24/10/2017

Beck – “Colors”

En su decimotercer trabajo, el camaleón alternativo se camufla de artista pop.

7.6 10 1

Capitol

Beck – “Colors”

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Existen los músicos que deciden exprimir una misma fórmula todo lo que dure su trayectoria. También están aquellos que entienden que la experimentación y el recambio son combustibles necesarios para no ser víctimas de la monotonía creativa. Y un poco más allá está Beck. A lo largo de dos décadas y media de carrera, no sólo transitó por una variedad inagotable de estilos que va del hip hop al folk pasando por el blues rural, el tropicalismo, el funk extraterreste y la electrónica mutante, sino que, además, esos virajes muchas veces podían llegar a darse dentro de un mismo disco. Nadie se gana el mote de camaleónico por quedarse en un mismo lugar, y el autor de “Loser” se tomó como algo personal la revalidación anual de ese título.

La última vez que había entrado a un estudio, Beck se despachó en 2014 con Morning Phase, un álbum acústico, intimista y cargado de climas de notable intensidad dramática. La apuesta, una versión con esteroides de Sea Change (2002), donde retrató su separación con la estilista Leigh Limon, le valió tres premios Grammy en 2015, entre ellos el de disco del año. En poco más de una década, Beck había pasado de ser el slacker que se burlaba de la industria desde adentro (“MTV Makes Me Wanna Smoke Crack” se llamó el single con el que terminó por captar la atención de la exseñal de videos) a convertirse en uno de sus actores más rendidores.

Quizás por la presión de no poder fallar en el movimiento siguiente, o tal vez simplemente por el mero hecho de transitar algún camino que le quedase pendiente por recorrer, Beck decidió apostar por el pop en su decimotercer disco. Como su nombre lo deja en claro, Colors es una selección de diez canciones caleidoscópicas en las que el efectismo le gana la pulseada a la rareza y el riesgo. De la mano de Greg Kurstin, el productor responsable de los últimos discos de Foo Fighters y Liam Gallagher, pero también de Sia y Adele, Beck decidió dejar de ser el tipo que marcaba tendencias desde los márgenes o se animaba a instalar hits improbables. En vez de desafiar los límites del mainstream, se adentró en él y buscó hablarle en su mismo idioma.

“¿Te sentís vivo?”, se pregunta Beck a sí mismo en el tema que da nombre al disco y traduce a sonidos los colores de su título. Paredes de sintetizadores, un beat marchante, un registro vocal que se pasea por falsetes, y un coro de fondo que suena como robots derritiéndose, sientan la base de lo que seguirá en los próximos cuarenta minutos. “Seventh Heaven” redobla la apuesta y parece plantearse cómo hubieran sido los hits radiales en los 80 si la droga de moda hubiera sido el LSD y no la cocaína. Entre tanto color, “I’m So Free”, cantada a dúo junto a Feist, se planta como el momento opresivo necesario para cortar con tanto despliegue cromático.

Entre tanta artificialidad sonora, “Dear Life” se impone por contraste, con un piano honky tonk y una guitarra fuzz como estandartes de un audio orgánico. El yeite vuelve a asomar casi con idénticos resultados más adelante en “Square One”, pero lo que en el primer tema parecía ser un reproche a alguien que se equivocó en la vida, en este se vuelve a una auto referencia a cucuando tuvo que retirarse durante algunos años por una lesión en su espina dorsal (“Mis demonios le dijeron a mi esqueleto ‘Él no va a llegar demasiado lejos’/ Y cuando llegué al lado oscuro de la luna / Todos los problemas que pensé que conocía me dejaron abandonado en el frío”).

Planteadas como un tándem en el medio del disco, “Dreams” y “Wow” habillitan el juego entre pasado y presente. La primera podría ser una canción de MGMT, en una retroalimentación de influencias con el dúo que se crió escuchando sus discos. La segunda es un ejercicio bien ejecutado de actualizar al hip hop delirante de Odelay (1996) al lenguaje del trap. Dentro de ese juego de transformación permanente, el asunto se cierra con “Fix Me”, una balada en plan R&B que, a partir del agregado de un arreglo orquestal espeso, se convierte sin preavisos en una pieza folk sostenida por el rasgueo de una guitarra acústica. Ese viraje inesperado sirve para ilustrar de qué manera se puede sostener una carrera de 25 años con el cambio radical como única constante. “Un millón de veces, un millón de pensamientos / Y todavía no sé lo que quiero” canta Beck en “No Distractions”, como para dejar en claro que ni él mismo sabe cuál será su próximo destino. Y una obra en constante mutación lo revalida.

7.6 10 1

Capitol

Beck – “Colors”

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