28/07/2017

Arcade Fire - "Everything Now"

Los miedos y las culpas de una banda indie que aceptó las reglas de juego del mainstream.

Arcade Fire
6.6 10 18

Sony Music

Arcade Fire - "Everything Now"

Puntaje de los lectores: (17 votos)

Aunque pueda pasar inadvertido, cada disco de Arcade Fire encuentra su razón de ser en el mundo privado de sus integrantes. La melancolía barroca de Funeral, su debut del 2004, tuvo como punto de partida una serie de muertes y pérdidas que sufrieron los músicos mientras componían el álbum. Neon Bible, del 2007, era el reflejo de un grupo de canadienses emigrados a Estados Unidos tratando de entender el rol dominante de la TV, la guerra y la religión en su nuevo hogar. La infancia de Win y Will Butler (cantante y multi instrumentista, respectivamente) en una pequeña comunidad de Texas funcionó como motor creativo del premiado The Suburbs, y la reconfiguración rítmica de Reflektor fue el resultado de un viaje en el que los músicos acompañaron a la tecladista Régine Chassange a Haití, su país natal.

Con estos antecedentes, era difícil esperar que Everything Now, el quinto disco de Arcade Fire, careciese de algún tipo de marco explicatorio. Desde su formación en 2001 hasta el presente, la banda de Montreal pasó de ser una promesa indie que tuvo el visto bueno de David Bowie al momento de su primer disco a convertirse en un monstruo de masas capaz de tutearse con cualquier figura del mainstream, que se embarca en giras mundiales y encabeza festivales en cualquier latitud del planeta. Las 13 canciones del disco no son más que el reflejo de la fascinación, el asombro, las contradicciones y los miedos que les despertó a los propios músicos el contacto con ese mundo nuevo.

Y así como Roger Waters planteó The Wall como una obra circular en la que el final del último tema continuaba en el principio del primero, Arcade Fire hace lo mismo con dos piezas breves de casi idéntico nombre (“Everything Now (Continued)” y “Everything_Now (Continued)”), con una misma melodía y un mantra como denominadores comunes (“Podemos simular que volveremos a casa después de todo, ahora”). Acto seguido, la banda se mete de lleno en el tema que le da nombre al disco, que suena a la cruza improbable de ABBA y Talking Heads, mientras Butler parece cuestionar el exceso de información de los servicios de streaming (“Cada canción que alguna vez escuché / Está sonando al mismo tiempo, es absurdo”) y la necesidad de llenar el vacío existencial con bienes materiales (“Cada habitación de la casa está llena de mierda sin la que no puedo vivir”).

Arcade Fire

Foto: Sony Music / Gentileza

En “Signs of Life”, Arcade Fire cae en la tentación de su propia pomposidad al meter a presión una cita bíblica en un tema pensado para la pista de baile. El mal paso se evapora poco después con “Creature Comfort”, una especie de repaso de los males de la adolescencia (los conflictos con los padres, los cambios en el cuerpo, la búsqueda de la aprobación ajena), con un colchón de sintetizadores industriales sobre una melodía netamente pop para matizar el relato del intento de suicidio de una fan ("Ella sueña con su muerte todo el tiempo / Me contó que estuvo muy cerca, llenó la bañera y puso nuestro primer disco"). El drama de dejar la infancia atrás continúa en “Peter Pan”, un dancehall digital que retoma la fábula de James Barrie, con el temor a envejecer y aceptar las responsabilidades del mundo adulto como eje central, en un coqueteo con la música del Caribe que sale favorecido por su duración escueta. No puede decirse lo mismo sobre “Chemistry”, un intento de reggae roots que suena como hecho con un manual de instrucciones a mano.

En la mitad del disco, las dos partes de “Infinite Content” terminan de modelar el eje discursivo de Everything Now. Con una misma letra en común, ambos temas vuelven sobre  la necesidad de pagar para acceder a una cantidad de información capaz de ser digerida en una vida (“Toda tu plata ya está convertida en contenido infinito”), primero en clave punk y luego como un folk casi rural, sin que el cambio parezca forzado. Con un beat electropop bien presente, “Electric Blue” deja en claro cuánto margen tuvo en el disco Thomas Bangalter de Daft Punk en su rol de coproductor, mientras Régine canta en falsete sobre una base disco retrofuturista. En cambio, en “Good God Damn”, un soul despojado en el que el bajo timonea los climas, se entiende por qué Arcade Fire también sentó detrás de la consola a Steve Mackey, que supo hacerse cargo de las cuatro cuerdas en Pulp.

Después de tantos guiños a una euforia que por momentos parece ajena, “We Don’t Deserve Love” pone las cosas en su lugar poco antes de que el disco termine. Un ensamble de sintetizadores retro hace crecer un esbozo melódico mínimo, que termina por desembocar en un estribillo épico, de esos a los que Butler y compañía convirtieron en su propio estandarte. No es la primera vez que Arcade Fire se mide en las arenas mayores de la industria, pero sí que lo hace aceptando reglas de juego impuestas por otro (tener a varios productores en un mismo álbum y lanzarlo a través de una multinacional, para el caso). Gran parte de los planteos en Everything Now suena a culpa y quizá cuando la banda pueda hacer las paces consigo misma, todo sonará menos forzado y, en definitiva, más orgánico.

6.6 10 18

Sony Music

Arcade Fire - "Everything Now"

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