14/10/2017

Acorazado Potemkin – “Labios del río”

Un universo expandido entre la rabia y la poesía.

8.9 10 4

Oui Oui Records

Acorazado Potemkin – “Labios del río”

Puntaje de los lectores: (3 votos)

Con Mugre y Remolino, sus dos primeros trabajos, Acorazado Potemkin estableció un universo propio en el que el punk y el post punk se cruzaban con la melodía de arrabal, y las historias reverberaban en lo íntimo aunque se tratara de miradas a vidas ajenas. El trío impactó tanto por su vuelo creativo -poético y musical- como por la rabia y la profundidad de sus shows. Labios del río viene a reafirmar esa personalidad ya consolidada, pero a la vez expandirla en nuevos caminos, que van desde la incorporación de sonoridades que no habían aparecido hasta ahora en las canciones, hasta diferentes abordajes en la composición. De allí que el disco resulte movilizador, intenso, expansivo, atrapante y hasta abrumador.

Al revés de lo que decía Alfred Hitchcock sobre el cine, en las canciones de Acorazado Potemkin no hay rojo sino sangre. Y es sangre que fluye caliente por un cuerpo de obra brillante, bombeada por la inigualable base que forman el bajista Federico  Ghazarossian y el baterista Luciano “Lulo” Esain, dos raros casos de músicos en los que el virtuosismo y la técnica no resta enjundia sino que la multiplica hasta el paroxismo rockero. Sangre, pero también sudor y lágrimas, que salpican en la poética filosa y el tono tanguero del cantante y guitarrista Juan Pablo Fernández, quien estira los límites de su registro vocal desde los graves de “Flying Saucers” hasta el grito para lastimar la garganta en el final de “Mundo lego”.

Como sucedía en los dos discos anteriores del trío, el comienzo es apabullante: “El rosarino” va en quinta, con el bajo tan imaginativo como desbocado, mientras Fernández juega con las palabras (“Para vos siempre voy a ser el rosarino / y vos el monumento a la bardera”) en la descripción de una relación que no terminó de cuajar, pero que igual duele: “Inútil es quitar leña del fuego / lo que se quemó primero arderá su eternidad”, canta el ex Pequeña Orquesta Reincidentes. Lo contrario parece suceder en “Sopa de alambre”, donde la inminencia de un encuentro genera la ansiedad como de una “olla a presión, a punto de explotar” por “las ganas de empezar que es lo mejor“. En el medio, la guitarra con wah wah y una flauta enfebrecida se apoderan de “Flying Saucers” cada vez que el cantante y la invitada Mariana Päraway terminan las estrofas.

Acorazado Potemkin

La seguidilla de “Las cajas” y “Mundo lego” es directamente devastadora, con la separación como eje, pero desde dos puntos de vista diferentes: el de Fernández y el de la poeta Josefina Saffioti (la canción es el ensamble de tres de sus poemas). En la primera, sobre uno de esos ritmos marciales con los que Esaín remarca la oscuridad (como en “Los muertos”, de Mugre), el vocalista arranca con “Nunca sabré qué hacer con todo este dolor” y la cosa queda clara de entrada. Pero, por las dudas, reafirma con una frase letal: “Sabrás qué hacer con estas cajas que apilé / todas son de un mismo viaje / pesan igual que la otra vez, / pero no las puedo levantar“. Y cuando su guitarra queda reverberando sola, después de atravesar un puñado de vaivenes, la sensación de punto final es inexorable.

Fernández no cambia de género las líneas de Saffioti: “Soy de las que deja caminar / una cucaracha en la espalda / el raid no sirve para amar“, canta, y desde ese punto lo que parecían reflexiones más o menos dolorosas terminan en desgarro. Luego de hacer propia (y absolutamente post punk) “Dos de nosotros”, de Lennon y McCartney, Acorazado Potemkin navega las aguas del Paraná en “Santo Tomé”, una afiebrada historia de contrabando con “tiros al aire, tiros a la pared” y Prefectura que “entra a pedir su plata“. Palabras guaraníes y sentencias de sabiduría popular inventadas para la ocasión (“En la frontera se aprende a esperar“) marcan esta especie de suite punk orillera, con camalotes y Armando Bo mirando desde las alturas.

A continuación aparece una tanda de cuatro canciones compuestas por Ghazarossian (ex Don Cornelio y La Zona, Los Visitantes y Me Darás Mil Hijos), “interrumpida” apenas por “Semilla de piedra”, un cover de Lila Downs increíblemente metamorfoseado al sonido, la dinámica e incluso el universo poético del trío. “Humano” inaugura la serie con tono “pop”: piano y guitarra acústica le permiten a Fernández susurrar que “El calor que acaba en el sol, tembló“, antes de un crescendo que remite a R.E.M. “Haz de luz”, en cambio, tiene tatuado “Acorazado Potemkin” por todos lados, con sonido postpunk, una pared de ladrillos construida por el bajo y fraseo arrabalero del cantante duplicado por los coros agudos de Esain (que también toca en Valle de Muñecas y Motorama). El sello rabioso y oscuro de la banda reaparece en “Roto y descosido” (“Me encontré sin querer surfeando el cielo / y no volví a pisar más el suelo“), y se aligera en el recuento onírico con sabor a repaso vital de “Soñé”.

El final de Labios del río deja con la piel de gallina: “Hablar de vos” arranca con sonido ambiente de subte y los tres tonos del anuncio de llegada a una estación que encuentran eco en la guitarra, mientras la canción -una suerte de versión Potemkin de la psicodelia eléctrica de Spiritualized- empieza a construirse. Otra vez la batería marcial, un violín que carga el ambiente y un piano que remarca los trazos, y Fernández que dice que “todo parece igual“, pero no: junto a Mariano Fernández Bussy (ex Me Darás Mil Hijos), el cantante habla de Santiago, el hermano de ambos, que se suicidó a principios de año. O, más específicamente, de su recuerdo, del desconcierto tras su partida, de “otra forma de estar“, de compartir los sentimientos… “El tiempo es como yo / se cansa de contar / qué lejos me quedé / y hablar de vos“, cantan, y la banda ampliada lleva la elegía hasta el límite de las lágrimas. Que están ahí hasta que ambos repiten con dolor la frase “Qué lejos me quedé“, porque entonces no hay dique que pueda contenerlas.

8.9 10 4

Oui Oui Records

Acorazado Potemkin – “Labios del río”

Puntaje de los lectores: (3 votos)