12/03/2016

Andrés Calamaro - "Romaphonic Sessions"

Tangos y reversiones propias, en un disco que nunca fue pensado como tal.

8.1 10 7

Warner

Andrés Calamaro - "Romaphonic Sessions"

Puntaje de los lectores: (6 votos)

A pesar de su costado minucioso y obsesivo en el estudio, Andrés Calamaro supo encontrar grandes momentos de su carrera solista en la más simple espontaneidad. Ocurrió con los dos volúmenes de Grabaciones encontradas, publicadas a mediados de los 90, con gran parte de lo registrado en los cinco discos de El salmón, y en la recolección de primeras tomas incluidas en la antología Obras incompletas. En un formato mucho más despojado, Romaphonic Sessions continúa ese sendero, al comprender diez canciones que no tenían previsto ver la luz, pero que a la vez hubiera sido una picardía dejar guardadas hasta nuevo aviso.

El flamante disco de Calamaro nunca fue pensado como tal. En 2015, el ex Abuelos de la Nada recibió la invitación para abrir un concierto de Bob Dylan en San Sebastián y, para esa ocasión, decidió replantear su show a un formato acústico, con un repertorio repartido entre canciones propias y luminarias de la época dorada del tango. Antes de partir a España, Andrés se juntó en el estudio Romaphonic con Germán Wiedemer a delinear versiones y lecturas, en dos sesiones informales a piano y voz, mientras la cinta corría a modo de testigo de esos encuentros.

Con el espíritu de los viejos discos de jazz como molde estético (algo tangible ya desde el arte de tapa del álbum, a la usanza del sello Blue Note), Calamaro y Wiedemer repasan el cancionero sin pensar en purismos. Todo se tamiza a través de la experiencia propia. Es difícil no encontrar un guiño auto referencial en la elección de "Nueva zamba para mi tierra", de Litto Nebbia. Los versos que el músico rosarino escribió en el exilio cobran otro valor en la voz de quien reparte su tiempo entre Buenos Aires y Madrid. Al instante, la versión de "Garúa" (escrita por Aníbal Troilo y Enrique Cadícamo) esquiva los purismos: Wiedemer golpea las teclas graves del piano para hacerlo tronar, mientras Andrés dramatiza la voz del protagonista herido.

Andres Calamaro_Romaphonic Sessions

El repertorio se pone lo más rioplatense posible al cruzar el charco con la hermosísima versión de "Biromes y servilletas", de Leo Maslíah. El gesto no es sólo una suerte de reparación histórica para un músico que debería tener más reconocimiento del que debe, sino que además adquiere un involuntario tono autobiográfico a través de su letra, que describe las noblezas del oficio del poeta. "Milonga del trovador", de Piazzolla y Ferrer, refuerza esa idea, esta vez con el eje puesto en la vida del músico popular itinerante.

A la hora de repasar su propio cancionero, Calamaro brilla cuando asume el riesgo por sobre lo esperado. "Mi enfermedad", el primer hit de Los Rodríguez, se redefine como una balada desgarrada en la que la debilidad del narrador se puede palpar en su cantar quebradizo. Algo similar ocurre con "Paloma" que, aun despojada de su pared distorsionada, mantiene el mismo nivel de emotividad que eriza la piel. "Los aviones", en cambio, mantiene una estructura similar a la original, de Honestidad brutal, sin mayores riesgos. "Siete segundos" repite la fórmula, pero marca la diferencia al convertir su coda en "El día que me quieras", en donde la fragilidad de la primera parte cede ante la intensidad del tramo final.

Si bien Calamaro ya se había zambullido en el tango en El cantante y Tinta roja (ambos producidos por Javier Limón), la búsqueda de Romaphonic Sessions se rige por otras consignas. Lo que en esos discos era un intento de abordar la cultura rioplatense desde la herencia flamenca, ahora es un ejercicio de interpretación sin mayores compromisos. Sin el objetivo de alcanzar un estándar de calidad pulido y prolijo, el disco funciona como una hendidura en la pared del estudio, a través de la cual es posible conocer la intimidad del proceso creativo de dos músicos pasando revista de un cancionero sin mayores compromisos. El resultado final dista de ser pulido, tiene las imperfecciones a la vista, pero justamente ahí radica gran parte de su encanto.

8.1 10 7

Warner

Andrés Calamaro - "Romaphonic Sessions"

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