Recordings

Radiohead – “A Moon Shaped Pool”

Puntaje de los lectores: (43 votos)