01/08/2018

Indio Solari – “El ruiseñor, el amor y la muerte”

El olor dulce de la despedida.

Indio Solari
7.8 10 82

Indio Solari – “El ruiseñor, el amor y la muerte”

Independiente
Puntaje de los lectores: (81 votos)

El plano se abre y en una simetría, que es sólo de carácter técnico, se ven las siluetas negras de Mario Pergolini a la derecha y la del Indio Solari a la izquierda. Y entonces Solari, de quien se reconocen su calvicie y sus zapatos de payaso asesino, dispara, entre lágrimas, una frase que podría estar entre sus mejores versos: “Es una oportunidad muy especial la muerte, para liberarte de tus compromisos”. Era 2016, y minutos antes en la misma entrevista-documental, acababa de confirmar que había sido diagnosticado con Mal de Parkinson.

A partir de eso, cada cosa que hiciera Solari vendría adornada con el envoltorio de una nueva épica, la del golpe final.

Ahora es 2018, su quinto disco de estudio junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado se llama El ruiseñor, el amor y la muerte y, sólo de manera directa, la muerte aparece nombrada en 6 de sus quince canciones. Y es en esa repetición en la que el Indio Solari logra desacralizar la muerte: la pone a jugar en su universo de frases para el graffiti eterno y la convierte así en un gesto prosaico. Liberado de sus compromisos, el ex Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota ofrece aquí su disco solista más permeable, y aunque las ya características paredes de guitarras y el magma digital abren el juego en “Pinturas de guerra” (“Si la adversidad triunfa / Dolerá porque fui feliz”, se perfilan como versos para estandarte), se permitirá luego melodías despojadas, texturas livianas y registros vocales que hacía rato no visitaba.

En plan casi festivo, “El callejón de los milagros”, una canción para una kermese copada por zombies, se rodea de palmas y un aura acústica para que el “Bang, Bang, Bang” con que finaliza los versos remitan directamente al disco de los Redondos de 1989. De inmediato, el track que da nombre al disco se construye como una balada paciente que pone al Indio a cantar en tono confesional que “Todo viejo amor nos importuna siempre”. Pero esa desnudez enseguida se tapa con las cámaras y ecos que envuelven a “Strangerdanger”, un rock empastado que lo tiene tirando una máxima propia de El Arte de la Guerra: “Mis enemigos me van a asustar / Cuando comiencen a tener razón”.

Indio Solari

 “¿No será pecado aguantar / que decidan de una vez derramar“, se pregunta Solari compartiendo sus tips de la revolución, con más oficio que inspiración, en “El martillo de las brujas (Malleus maleficarum)”, y continúa su vena cancionera en “El tío Alberto en el día de la bicicleta”, una lisergia en sepia dedicada a Albert Hoffman, el científico que creó (y experimentó con) el LSD. Y aunque “La pequeña mamba”, “A bailar que no hay infierno” y “Mi amigo Panasonic” recuperan con buen tino el pulso ricotero, para el Indio hace años que el rock and roll es una contingencia. De hecho, es entre la oscuridad claustrofóbica de “La ciudad de los encandilados” y el dramatismo alla “Pabellón séptimo” de “Ostende Hotel” que El ruiseñor, el amor y la muerte consuma su espíritu de despedida.

Contrario a la larga tradición de cerrar sus discos con gemas indiscutibles que tuvieron Los Redondos (“Todo un palo”, “Ya nadie va a escuchar tu remera”, “Queso ruso”, “Nuestro amo juega al esclavo”, “Juguetes perdidos”…), Solari concluye su nuevo trabajo con “El que la seca la llena”, un exceso de producción grandilocuente que sólo justifica su existencia por el verso final que prende una luz de celebración entre tanto rock en escala de grises: “La banda suena / Tan lindo hoy”. Como un líder de masas emancipado de sus propios dogmas, el Indio Solari hace de El ruiseñor, el amor y la muerte un disco que no sólo le permite mantener firme su base de incondicionales, sino que también le tiende un puente a sus detractores, que podrán descubrir acá su costado más cancionero y menos hermético.

Las despedidas son esos dolores dulces“, cantaba el Indio Solari en “Gualicho”, hace exactamente 20 años. Con la carga emocional de alguien a quien vivir le está costando más que vida, hoy El ruiseñor, el amor y la muerte tiene mucho de despedida, sin que eso lo convierta en su epitafio.

7.8 10 82

Indio Solari – “El ruiseñor, el amor y la muerte”

Independiente
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