05/06/2018

Kanye West – “ye”

No more parties in Wyoming.

Kanye West
4.8 10 23

G.O.O.D. Music / Def Jam

Kanye West – “ye”

Puntaje de los lectores: (22 votos)

Desde que apareció con The College Dropout (2004), seguir el trayecto de Kanye West desde su infancia en Chicago hasta la mansión de Los Ángeles que comparte con su esposa Kim Kardashian y sus hijos ha sido un reality show fascinante, en el que el propio rapero y productor fue director de cámaras, guionista y figura central. Entre los discos de Kanye y sus manifestaciones públicas (en especial a través de twitter), medio mundo asistió a la construcción de uno de los egos más desbocados de la historia, amplificado por la inmediatez de las comunicaciones del presente. Un ego que hizo de la contradicción su motor y del exhibicionismo global su combustible, y en el que los chispazos no eran más que manifestaciones del genio.

Porque, entre otras cosas, Kanye West es un artista genial.

Pero esas alarmas que se encendían cada tanto por su comportamiento errático estallaron durante la gira de presentación de The Life of Pablo, su disco anterior, y Kanye pasó una temporada fuera del radar para tratar sus problemas mentales. Su reaparición pública incluyó el apoyo a Donald Trump, declarar que la esclavitud era “una elección” y un par de canciones muy menores. Hasta que, la semana pasada, los aviones privados repletos de músicos e “influencers” de la música con destino a Wyoming anunciaron la llegada de ye, el octavo disco de Mr. West. El hecho de que Kanye haya trabajado en el álbum hasta último momento y que haya diseñado la tapa con una app en camino a la presentación tampoco debería ser tan preocupante: con Pablo había reelaborado el disco y subido updates incluso después de publicarlo.

Quizá sea una exageración hablar de ye como un álbum, porque tiene siete canciones y dura 23 minutos. Eso sí, en concordancia con la obra anterior de Kanye West, muestra su estado mental en el momento de su creación. Lo hace desde las letras, con contradicciones tan enormes como su ego y varias rimas pavotas, pero también desde la música, en la que se nota demasiado el reciclaje de herramientas de producción (los samples “sorprendentes”, los planos sonoros, los feats ubicuos, el mensaje de audio de Nicki Minaj). Entonces, el reality de Kanye deja de ser fascinante y se parece a un juego morboso: asistir al inicio del fin de una psiquis antes venerada, la caída del ídolo transmitida por streaming desde adentro de su propia mente.

Kanye West

La propia tapa es un indicador claro, porque sobre la foto de las montañas de Wyoming, Kanye West escribió “Odio ser bipolar Es fabuloso”. En “Yikes”, va más lejos con sus problemas mentales: su bipolaridad no es una desventaja sino un superpoder, reclama, y termina gritando que es un superhéroe. Pero el aullido gutural del final del tema lo contradice de modo no intencionado; más que como reaseguro de sus palabras, suena a desesperación incontenible e indisimulable. El arrogante Kanye sale tirando piñas y pretende enmascarar sus debilidades como fortalezas, pero no ya no hay (tanto) sustento atrás como en el pasado.

En un plan similar, en “Wouldn’t Leave” rapea: “Dije ‘la esclavitud es una elección’, ellos dijeron ‘¿cómo, Ye?’ / Sólo imaginate si me hubieran agarrado en un día salvaje”. ¿Para qué admitir la idiotez del comentario si se puede ser sarcástico? Encima, deja en evidencia a Kim Kardashian, que lo puteó porque “podrían perderlo todo” (aunque, en realidad no sorprende a nadie que a la dama le importe el dinero en primer lugar).  En “I Tought about Killing You”, una suerte de spoken word amenazante sobre “asesinato premeditado”, también bromea que debería meter algo positivo para compensar la oscuridad. “Pero a veces pienso cosas realmente mala / Cosas realmente, realmente, realmente malas”, se desmarca. En esa canción, que abre ye, West revela su estrategia: “Decilo en voz alta, sólo para ver cómo se siente / Sopesá todas las opciones, nada está descartado”. El autodefinido “librepensador”, entonces, se manda sin filtro y deja ver todas sus grietas, esas que buenos beats y la producción brillante antes parecían tapar con enduido.

Ojo, por más que nada en el disco esté a la altura de Yeezus o My Beautiful Dark Twisted Fantasy, Kanye West todavía es un mago de la consola. Sólo que ahora los trucos les salen mejor a sus alumnos -con Kendrick Lamar y Chance The Rapper a la cabeza- y su propio estado de confusión lo lleva a repetir algunos. Sin deslumbrar, “Ghost Town” llama la atención en el contexto por una producción que mezcla las participaciones de John Legend, 070 Shake y Kid Cudi con guitarras eléctricas, electrónica chirriante, disparos de armas de Star Wars y base soul. “Y nada duele ya, me siento medio libre / Todavía somos los chicos que éramos, sí, sí / Pongo mi mano en una estufa para ver si todavía sangro”, repite la rapera y cantante de Nueva Jersey, aunque sea la mente de Kanye la que se expone casi pornográficamente y en HD.

El cierre con “Violent Crimes” es la prueba final del quilombo que reina en Westlandia: el rapero se preocupa por el futuro de su hija North, no quiere que tenga el cuerpo de su madre porque va a exponerse a los degenerados de internet y le teme al karma de su propio comportamiento con las mujeres. El asunto no iría más allá de una visión machista (este es el tipo que reclamó haber hecho “famosa a esa perra” hablando de Taylor Swift), pero resulta particularmente estúpida en el mismo disco en el que se enorgullece de haber llevado chicas al “titty shop” para ponerse implantes mamarios. Como si fuera poco, North West tiene actualmente 4 años.

4.8 10 23

G.O.O.D. Music / Def Jam

Kanye West – “ye”

Puntaje de los lectores: (22 votos)