19/03/2020

Daniel Melingo - "Oasis"

Lo importante es el camino.

Daniel Melingo
9.2 10 11

Daniel Melingo - "Oasis"

Buda Musique
Puntaje de los lectores: (10 votos)

"No tengo norte, no tengo guía", avisó hace un lustro Daniel Melingo tomando como propias las palabras de Antonio Tormo en "La canción del linyera". Ese personaje ya olvidado, que en el siglo pasado iba de pueblo en pueblo sin ataduras ni imposiciones, le sirvió al ex Abuelos de la Nada para liberarse de cualquier preconcepto a la hora de seguir a su musa. Y ahora llega Oasis para cerrar la trilogía que inició Linyera y continuó Anda, pero también para abrir rutas que no aparecen en el GPS, en una búsqueda que afortunadamente no cesa.

Oasis es, en esencia, la música de una Ópera del Linyera en la que personajes como El Cafishio Cocoliche, El 7 Vidas, El Malevo Noy / La Chamana y Henry El Adivino se cruzan con el protagonista en una trama intrincada y pesadillesca. Pero no hace falta atarse a ese guión para disfrutar del trayecto sin norte ni guía, porque precisamente en andar está el placer y el sentido del viaje. Claro que moverse de esa manera puede llevar a desorientarse y terminar con una obra inconexa, delirante; Daniel Melingo, sin embargo, parece encontrarse a sus anchas, como el camino se fuera armando justo antes de que sus pies lo pisen.

Cuando Melingo comenzó el trayecto, según le dijo a Silencio, el personaje del linyera le permitió acercarse a la música rebética, un género griego casi perdido que habitaba en el ADN del cantor por más que él no lo supiera. El cantante y multiinstrumentista venía de una temporada inmerso en el tango, y la mezcla entre ambos sonidos aparecía como una meta lógica para ponerle el moño a su personalidad artística. En Oasis finalmente llega a esa síntesis que él mismo llamó "tango rebético": de ahí la aparición del clásico "Caminito", de Gabino Coria Peñaloza y Juan de Dios Filiberto, pero interpretado con un bouzouki (una suerte de mandolina griega).

Daniel Melingo

Foto: Fabio Borquez / Gentileza

Pero si el deseo de encontrar el tango rebético parecía contradecir la idea de andar sin norte ni guía, todo cobra sentido apenas comienza el disco con el instrumental "El oráculo". Voces pasadas al revés, bouzouki, bandoneón y clarinete cruzándose con una producción electrónica establecen un mood psicodélico, que continúa en "La búsqueda", donde Melingo pone al oyente en situación (como el texto al principio de las películas de Star Wars): "Buscando verme libre / di con un adivino. / Fue en el viejo San Telmo, / donde un ciego anticuario predijo mi destino", musita. Y nada prepara al oyente para una última parte que la que el cantor repite con decisión "Voy en busca del poema" mientras parece haber sido repentinamente secuestrado por Nine Inch Nails.

Melingo cuenta hoy con una banda excepcional, en la que brillan especialmente Gómez Casa (a quien decirle baterista es bajarle el precio) y Muhammad Habbibi (guitarra y bouzouki). Pero entre esos músicos, la presencia más llamativa es la de Oliverio Sofía, DJ y productor de música electrónica, que es quien termina por definir esta parte del trayecto del cantor. Entre ambos logran una alquimia perfecta en el tratamiento sonoro, que puede acercarse al dub según Massive Attack en "Navegantes" y "Hécate", o hacer explotar los bajos en "Cavalier King Charles" y llenar la atmósfera de efectos en "El blues rebétiko de 7 Vidas" (con participación de Andrés Calamaro).

Pero en medio de eso, Melingo mete a su orquesta típica -dirigida por el pianista Juan Pablo Gallardo- a hacer un tango hecho y derecho como "¡Está vivo!", o cantar junto a Félix Melingo Torre y María Celeste Torre el vals de cajita musical que da nombre al disco. El final con "Sueño de éxodo" obra como síntesis de Oasis en más de un sentido: unas gaviotas en la playa se mezclan con el bouzouki, modulaciones electrónicas cargan de graves la atmósfera, se cuela el bandoneón de Matías Rubino, Miguel Zavaleta se convierte en ejército de voces, y el Linyera dice "Voy llegando, voy volviendo / hasta un muelle al que nunca fui".

Más allá de los personajes de esta ópera y el cierre de la trilogía, Melingo se ha convertido a esta altura en un experto en regresar adonde no estuvo antes. O, mejor todavía, adonde nadie estuvo antes. "No, no recuerdo como era el camino", canta con su voz gastada en "Hécate". Acompañarlo en esa deriva sigue siendo una experiencia fabulosa.

9.2 10 11

Daniel Melingo - "Oasis"

Buda Musique
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