02/02/2016

Bloc Party - "Hymns"

El cuarteto británico reformula el escenario y destruye lo que creó en su pasado.

5.4 10 3

Infectious

Bloc Party - "Hymns"

Puntaje de los lectores: (2 votos)

Con Silent Alarm, su debut de 2005, Bloc Party se sumó a la oleada de bandas británicas que, con el cambio de milenio, se mostraban prestas a traer de regreso las guitarras eléctricas a la adormecida escena indie. Con una notable influencia de grupos como Joy Division y Gang of Four, la banda de Kele Okereke desplegó en su primer álbum un puñado de canciones urgentes, con beats ajustados y riffs quebradizos. Dos años después, Bloc Party redobló la fórmula en A Weekend in the City, centrado en la alienación de la vida en Londres post ataques terroristas, y la cosa pegó un giro inesperado en 2008 con Intimacy, un disco dominado por los tintes electrónicos. Four, de 2012, volvió las cosas a su punto de inicio, y todo hacía pensar que ese seguiría siendo su rumbo.

Hymns desarma por completo esa hipótesis. Tras perder a la mitad de su formación (el bajista Gordon Moakes y el baterista Matt Tong, figuras esenciales del armazón rítmico del grupo), Okereke y el guitarrista Russell Lissack decidieron reformular el escenario. El disco encuentra su razón de ser en el dance y, en este panorama, las guitarras ya no sólo no son protagonistas sino que a duras penas pueden jactarse de tener un papel de reparto. El cambio de horizonte queda planteado en "The Love Within". Sobre un bombo clonado del de "Blue Monday" (New Order), un sintetizador oscila como un mosquito robótico, hasta que el estribillo hace estallar el clima a la usanza de cualquier DJ en un festival electrónico.

Los bpm descienden en "Only He Can Heal Me", un gospel de latencia digital en el que Okereke despliega una de las tantas referencias religiosas del disco ("Guiame a mi único templo / Donde puedo superar la derrota / Dejame descansar ahí, a los pies de mi salvador"). "So Real", en cambio, opta por un clima soul dominado por un estribillo en falsete. Con unos pocos acordes piano eléctrico y una batería en slow motion, Okereke llora una derrota sentimental pero, a medida que pasan los minutos, decide convertir las heridas en un rencor filoso (EAferrate a tu lengua perversa, yo te amaba / Antes de que se mostraran tus grietas / Sé que te complací / Pero ahora mi bebé tiene una nueva jerga, y una predilección por los extraños").

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Las cosas alcanzan un vuelo mayor en "The Good News", que comienza como una balada lacrimosa para luego mutar en un blues sucio, guiado por una guitarra acústica con slide en el que Okereke deja de ser alguien en busca de redención cuando reemplaza el credo por la bebida ("Solía buscar mis respuestas en el evangelio de San Juan / Pero ahora las encuentro en el fondo de un vaso de shot").  Pero el entusiasmo dura poco: "Fortress" y "Different Drugs" son incursiones en el R&B de las que el grupo sale indemne a los tumbos. Lo que en manos de Frank Ocean suena orgánico, en las de Bloc Party aparece forzado y desconcertante, como si la banda hiciese demasiados esfuerzos para querer demostrar su pertenencia a un hábitat que nunca frecuentó.

"My True Name" y "Exes" siguen esa misma senda, pero con mejores resultados. Aun con excesos, Okereke logra plantear el drama como una despedida ante la necesidad de poder seguir adelante. La desolación cede al beat disco de "Virtue", en donde un sintetizador chillón se vuelve un recurso tan válido como inesperado para otra proclama religiosa ("La tentación se esconde en las zonas intermedias / Señor, ayúdame a combatir este deseo por el fuego / Las palabras pueden limpiar y purificar / O derribar un paquete de mentiras"). Todo parece destinado a voltear lo que Bloc Party construyó en su pasado, quizá como consecuencia de la búsqueda de la carrera solista de Kele Okereke, que cuenta con dos discos que navegan entre el breakdance y el UK Garage, y que le abrieron la puerta a colaboraciones con Tiësto y Martin Sotveig.

La balada binaria "Living Lux" suma al desconcierto. Sin más recursos que su voz y una nube de máquinas, el mismo tipo que en el 2007 denunciaba la paranoia urbana de una ciudad desbordada por una homofobia latente, ahora prefiere describir un encuentro en París para una cita con su ex pareja ("La camarera piensa que no podemos pagar / ¿Qué sabe ella? / Nuestros bolsillos están llenos / Y nos ganamos el derecho de cenar bien"). La única alusión más o menos directa a su pasado aparece apenas en "Into the Earth". Con dos guitarras en diálogo constante (pero sin el riesgo rítmico de antaño), Okereke desliza una frase que parece dar explicaciones: "Verás, no sé qué depara el futuro / Pero espero que lo enfrentemos juntos / Porque el rock and roll se volvió tan viejo / Así que sólo dame neo-soul". A confesión de partes, relevo de pruebas.

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Infectious

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