07/12/2019

Leonard Cohen - "Thanks for the Dance"

Cómo ver el aleteo del colibrí.

Leonard Cohen
8.2 10 8

Sony Music

Leonard Cohen - "Thanks for the Dance"

Sony Music
Puntaje de los lectores: (7 votos)

Casi todos los discos completados después de la muerte de un músico son una bazofia, publicados únicamente para exprimir las billeteras de los fans más acérrimos sin preocuparse por el daño que puedan hacerle al legado artístico en cuestión. Thanks for the Dance es, precisamente, un álbum armado con recitados que Leonard Cohen grabó mientras le daba forma a su despedida con You Want It Darker, y terminado por su hijo Adam, músico y productor de aquel trabajo. Pero alcanza con escuchar esa voz grave durante los primeros 20 segundos de "Happens to the Heart" para sacarse cualquier prejuicio y prepararse a descubrir una joya más del canadiense, aunque no haya sido él mismo quien terminó de pulirla.

Sucede que en esos 20 segundos Leonard Cohen desarma cualquier especulación. "Siempre estaba trabajando firmemente / pero nunca lo llamé arte / puse mis cosas en orden / conociendo a Cristo y leyendo a Marx", suelta como si tal cosa, como si todavía estuviera tomando un café en Los Angeles, siempre con su sombrero y su traje impecables, la encarnación misma del deseo de sabiduría que deberían dar los años. Cuesta usar pretéritos cuando se escucha esa voz a la que siempre se le prestó atención como si en algún momento realmente fuera a dar la fórmula para vivir. "Andá a contarle al mesías joven / lo que le sucede al corazón", redondea la estrofa. Y entonces, una vez más, las respuestas son cuestionamientos.

Quizás esa haya sido la virtud suprema de un artista de las palabras: hizo que las certezas se desvanecieran y que las dudas empujaran la búsqueda. En su obra pueden rastrearse algunas pistas sobre cómo entender el amor, el sexo, la espiritualidad, la política, la muerte y hasta la mismísima humanidad, pero nunca fue un mapa o un GPS. Consciente de que muchos lo miraban de ese modo, Cohen les ofreció una muestra del humor durante su última gira, cuando en el final de "Tower of Song" prometía develar todos los misterios, hacía una pausa y finalmente repetía una vez más el coro "Du dam dam da de du dam dam".

Así y todo, cuesta no buscar en sus palabras esa respuesta que el ajetreo cotidiano pospone o hunde en un océano de confusión. You Want It Darker, aparecido 19 días antes de la muerte de Cohen, fue una despedida y una señal de alerta: ¿dónde hay que firmar para irse así, cuando uno está listo, como él cantó en la canción que le daba nombre al disco? Pero si ahí los chispazos de sabiduría apuntaban a decir adiós de manera serena, las canciones reunidas en Thanks for the Dance son atravesadas por una energía vital que hace pensar en lo que vendrá (en este plano y en el siguiente, si es que llega a existir).

Leonard Cohen

Hay algo de balance, claro. "Gracias por el baile", cantó Cohen sobre uno de sus típicos valses. "Fue un infierno, fue grandioso, fue divertido / Gracias por todos los bailes / Uno-dos-tres, uno-dos-tres, uno". Y el verbo "cantar" no es una casualidad, porque la musicalidad de las palabras y el tono del canadiense son de canciones, no de poesías recitadas. La misión de Adam fue arroparlas y para eso llamó a los sastres que conocían a su padre a la medida: los músicos con los que grabó buena parte de su obra. Por eso el laúd y la mandolina, por eso los coros femeninos, por eso los pianos y la guitarra española. Algunos nombres estelares -Beck, Feist, Daniel Lanois- hacen aportes acotados, como si sólo pasaran a saludar al poeta.

La muerte, que Leonard Cohen ya intuía mientras grababa, aparece en "Moving On", una oda a su amor por Marianne Ihlen (la musa de "So Long, Marianne", entre otros clásicos), quien había fallecido poco tiempo antes que él. "Y ahora te has ido, ahora te has ido / como si nunca hubieras estado / reina del lila, reina del azul / quién está avanzando, quién jode a quién". Hay sexo agitado ("sus pezones se alzaron como pan"), mentiras y sudor en la traducción de "La casada infiel", un poema de Federico García Lorca rebautizado "The Night of Santiago". Y está la mirada sobre la humanidad y la historia en "Puppets", donde todos son marionetas y nunca se devela quién maneja los hilos.

Pistas y más pistas sobre la vida y la muerte, sobre cómo intentar trepar las colinas aunque ya no haya fuerzas ("The Hills") o sobre sentirse derrotado ("The Goal"), siempre con esa palabra que parece revelarlo todo antes de tornarse signo de interrogación. Y en el final, una pista más, pero de un origen diferente: Adam rescató los fragmentos de un poema inconcluso que su padre recitó durante su última conferencia de prensa. "Escuchá al colibrí / cuyas alas no podés ver / escuchá al colibrí / no me escuches a mí", sentencia e ruega al mismo tiempo. Pero sucede que ese aleteo invisible es lo que habita en las palabras y la voz de Leonard Cohen.

8.2 10 8

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Leonard Cohen - "Thanks for the Dance"

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