27/09/2018

Gustavo Cordera – “Entre las cuerdas”

El ex Bersuit pelea por no ser el enemigo.

4.1 10 41

Gustavo Cordera – “Entre las cuerdas”

Sony
Puntaje de los lectores: (40 votos)

En la tapa de Entre las cuerdas se ve a Gustavo Cordera en el rol de boxeador. Está seriamente golpeado pero no abatido; por el contrario, su mirada es desafiante. En un punto, la imagen de pelea lo conecta con la figura que supo construir durante 25 años. Al frente de Bersuit Vergarabat, representó la irritación (y la picardía) conurbana en medio de la decadencia menemista; le puso voz a canciones contestatarias y directas que anticipaban el estallido; no tuvo pruritos en estar del lado de la militancia política más concreta, participando de festivales de Madres de Plaza de Mayo o invitando al escenario a los trabajadores de la fábrica recuperada Zanon.

Eran acciones insertas en un contexto convulsionado, en el que había cierta claridad acerca de quiénes eran los enemigos. Hoy las peleas no se dan de la misma forma. El avance del feminismo en el debate público pone en jaque a toda la sociedad y obliga a replantear una infinidad de ideas y prácticas que se aparecían como naturales. En este caso, el enemigo, por llamarlo de alguna manera, aparece como un ente más abstracto, una matriz cultural que se hace carne en acciones cotidianas, a veces más inocentes y a veces más brutales. Como, por ejemplo, ser una figura pública y decir que “hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo” o que “es una aberración de la ley que si una pendeja de 16 años con la concha caliente quiera coger con vos, vos no te las puedas coger”.

Aquellas declaraciones de agosto de 2016 no solo le valieron a Cordera una imputación penal en la Justicia federal, sino que, peor aún, lo convirtieron en la encarnación del enemigo público. Eso lo descolocó completamente, y tras una serie de pedidos de disculpas torpes, justificaciones endebles y autoindulgencias en el escenario, ahora llegó el turno del descargo en formato disco: Entre las cuerdas, sexto trabajo solista, es un álbum eminentemente discursivo y personalista. Cordera opta por la densidad de las bases rockeras (a cargo de Oscar Righi, productor y excompañero en Bersuit) para sostenerse y desde ahí lanzar puñetazos de estrofas que buscan el indulto y la redención.

Los primeras cuatro canciones son las más directas, con su voz acaparando el sonido. Arranca con “Un abuso”, que desde el título demuestra que los ánimos de provocar siguen intactos. Ahí Cordera busca resignificar la palabra “abuso”, quitándole su peso connotativo de violencia de género, y llevarla un plano menos tangible. Pegado, emerge “Ese mundo”, en el que por un momento juega a ser un freestyler que vomita frases sobre una base de trip hop. Antes de que avance, regresa al espacio seguro del rock para despuntar declaraciones identitarias: “Busqué una manada para mi protección / conseguí cariño a través de una canción / fui temerario y resistente / como todo un líder de la revolución”.

Hay esbozos de autocrítica, pero están más cercanas a reveer su respuesta frente al escándalo que al origen del mismo. “Lo verdadero” y “Ya no quiero castigo” parecen dos partes de una misma canción, ambas manteniendo un ritmo intenso que va acorde a su apertura sentimental. Más adelante, en “Redención”, menciona haber “abusado” de su “osadía ingenua”.

En la segunda mitad del disco, el cantante atenúa la descarga y presenta matices sonoros. “Tras tus ojos” es una balada al piano sensible y sentimental que suena descolocada en el contexto del disco, pero sirve como espacio de relax ante tanta verborragia; en “Soy campeón” vuelve a sonar divertido, al reencontrarse con su raíz bailable para darse unas palmadas en la espalda (“Soy campeón porque doy la cara / y, aunque me tiemblen las piernas / no me achica nada”); “Mi basura interior” juega al punk y suplica que lo dejen de “ensuciar”; “No nos culpen más” es un rock progresivo donde toma el concepto de la grieta para llevarlo a su situación personal (“Si alguien quisiera enfrentarse al viento / todos proponen un escarmiento aterrador”).

Las canciones de Entre las cuerdas tienen potencia catártica, pero llega un momento en que tanta descarga personalista se vuelve agotadora. Cordera insiste de distintas maneras en que él no es el enemigo. Mientras la violencia de género se plantea como un problema colectivo, él responde siempre desde el yo, incluso desde una mezcla que prioriza la voz. En el universo interior a la obra, es un temerario que pelea contra una sociedad que no lo entiende y que le quita el derecho a ser un provocador. Pero afuera del disco es un hombre que da golpes al aire ante la impotencia de haber quedado como el enemigo de un progreso cultural.

Algo de eso percibe el ex Bersuit: para cerrar eligió la canción “Devolución”, un hard rock en el que abandona expresiones culposas y se dispone a golpear con ira. Después de despotricar contra las “mercenarias” (sic), los “tibios”, los “moralistas”, los “rehenes del sistema”, los “serviles” y “los activistas”, reivindica los derechos de “los deshechos humanos” y exige que quiere “estar feliz de haber nacido hombre”. ¿Esas son las peleas que quiere dar en el contexto de la Argentina de 2018?

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Gustavo Cordera – “Entre las cuerdas”

Sony
Puntaje de los lectores: (40 votos)