28/04/2017

Gorillaz - "Humanz"

La revolución no será televisada, pero sí animada.

Gorillaz
8.4 10 26

Parlophone / Warner

Gorillaz - "Humanz"

Puntaje de los lectores: (25 votos)

Después de un álbum debut centrado en el concepto de una banda virtual integrada por dibujos animados, Damon Albarn creó en Demon Days y Plastic Beach (2005 y 2010, respectivamente) un escenario post apocalíptico fantástico en el que la música era la única salvación en un terreno en el que, entre varias cosas, los chicos podían comprar armas como si fueran caramelos, las aguavivas constituían un desayuno delicioso y saludable, y en las playas la naturaleza había dado lugar a la contaminación y el avance industrial. Al momento de empezar a delinear el cuarto disco de estudio de Gorillaz en 2015, el líder de Blur le dio una línea narrativa hipotética a los colaboradores del álbum: que interpretasen su rol como parte de un mundo en el que Donald Trump fuera presidente.

Dos años después, la realidad superó la ficción, y lo que parecía un recurso argumental sobredimensionado se volvió un escenario ineludible. El resultado no fue otra cosa que lo esperado: por primera vez en su carrera, en vez de crear un universo propio a partir de algunas ideas con mayor o menor anclaje en la realidad, fue el mundo real (como opuesto al animado) el que condicionó el contenido y la línea discursiva de lo desarrollado en el estudio. Eso es lo que hace que en Humanz Gorillaz ya no suene sólo a la banda de sonido de un mundo imaginario, sino a lo que sucede cuando ese mundo toma contacto con otro mucho más hostil y agresivo: el real, el nuestro.

Esa pérdida de dominio de la fantasía ataca de entrada en "Ascension", un hip hop que comienza con la voz de Vince Staples rodeada de ruidos de sirenas. A los pocos segundos, los beats entran en escena pisando el acelerador y sientan las bases para que el rapero de Long Beach desestime cualquier tipo de resabio de optimismo de los tiempos de Obama: "Sólo estoy jugando, nena, ésta es la tierra de los libres / Donde podés comprar muy baratos una Glock y un gramo / Donde podés vivir tus sueños mientras no te veas como yo / Ser un marioneta en una cuerda, colgando de un puto árbol". Poco después, "Strobelite" aporta una cuota de optimismo sonoro a fuerza de un electrosoul hedonista cantado por Peven Everett, pero el mensaje subliminal es el mismo: luchar para buscar un resquicio de luz entre tanta oscuridad. Casi en continuado, "Submission" se enriquece gracias al aporte de la guitarra de Graham Coxon, o la prueba de que las líneas que separan un proyecto de Albarn de otro a veces pueden quebrantarse para el bien de todos.

Gorillaz

El desasosiego social es el eje de "Saturn Barz", en la que el jamaiquino Popcaan manifiesta sus sueños de ambición gangsta made in Kingston ("Toda mi vida mi sueño fue encontrar mi propia casa, terrenos, autos y motos") hasta que en el final Albarn se acopla como la contracara del éxito al cantar al borde del susurro "Estoy en el bar, tengo deudas, soy un paria". Dentro de esa atmósfera opresiva, "Momentz", una nueva colaboración delirante entre Gorillaz y De La Soul aparece como necesaria para descomprimir el ambiente. Poco después, un riff distorsionado en loop se vuelve el andamiaje ideal para que Grace Jones le aporte una cuota de oscuridad a "Charger", un dub electrónico y espeso en el que la musa de Jean-Paul Goude entra en escena con un grito de guerra: "Soy el fantasma, provocativa, eso es lo que quiero".

Entre tanta catarata de feats, Albarn toma las riendas del protagonismo recién en "Andromeda", un electropop de sintetizadores burbujeantes y base discreta. La melancolía da lugar a la desolación en "Busted and Blue", en la que el líder de Blur repasa cómo fue que la tecnología terminó dominando las relaciones interpersonales ("¿De dónde vienen los cables que se conectan a nosotros / Sin peso y a través de nuestros cuerpos, hasta hacerlos invisibles?"), sin más recursos que un colchón de sintetizadores ejecutados en cámara lenta. De a poco, vuelve a ceder el rol central a sus invitados: "Let Me Out" se sostiene por el cruce entre el flow furibundo de Pusha T y la impronta vocal old school de Mavis Staples; "Carnival" seduce gracias a la destreza de Anthony Hamilton, que pasa del falsete en plan R&B a un registro grave y cavernoso, y el hip hop burlón de "Sex Murder Party" encuentra su punto de apoyo en la dinámica de ida y vuelta impuesta por Jamie Principle y Zebra Katz.

Con Benjamin Clementine como voz principal, "Hallelujah Money" es un neo soul distópico con aires de gospel en el que las plegarias devocionales están dirigidas con sorna no a un ser supremo, sino al materialismo, el dinero y la codicia. Como punto final, "We Got the Power" es el llamado a acción más concreto de Humanz. Sobre un pulso acelerado, Albarn y Jehnny Beth de Savages cantan a dúo un grito de alianza para tiempos hostiles ("Tenemos el poder para amarnos el uno al otro / No importa lo que pase, tenemos el poder para hacer eso / Tenemos el poder para hacer sonar la gran campana sobre nosotros"). Sobre una base de teclados y máquinas a cargo de Jean-Michel Jarré, el mensaje del tema se eleva a la enésima potencia con la incorporación de Noel Gallagher en guitarra y coros, un detalle impensado hasta hace poco, y también la muestra más clara de que para Gorillaz ya es hora de dejar de lado diferencias y hacer la fuerza a través de la unión.

8.4 10 26

Parlophone / Warner

Gorillaz - "Humanz"

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