30/10/2019

Kanye West - "Jesus Is King"

Casi una experiencia religiosa.

Kanye West
6.8 10 18

GOOD / Def Jam

Kanye West - "Jesus Is King"

GOOD / Def Jam
Puntaje de los lectores: (17 votos)

Ser negro y de derecha en Estados Unidos es un pecado tan grande que uno tiene que entregarse a Dios para lavar culpas y ganarse el perdón de su comunidad. Miralo a Kanye West, si no, que en el transcurso de seis años dejó de jugar a ser Dios (en Yeezus tenía un tema titulado "I'm a God") y pasó a pregonar que Jesús es Rey (Jesus Is King) en 2019. Ahora, Jesús, como la patria, es el otro ("Dios es" canta ahora). Claro que Mr. Kardashian tendrá que hacer un poco más.

Porque una cosa es ponerse la infame gorra roja para sacarse una foto con Trump y otra es, además, decir que ser esclavo "es una elección"... Esa frase tal vez haya sido el mayor disparo en el pie de un artista afroamericano desde que james Brown apoyó a Richard Nixon en 1972. Si el hip hop es imperialismo invertido, lo de Kanye fue imperialismo según las charlas TED. Y así le fue: se ganó el rechazo unánime de los suyos.

Su entrega total a Dios y al gospel puede pensarse como consecuencia de aquellas declaraciones, pero también como un delirio místico propio de su bipolaridad, como un acto de megalomanía enmascarada, como capricho artístico, como... bueno, al igual que Oscar Wilde, Kanye West contiene multitudes. Y todas conviven en Jesus Is King, a veces en equilibrio y a veces con fricciones.

De entrada, el primer desafío es inmenso. West se propuso cambiar la perspectiva de género: abandonar el hip hop y abrazar el góspel. Su coqueteo con el género no es nuevo, es cierto -"Two Words", de su disco debut, ya contaba con el Coro de Niños de Harlem-, pero sí es la primera vez que manifiesta su intención de que el góspel dicte las reglas de su rapeo y no al revés. Ese enroque supone, en términos éticos y estéticos, una diferencia radical en la construcción: mientras el hip hop es verticalista (el MC es Dios), el góspel es horizontal (el coro es el pueblo).

Al pensarse dentro del paradigma del góspel, Kanye West, el rapero más narcisista del siglo XXI, se enfrenta a la disolución de su propio ego. Un artificio imposible.

Kanye West

Esa tensión es la que domina gran parte de Jesus Is King. El comienzo es a puro júbilo a cargo del Coro de los Servicios Dominicales que él mismo creó, y en "Selah" hip hop y gospel se dan la mano sobre un órgano renacentista mientras Kanye West aprovecha su presentación en el disco para mostrarse como uno más: "Dios es Rey / Nosotros los soldados", rapea, con la primera persona del plural como clave para mostrar dónde está parado ahora. Pero en "Follow God" desaparece todo rastro de religiosidad (en la música, las letras jamás abandonan la temática) y el tema se construye a partir de un flow monoparte que bien podría haberse colado en My Beautiful Dark Twisted Fantasy.

Si en algún lugar Kanye recupera su mejor forma es allí, en la vuelta a su perspectiva contenidista (MBDTF, The Life Of Pablo) por sobre el corset formalista que intentó en ye y todo el Proyecto Wyoming (discos de siete canciones a editarse cada siete días). En líneas generales, los temas de Jesus Is King no se amoldan a una forma establecida sino que es el contenido el determina su estructura y ahí también es donde se aleja de la música religiosa, donde el clima mántrico se conforma en base a una fórmula que se repite una y otra vez.

El par "Closed On Sunday" - "God On" vuelve a poner en lucha al góspel y al hip hop. Si el primero recupera espiritualidad a partir del sampleo a las guitarras acústicas y los arreglos vocales del Chango Farías Gómez, mas la frase "No somos esclavos de nadie" en donde West parece arrepentirse de "aquella otra frase"; en el segundo se pierde todo rastro analógico y con cierto dejo industrial recuerda que es "El mejor artista, vivo o muerto".

Tanto como al cristianismo le gustan las triadas (Padre, Hijo y Espíritu Santo; Jesús, María y José; la resurrección a los tres días...), "Everything We Need", "Water" y "God Is" son la Santísima Trinidad de Jesus Is King. Allí es donde Kanye West encuentra la alquimia perfecta de sus tres elementos: hip hop, góspel y R&B. Con o sin autotune, todo encaja incluso cuando los cambios de dirección aparecen sin transiciones. "Somos agua", canta Ant Clemons en "Water", y parece estar encarnando el fluir de ese tramo del disco.

Para "Hands On", el hip hop y el egotrip vuelven a apoderarse de Kanye, que a esta altura parece más enredado en un proceso de sanación y salvación aún no del todo consumado, por más que asegure: "Le dije al Diablo que estoy de huelga, trabajé para el toda mi vida". Acá su flow se vuelve rígido, la instrumentación es mínima y el góspel aparece apenas como un cierre de color después de tanto "yo". Sobre el final del disco y de manera inesperada, el que encuentra el perdón en "Use This Gospel" es Kenny G, con un solo de saxo que lo redime de un pasado tan olvidable como parodiable.

En menos de media hora de duración, Jesus Is King encuentra tanta consistencia sonora como Kanye West anímica: muy poca. Entre el góspel y el hip hop, entre ser pastor y parte del rebaño, el rapero nacido en Atlanta puede haber eliminado las puteadas y blasfemias de sus canciones, pero sus brotes de megalomanía siguen ahí, como muestras de una genialidad autoconsciente. Su viaje místico parece estar a medio camino y este disco funciona como una fotografía de esa lucha de poderes en el interior de su mente. En donde pelean su búsqueda por el perdón, su orgullo desmedido y la resignación a ser uno más en la Tierra. Tal vez para él sea momento de darse cuenta que cuando sos Kanye West está bien que ser Dios te parezca un puesto menor.

6.8 10 18

GOOD / Def Jam

Kanye West - "Jesus Is King"

GOOD / Def Jam
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