15/10/2015

Keith Richards – “Crosseyed Heart”

Una guitarra y un micrófono: el viejo Keef no necesita más.

7.4 10 18

Universal

Keith Richards – “Crosseyed Heart”

Puntaje de los lectores: (17 votos)

La guitarra se mete con un blues rural y se escucha cada detalle del movimiento de esa mano huesuda sobre las cuerdas. Cada respiración antes de arrancar a cantar. Así, sucio y desprolijo, arranca Crosseyed Heart, el tercer disco solista de Keith Richards, con esa suerte de fragmento de canción que le da título. Dura menos de dos minutos y en el final, el nervio motor de los Rolling Stones suelta “Ok, eso es todo lo que tengo”.

Pero miente, claro: Richards tiene muchas facetas más que las que el ojo percibe a primera vista. Mientras uno se ríe con sus declaraciones sobre aspirarse las cenizas de su padre o trata de entender qué dice cuando abre la boca (cuesta decir que “habla”), este veterano de mil batallas crea otra canción, le agrega un detalle más a su leyenda musical, se sumerje en sus fuentes bluseras, sueña otro riff inolvidable... Así, al tiempo que se ilusiona con que la piedra siga rodando dentro del estudio de grabación, despacha su álbum más ecléctico y excéntrico.

Es cierto que Richards no es un gran cantante, pero sí uno decente y con personalidad, que a esta altura se mueve en un terreno que transitaron Lou Reed y Tom Waits. Más “decidor” que “melodioso”, recurre a coristas o a detalles en los planos de la grabación para sostener las canciones con más vértigo (“Amnesia”, “Heartstopper”, “Trouble”), y deja que su registro más grave y gastado exprese la frustración de la traición en “Robbed Blind”.

Como suele hacerlo, Keef baja las revoluciones con un reggae, en este caso el “Love Overdue” de Gregory Isaacs, y salta del R&B a la antigua de “Nothing on Me” a una balada como “Suspicious”. Y de allí a “Blues in the Morning”, un boogie con manchas de aceite en el overol (y una de las dos contribuciones de Bobby Keys, el fallecido saxofonista de los Rolling Stones). En “Illusion”, Richards y Norah Jones encarnan con gracia el acto de la pareja que descubre que el tiempo la ha apartado. Y escuchar la versión del standard folk “Goodnight Irene” (de Lead Belly) es casi como bucear en las ajetreadas venas del guitarrista.

Al cabo, el corazón pintado en la contratapa del disco –en obvia referencia a su título- da buena idea del contenido. Desde el centro, dos ojos miran con profundidad, separados por una cruz en forma de X. Y si cada trazo en sí mismo parece inacabado, el cuadro completo transmite sensaciones sin necesidad de retoques digitales ni filtros de Instagram. Con sus viejas armas –un pincel y pintura, una guitarra y un micrófono-, Keith Richards logra su mejor trabajo en solitario y resiste, una vez más, a los embates del tiempo.

7.4 10 18

Universal

Keith Richards – “Crosseyed Heart”

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