14/10/2019

Nick Cave and the Bad Seeds - "Ghosteen"

El dolor después del dolor.

Nick Cave
7.5 10 30

Ghosteen Ltd.

Nick Cave and the Bad Seeds - "Ghosteen"

Ghosteen Ltd.
Puntaje de los lectores: (29 votos)

El 14 de junio de 2015, la vida de Nick Cave se partió en dos. Ese día, Arthur, uno de sus hijos, de 15 años, compartió un par de ácidos con un amigo y luego murió al caer por un acantilado cerca de la casa familiar. El hecho generó una cicatriz indeleble en el músico australiano, que no quedó sólo en su círculo íntimo: el líder de The Bad Seeds reformuló también su contacto con el afuera. Lo que antes parecía una muralla infranqueable entre el artista y su público, pasó a convertirse en una celebración pagana y masiva, como pudo verse en su show en Malvinas Argentinas el año pasado. Lo único que parecía faltarle a Cave era exorcizar sus sentimientos en el estudio.

Desde su nombre y el concepto que lo atraviesa, Ghosteen es la manera en la que el autor de “Red Right Hand” traduce su desasosiego en música. El “adolescente fantasma” que habita en el juego de palabras del título ("ghost teen") tiene su razón de ser en un álbum doble en el que, según el propio Nick Cave, las primeras ocho canciones son los hijos y las tres finales, los padres. A lo largo y ancho de esas 11 composiciones, probablemente las más tristes y sentidas que Cave desarrolló en su carrera, el amor, la soledad, la religión y el luto se vuelven vehículos posibles para intentar entender una tragedia y hacer que ese espíritu migrante que habita en cada sonido siga su camino en el paraíso del arte de tapa.

Con sus drones de sintetizadores en cámara lenta, “Spinning Song” retoma el mito de la figura de Elvis Presley (algo que ya había hecho en “Tupelo” en 1985), sólo que ahora El Rey sirve como una metáfora del legado que dejan las personas aún años después de abandonar el plano terrenal. “Ya vendrá un tiempo para nosotros”, repite Nick Cave antes de que su voz se resquebraje al pronunciar un “Te amo”, como si se desarmara en cada sílaba. El telón de fondo suena como Kraftwerk tomando una pompa fúnebre, hasta que a la voz la envuelve un coro que parece emular una procesión. Por oposición, los acordes de piano de “Bright Horses” y los falsetes de Warren Ellis ponen a los Bad Seeds en la misma senda que el Sigur Rós más luminoso, como rayos de sol diminutos que se cuelan a través de un cielo tempestuoso.

Nick Cave
(Foto: Cecilia Salas)

En una versión sumamente minimalista y atmosférica de los Bad Seeds, el fantasma de Arthur transita cada rincón: está en esa especie de postal veraniega llamada “Wating for You”, en la que Cave suplica su regreso para luego resignarse y espetar “Bueno, dormí, tomate el tiempo que necesites”, y parece ser también el responsable del clima atribulado de “Night Raid”, con sus oleadas de ruido blanco.

A la altura de “Sun Forest”, el clima se pone sumamente hermético: en un formato post-post rock asfixiante, Nick Cave realiza su propia catarsis al entender que debe soltar, pero se ve imposibilitado de hacerlo. Y ahí, el hombre que convirtió a la religión en una de las obsesiones de su obra, tuerce el planteo y se muestra desencantado con una fe que no supo ofrecerle consuelo alguno en el momento más difícil de su vida (“Y un hombre llamado Jesús / prometió que nos dejaría con una palabra que iluminaría la noche (...) Pero no es divertido estar parado acá, solo, sin ningún lugar donde estar / Con un hombre loco de pena y un ladrón a cada lado”).

Envuelta en una secuencia de acordes mayores, “Galleon Ship” aporta una cuota levemente positiva o de sanación, antes de que “Ghosteen Speaks” y “Leviathan” pongan las cosas en negro sobre negro: la primera, por darle la voz narrativa a los muertos contemplando un sepelio (“Bueno, me parece que se reunieron todos por mí”); la segunda, por recurrir al mito bíblico del monstruo marino como excusa de un no future anímico, la angustia hecha canción.

Todo lo que el primer disco tiene para decir en ocho canciones, el segundo condensa en tres tomándose casi la misma cantidad de tiempo. “Ghosteen” desarrolla una atmósfera opresiva y melancólica durante varios minutos hasta que la voz de Nick Cave hace finalmente su entrada, en lo que parece ser una canción de cuna para un fantasma, entre estrofas apagadas y un puente lleno de pompas y arreglos orquestales. Lo que sigue no es menos intenso: “Fireflies” es un recitado en el que la música cumple una función microscópica porque lo que importa es ese relato de cómo a su autor el trauma le afectó la posibilidad de contemplar la belleza de las cosas y poder tomar conciencia de lo minúsculo que es el hombre en la vastedad del universo. 

Ese periplo de luto y sanación alcanza su forma máxima en “Hollywood”, quizá la página más oscura de Ghosteen. Allí, Cave echa mano al mito budista de Kisa Gotami, una mujer que acudió a Buda para que reviviera a su hijo muerto sólo para entender que las tragedias son tan dolorosas como irreversibles. “Es un largo camino hacia la paz mental / Cariño, tus sueños son la mejor parte, los llevo en mi corazón / Ahora sólo estoy esperando que llegue mi hora, que llegue la paz”, repite el músico con una cuota de dolor y resignación a la que es imposible evadir. Cave parece haber encontrado el lugar en el que liberar el dolor para no dejar que lo consuma, y quizá sea el primer paso de un proceso que no conoce de tiempos ni de etapas. Para el afuera, solo queda elegir acompañar o no la mitigación del dolor ajeno.

7.5 10 30

Ghosteen Ltd.

Nick Cave and the Bad Seeds - "Ghosteen"

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Puntaje de los lectores: (29 votos)