31/05/2020

Lady Gaga - "Chromatica"

Sangre pop.

Lady Gaga
8.0 10 32

Universal

Lady Gaga - "Chromatica"

Puntaje de los lectores: (31 votos)

“Este es mi dancefloor, por el que luché”, anuncia Lady Gaga en “Free Woman”, un highlight de Chromatica, su sexto disco de estudio, y declara así su gran retorno al pop bailable. Pero ya no es la misma... y la pista tampoco. Gaga se alejó cuando todas sus contemporáneas la empataron en provocación visual y ella apareció con Artpop (2013), ese mamut posmoderno de pop electrónico, edm, industrial, dubstep, r&b y muchos etcéteras que agotó su política de “más es más”.

Después de cinco años de su ascenso al dominio del pop, Lady Gaga no tenía hacia dónde subir. Así que recalculó: vinieron Cheek to Cheek (2014), la colección de standards de jazz con Tony Bennett, y Joanne (2016), un disco que la acercó al soft rock, el country y a ciertos hombres reputados del rock como Mark Ronson, Kevin Parker y Josh Homme. Fueron rumbos válidos y probablemente necesarios, pero casi traidores de la idea de Lady Gaga como popstar. ¿No estaba más allá de agarrar la guitarra, ponerse un sombrero de vaquera y envolverse con significantes rancios del siempre fraguado concepto de “autenticidad”?

Después llegó A Star is Born, la Gaga la estrella de cine, merecidamente oscarizada por “Shallow”, su primer hit en años, y un relanzamiento de carrera bastante espectacular. En perspectiva, cada paso fue otra performance. Es que Lady Gaga es una máquina extraordinaria en redefinición constante. Y en Chromatica es una diva technicolor del house, un sonido que le va justo, como tantos otros, pero que ella aborda con un foco especial.

Producido principalmente junto a BloodPop -que venía de tener un rol menor en Joanne- y contribuciones importantes de Burns y Axwell, entre otros, Chromatica retoma algo de la electrónica de los 90 y los primeros 2000. Días antes del lanzamiento, Gaga publicó una playlist en Spotify con los tracks que inspiraron su “nuevo” sonido. Desde “Gypsy Woman” de Crystal Waters y “Finally” de CeCe Peniston a “1999” de Cassius, pasando por clásicos de Frankie Knuckles, Tiësto y Bob Sinclar. De esa fuente interminable se puede rastrear el origen de ostinatos y riffs de piano, hasta ideas de padas y compresión de hihats, pero que vuelven completamente reorganizadas.

El disco abre con “Chromatica 1”, la primera de tres piezas orquestales preciosas y breves que dividen al disco en igual cantidad de partes. Le dan a la experiencia de escucha un aire que de otra forma faltaría. Lady Gaga y BloodPop se inclinaron por llevar sus confecciones a su extensión mínima. Seis de las 13 canciones están por debajo de los 3 minutos y solo una supera los 4. Todas laten en un rango acotado de 116 a 123 bpm. Casi como ningún otro disco de la diva, Chromatica funciona como un set. Y es más que la suma de sus partes.

La primera canción, “Alice”, arranca directo en el estribillo: “Mi nombre no es Alicia, pero sigo buscando el Pais de las Maravillas”. Esto es Lady Gaga diciendo "no necesito otro personaje para hacer esto". La sigue “Stupid Love”, una canción tentativa en su temática. Casi que pide otro verso o una vuelta de tuerca para que no sea una sucesión motifs pegadizos. Es infecciosa, por supuesto, pero como primer single promueve la idea de Chromatica en una propuesta escapista, cuando es, en realidad, catártica.

Sin pasar por personajes ni teorizaciones, sin constelar con tías muertas, Gaga se mira a sí misma, su trauma, su confusión, su tristeza, su valor y su valentía. En el dueto con Ariana Grande, “Rain on Me”, habla de hacer las paces con lo inevitable de la adversidad como mejor camino para enfrentarla. Lo que se sabe de las dos divas y sus historias informa la canción, pero aún así la conexión emocional entre ellas es palpable. Y es algo que no se puede decir de la mayoría de los feats que abarrotan los charts, incluyendo uno de este mismo disco.

Lady Gaga

Pero esta Lady Gaga sin pretensiones warholianas puede ser un arma de doble filo. En “Fun Tonight” retoma el tema que examinó muchas veces, incluso antes de conocerlo de cerca: la fama. “Amás los paparazzis, amás la fama”, canta jugando a la autorreferencia a su primer disco, “Aún cuando sabes que me causan dolor. Siento que estoy en una prisión”. En “Plastic Doll” parece aludir tanto al destrato de un hombre como el de la turba virtual. “No juegues conmigo, me lastima, no soy tu muñeca de plástico”. Después de haber desmenuzado la idea de fama tantas veces y de formas más interesantes, que la retome en el ya transitadísimo modo víctima es una involución llamativa. Quizás está en la naturaleza tóxica de ser famoso encontrarse sin un buen modo de reflejar la experiencia desde adentro.

Estos dos momentos rodean a otro confesionalmente más interesante y musicalmente sublime: la secuencia perfecta entre la pieza instrumental “Chromatica II”  y “911”, un synthpop oscuro con un bajo sincopado y una Lady Gaga robótica hablando de sus batallas mentales, y la relación conflictiva con la medicación necesaria para tratarlas. “Soy mi enemiga más grande, desde el primer dia”, canta su voz procesada. Los demonios internos parecen ser el tema subyacente en el disco, algo que puede pasar inadvertido gracias al espíritu eufórico de algunos tracks como “Replay”. “El monstruo adentro tuyo me tortura, las cicatrices de mi mente están en replay”, proyecta sobre un beat glamoroso de french house. Es una yuxtaposición verdaderamente efectiva. Incluso cuando la producción se pone demasiado derivativa, como en “Sour Candy” -una colaboración con Blackpink con toda la pinta de anzuelo para las rabiosas huestes del K pop-, la cantante tira un pre estribillo glorioso que redime todo el asunto.

Chromatica tiene momentos brillantes hasta en su último tramo. Elton John, una amistad que Gaga ha mantenido a través de los años, aparece en “Sine from Above”, que se encumbra sobre un crescendo que recuerda al punteo “Here Comes the Rain Again” de Eurythmics. “Cuando era joven, me sentía inmortal. No pasaba un día sin luchar. Vivía mi días solo por las noches, me perdía en las luces”. Gaga y Elton cantan esto la vez, pero es el melodrama de él y la autoridad de su voz lo que llevan a la canción al siguiente nivel. Es un momento épico que culmina con un rapto drum&bass de 20 segundos.

Después de “1000 Doves”, otro pasaje lacrimógeno originalmente gestado como una balada al piano (el demo aparece en la versión deluxe de Chromatica), cierra con la festiva “Babylon”, una suite diseñada para alimentar el revival de las batallas de voguing. Samplea el bajo de “Confusion” de New Order y sí, recuerda al patrón rítmico de la base de “Vogue” y su spoken rap afectado. Por suerte es lo suficientemente diferente como para evitar que Madonna le responda con un mashup pasivo agresivo. Cuando el beat lujoso desaparece, Lady Gaga termina la canción haciendo palmas con su coro y comandando: “Peleá por tu vida, Babylon”. Es un cierre memorable para su LP más consistente desde The Fame Monster.

Chromatica iba a salir a principios de abril, pero fue demorado por el coronavirus. Lady Gaga usó ese tiempo para encargarse de la curaduría de One World: Together at Home, el concierto virtual que recaudó 127 millones de dólares para los trabajadores de la salud. En una entrevista antes de la salida del disco, Gaga le explicó a Zane Lowe que quería hacer una contribución concreta al clima social, antes de aparecer con hacer una abstracta, artística, que para ella representa este disco.

Finalmente, Chromatica salió durante la noche en que las protestas por la violencia racista estallaban en diferentes ciudades de Estados Unidos y la diva terminó suspendiendo una listening party. Quizá no tiene sentido buscarle al pop un momento apropiado. Por lo menos, ahora se sabe que cuando sea que reabran la pista, Lady Gaga va a estar ahí esperando.

8.0 10 32

Universal

Lady Gaga - "Chromatica"

Puntaje de los lectores: (31 votos)