24/04/2021

Duki - "Desde el fin del mundo"

La era de la madurez.

Duki
8.0 10 44

SSJ / Dale Play Records

Duki - "Desde el fin del mundo"

SSJ / Dale Play Records
Puntaje de los lectores: (43 votos)

En 2019, Duki quiso cambiarse el nombre. Falló.  "No soy más Duki, ahora soy Duko", decía en una story de Instagram. Como si la terminación en i representara un diminutivo y en o una marca de madurez. Pero no pegó. Nadie dejó de decirle Duki ni ese renombramiento se vio materializado en la promoción de su música. En 2019, Duki quiso sacar un disco. Falló. Super Sangre Joven fue más un compendio de canciones sueltas que un álbum con unidad de sentido. 32 minutos de tracks sin cohesión. En 2019, Duki quiso conquistar el mundo. Falló. Una gira por Estados Unidos no salió como esperaba y, en una escala en Dallas de regreso a la Argentina, colapsó. "Fuck, me tengo que profesionalizar", le contó a quien suscribe que pensó en ese momento, después de haber tenido lo que define como un "ataque de pánico mental".

Autopercibimiento. Tiempo. Espacio. Excepto sus hits, el Duki de 2019 no podía controlar nada. Pero.

Desde el fin del mundo, su nuevo disco, es todo lo contrario. Una búsqueda por probarse a sí mismo más que frente a los demás, una obra con estética sonora bien definida en casi una hora de duración (el doble de la de su disco debut) y una geolocalización clara: Argentina es la territorialidad de base.

Como si la Argentina fuera (por forma y ubicación) el pico de un embudo en el que decantan y se amontonan invitadxs, geografías e influencias, Desde el fin del mundo está repleto de feats sudamericanos. Hay reafirmación de pertenencia y de un trap hecho acá que resulta de un sincretismo único: Travis Scott, Bad Bunny y la escena española influyen por igual como en ningún otro lugar del planeta. El freestyle de plaza como impronta que se traslada a la escritura y el flow -además de los localismos- funcionan como el ingrediente local que se suma a la receta.

"Lo mío son años de sudor y trabajo" es lo primero que canta Duki en un drill sobre sintetizadores saturados en graves. Eso que generalmente en el discurso trapper se pierde detrás de tanto fronteo, ahora se pone en primer plano: primero el esfuerzo, después llegan las cadenas, las Gucci y el short de Nike. También queda en evidencia, desde el comienzo, que el mejor Duki es ese en el que flow y canto se funden al mismo tiempo. Como resultado, parece que jugara sobre el beat. Por momentos se pega al pulso, por momentos lo sobrevuela, dejándose llevar por el dibujo de la melodía.

Esa marca de estilo retrotrae ecos del primer Duki. En "I Don't Know" desgarra la garganta de la misma manera que en "She Don't Give a FO". Y aunque el protagonista del tema afirma "De los errores nunca aprendí", el artista detrás parece haber aprendido un montón. (Paréntesis: en 2019 estaba tan apurado que publicó un tema con el mismo nombre pero utilizó solo las iniciales "I.D.K.")

Duki

Acto seguido, otra muestra de paciencia y enfoque. Si en 2019 le cantaba al sol y a la luna en un mismo tema ("Sol y Luna"), ahora primero canta "Sol" y después "Luna". Y la primera, con Lara91K de invitada, es probablemente uno de los desarrollos melódicos más evocativos de toda la obra de Duki hasta la fecha. Autotune e in crescendo rocker: una balada de trap espectral. Para esta altura del disco, la guitarra eléctrica ya es más un timbre estructural (¿textructura?) que un color ocasional.

Tan poco urgente está Duki en Desde el fin del mundo que "Malbec", su tan esperada y hypeada colaboración con Bizarrap, es el recreo experimental del disco, con el sonido de una flauta (tal vez una quena) llevando el leitmotiv casi barroco del tema. Pero la verdad es que Duki no es nada sin su diablo, y en el disco abundan las referencias al universo de siempre: sustancias, barrio, lujos, armas, Dragon Ball, NBA, sexo y desamor. También hay trap puro y duro como en "Fifty Fifty" y "Ella es mi bitch", los dos juntes del disco. El primero incluye a Neo Pistea y Pablo Chill-E, cuyos flows ya se han probado anteriormente como los que mejor se complementan con el de Duki.

Con un resultado dispar, "Cascada", "Ticket", "Muriéndome" (con Khea) y "Muero de fiesta este finde" (con CA7RIEL) dejan en claro que el rock es una intensidad posible -dejémoslo en claro de una buena vez: el trap jamás negó al rock argentino- que está bien patente en todo el disco. Además de las referencias en las letras (Elvis, Beatles, Linkin Park), hay baterías derechas, guitarras eléctricas en una síntesis similar a la que Bad Bunny hizo en su último disco y estribillos que se cargan de distorsión. Hay una línea de continuidad Grunge->Nü Metal->Trap en la canalización de la angustia postadolescente a través del desborde expresivo. Post Malone reversionando a Nirvana con Travis Barker en batería como ejemplo claro.

Pero volvamos al fin del mundo y al Duki modelo 2021, el que arranca cantando sobre el sudor y trabajo y termina gritando que muere de fiesta este finde. Solo que esta vez para ir de un punto a otro se toma 57 minutos y 18 canciones. Canciones que suenan consistentes y con una identidad sonora que las sostiene como parte de un todo.

En 2019, Duki parecía haber contenido (léase resuelto, léase matado) a todo el trap argentino en ese tema perfecto que es "Goteo". En 2021, encuentra tiempo y espacio para expandir (léase problematizar, léase resucitar) toda esa imaginaria en Desde el fin del mundo. Ahora sí: Duki es Duko. Aunque puede que el público general nunca deje de llamarlo por el alias con el que se hizo famoso. Tendrá que aprender a convivir con eso. Lo que ya no podrán decirle es que no es un artista de discos, porque acá hizo uno. Eso sí: hacer discos, ahora Duki lo sabe, es una gran responsabilidad. Y también tendrá que aprender a convivir con eso.

Problema menor para alguien que antes era un niño hit y ahora es un chico estrella.

8.0 10 44

SSJ / Dale Play Records

Duki - "Desde el fin del mundo"

SSJ / Dale Play Records
Puntaje de los lectores: (43 votos)