03/09/2019

Lana Del Rey - "Norman Fucking Rockwell"

De los riesgos que la cantante tomó en su carrera, éste es el que más valió la pena.

Lana Del Rey
9.0 10 25

Universal

Lana Del Rey - "Norman Fucking Rockwell"

Universal
Puntaje de los lectores: (24 votos)

Después de mostrar su sonrisa, bailar con The Weeknd en la H del cartel de Hollywood, dedicarle un himno optimista a sus fans y comprometerse a ser un agente de cambio, Lana Del Rey está de vuelta para ver cómo su universo simbólico se va al carajo. Su quinto disco, Norman Fucking Rockwell, encuentra sus mejores momentos como compositora mientras las llamas hacen cenizas su moodboard en Super 8 de iconografía patriótica estadounidense que va del del viejo Hollywood al grunge, por Los Ángeles y las rutas de la costa oeste.

La referencia al ilustrador Norman Rockwell parece anunciar el escenario conceptual del disco: el pasado idealizado de valores tradicionalistas de los Estados Unidos del siglo XX en tensión con las verdades duras que el presente le revela a un país enamorado de su propia mitología. Un momento fantástico para que Lana desmenuce el melodrama de sus relaciones y las complejidades de la mujer y la artista que es, lo que significa y lo que quiere.

Me cogiste tan bien que casi te digo ‘te amo’”, le canta a un chongo inmaduro en el tema del título. Está más afilada que nunca en las punzadas devastadoras a esos tipos tóxicos que no puede evitar amar. “Tu poesía es mala y le echás la culpa a las noticias”, sigue. Lana siempre tomó la forma de una figura de otro tiempo: era una hippie de los 60, una cantante de jazz o una musa de MGM.  Después de convertirse en la patrona de todo lo emo del pop de la década, a los 34 años ya no está definida por las trágicas sad girls que habitan sus canciones. Y aunque todavía sintoniza sus ‘yo’ de otros tiempos, hoy más que nunca habla la versión de sí misma sin filtro (sepia). 

Sacaste de contexto mi tristeza (...) no soy una vela en el viento”, canta en “Mariners Apartment Complex” sobre una paleta sonora inédita para ella: folk íntimo, casi completamente libre de reverb, que va floreciendo y apilando acordes de Mellotron. “Estás perdido en el mar, traeré tu bote hacia mí otra vez…”, le canta a un tipo a la deriva y le asegura “Soy tu hombre”, citando una vez más a Leonard Cohen. Quizá se subestimó lo desafiante que siempre fue al poner al frente su verdad emocional. Eso siempre la hizo fuerte, no una damisela en apuros. 

En “Venice Bitch”, Lana Del Rey describe una relación idílica y libre de problemas sobre acordes suaves de guitarra. Pero después de dos estribillos y un puente, el momento donde la mayoría de las canciones pop encaran su tramo final, la canción empieza a desenrollarse. La voz de la diva desaparece por ratos largos, mientras los paisajes de Jack Antonoff se vuelven más lisérgicos con sintetizadores analógicos y guitarras obturadas, llevando el track más allá de los 9 minutos. 

Lana del Rey

Antonoff es el principal productor de Norman Fucking Rockwell. Viene de dejar su huella en álbumes de Lorde, St. Vincent y Taylor Swift, y su principal virtud parece ser facilitar el trabajo de autoras establecidas sin entrometerse mucho. En este disco no hace nada que remita a ellas ni que desentone con lo que Lana viene cuidadosamente cultivando. Deja de lado los beats traperos con los que la dama venía modernizando su pop de cámara, y se inclina por algunos pasajes psicodélicos de surf rock y folk californiano, dándoles aire y espacio a las canciones aunque toque hasta seis instrumentos en algunas.

Curiosamente, Antonoff no participa de uno de los momentos más fuertes del disco: el cover de “Doin’ Time”, de Sublime. Producida por Andrew Wyatt, la versión baja un poco el tempo de la original y le da una vibra más atmosférica, adaptando el rapeo de Bradley Nowell al fraseo jazzero de Lana Del Rey. Suena como si estuviera hecho para ella, al punto que hace pensar cuántos de sus propios versos podrían ser fácilmente trasladados al rap. ¿Acaso estuvo la rapera blanca del pop de la década frente a los ojos del mundo todo el tiempo?

Pero si hay una pieza central del disco, esa es “The Greatest”. Se anuncia con una progresión de acordes de piano y guitarra familiar a tantos himnos que es difícil mencionar uno (David Bowie y Elton John vienen a la mente). Lana alude a las ansiedades políticas, el cambio climático y la amenaza de una guerra nuclear, y admite que ya no encuentra refugio: extraña el rock n roll, los Beach Boys y que las cosas se sientan como antes del Kanye West “rubio e ido” de la gorrita de MAGA. La canción es, en realidad, el luto sobre una idea ilusoria de Estados Unidos que se hunde como el Titanic. Lana no está para salvar a nadie o hacerlo sentir mejor al respecto. Pero puede quedarse cantando una última canción.

Rockwell cambió su destino como artista en la última etapa de su vida, después de casarse con un maestra de primario con conciencia de clase a finales de los 50. Un poco por su progresismo tardío y otro por la necesidad de que lo tomaran en serio en el mundo del arte, se dedicó a retratar momentos clave de la lucha por los derechos civiles y produjo algunas de las obras más potentes de su carrera, en cierta forma saldando una cuenta con el uso propagandístico al que había puesto su técnica.

Para el cierre del disco, “hope is a dangerous thing for a woman like me to have - but i have it”, Lana Del Rey pone en el banquillo a su “black narcissist” interior, su lado apático. “A ella no puede importarle menos y a mí no puede importarme más”, canta acompañada solamente por Antonoff en el piano. Se define como una “mujer débil" ("todavía tengo monstruos bajo la cama que nunca pude pelear”) y sabe que tener esperanza puede encaminarla a una desilusión catastrófica. “Pero la tengo, sí, la tengo”, repite hacia el final. De todos los riesgos de su carrera, éste es el que más valió la pena.

9.0 10 25

Universal

Lana Del Rey - "Norman Fucking Rockwell"

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Puntaje de los lectores: (24 votos)