28/07/2016

Estelares - "Las antenas"

Luces y sombras en las escenas de la vida amorosa.

Estelares
7.0 10 29

PopArt

Estelares - "Las antenas"

Puntaje de los lectores: (28 votos)

Durante más de dos décadas frente al grupo que lidera, Manuel Moretti encontró las más diversas formas de cantarle al amor. Como un Stephin Merritt nacido en Junín, adoptado en La Plata y entregado en su vida adulta a la Capital Federal, el cantante y guitarrista de Estelares supo abordar una misma temática desde todas las perspectivas posibles: odio, añoranza, tranquilidad, desasosiego, tribulaciones mentales y la lista sigue. Y mientras su principal inspiración compositiva permanecía inalterable, a lo largo de todo ese tiempo la música de la banda platense sí pegó un giro: donde antes había chispazos guitarreros a lo Television y guiños de barrios bajos, primero llegó una reformulación rockera más concreta y luego se priorizó la búsqueda constante en, dentro y hacia la cultura popular.

Plantado en este escenario, Las antenas mantiene ciertos puntos de conexión con los antecedentes más inmediatos de la discografía estelar. Pero mientras Una temporada en el amor y El costado izquierdo tenían comienzos optimistas y luminosos, en este, su séptimo disco, las cosas empiezan bastante más sombrías. Con un aire de bolero encorsetado en una rítmica de 4/4, “Las antenas” cultiva un aire romántico sesentista que rememora un amor que se fue, y que encuentra su desembocadura en un grito desgarrado ("Suena mejor nosotros dos que vos y yo"), con cuerdas y coros para enfatizar el dramatismo. El tono opaco continúa en "Alas rotas", un rock marchante guiado por una línea de bajo en zig zag  y con un estribillo en el que Moretti comprime y amontona las palabras al cantar para no dejar ninguna afuera.

En una senda más diáfana, "Subiéndome" impacta de manera casi automática con el clima antes invocado, en un aire circense con solo de saxo y rítmicas entrecortadas. Poco después, "Es el amor" oficia de validación de un nuevo costado de Moretti: el de orfebre pop. Sobre un riff de guitarra tintineante, la canción apela a las pequeñas descripciones geográficas para situar el relato en un lugar tan abstracto como reconocible ("Rutas sin fin, filmábamos ciudades gigantes / Bajábamos estrellas de Marte, es el amor"). La geolocalización en la prosa reaparece en  la viñeta folk nostálgica de "¿Quién no se ha besado en Mardel?" ("Abro la ventana de la sala Payro, el olor a iodo me hace reflexionar") y  en los aires de bar de madrugada de "Una noche en San Juan" ("La plaza central, un clásico de los pueblos, lleva por nombre General San Martín").  

Estelares

Con una paleta de sonoridades que esquivan la obviedad gracias al regreso de Juanchi Baleirón al rol de productor, Las antenas retoma la costumbre de Moretti de escarbar en su propio pasado para traerlo al presente. Así es como se cuela la noctámbula y quebradiza "Mañana" de Peregrinos, el grupo que compartía con Víctor Bertamoni antes de que ambos fundaran Estelares. Poco después, "Compro flores", un viejo inédito de una compilación casera de demos llamada La mañana del aviador, tiene su merecida lectura de estudio en tono de hit en potencia. Aun en versiones más pulidas, ambas canciones mantienen intacto el reflejo del momento en el que fueron escritas. De un lado, el noctambulismo ochentoso; del otro, la languidez de la incertidumbre ante el cambio de siglo, un no future criollo y noventoso.

Si bien el ánimo radiante se asoma en reiteradas ocasiones, lo mejor de Las antenas aparece en los recovecos más oscuros. En "Los alerces", un piano eléctrico y la guitarra de Bertamoni en sube y baja ofician de telón sonoro a velocidad crucero del recuerdo de días de voracidad y autodestrucción ("Fuimos como hienas, desesperados por matar / Solos, tristes, lastimándonos"). En el cierre, Estelares opta por la salida épica y de texturas plomizas -un recurso que surtió efecto en los cuatro álbumes anteriores- de la mano de "Los lagartos mueren en familia". Un ritmo dub con un bajo en repiqueteo por las alturas del diapasón es el punto de partida para el relato agridulce de un momento feliz que ya no está ("Por fin ya no huimos más, los fantasmas ya no están, los lagartos mueren en familia / Ya no quiero repetir mil aviones o un jardín, lanzamientos al vacío"), una presunción que se confirma a los pocos versos cuando Moretti se muestra abatido al entonar "Estuve adicto a la televisión, estoy adicto a nada que hacer / Solo mirar el techo y esperar ver el mundo al revés". 

Sin demasiados sobresaltos, Las antenas oscila entre cavilaciones sentimentales que buscan exorcizar el ambiente y liberarlo de espíritus, siempre bajo el temor de que las cosas vuelvan a ponerse feas de un día para el otro y lleguen para quedarse. Algo de eso desliza la letra de "Soledad" al mencionar que "Hace un año que no duermo en casa, hace días que no veo el sol / Hay varios monstruitos dando vueltas, ruego que estén lejos de esta canción". Abrazar lo malo para impedir que contamine lo bueno, de eso se trata al final del día. 

7.0 10 29

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